Personajes del año: La primera rectora en 151 años

Por su experiencia, Dolly Montoya se convirtió en la primera mujer en asumir el cargo más importante de la Universidad Nacional de Colombia. La paz y la ciencia son los temas que la desvelan.

Dolly Montoya fue una de las fundadoras del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional.Gustavo Torrijos - El Espectador

i antes tenía muy claro que había límites entre su trabajo y su casa, hoy está dedicada a la rectoría de la Universidad Nacional 24 horas, 7 días a la semana. La noche anterior a esta entrevista, por ejemplo, tuvo que reaccionar frente a hechos ocurridos como consecuencia de las manifestaciones programadas por varios sectores del país, entre ellos el estudiantil, de alguna manera su responsabilidad. Pareciera estar de acuerdo con sus demandas para la universidad pública. Cuando fue estudiante, muy activa por cierto, llegó a ser presidenta de la Unión Pereirana Estudiantil y lideró la “marcha del ladrillo”, no precisamente para tirarlo, sino para construir escuelas. Pero ahora es ella la que está en el lado de las directivas: apoya las exigencias, pero debe velar por la seguridad de la ciudad, de los estudiantes y de los vecinos. (Lea: ¿Quién es Dolly Montoya, la primera mujer en ser nombrada rectora de la U. Nacional?)

Dolly Montoya, la biotecnóloga que luego de ocupar varios cargos en la universidad -académicos y administrativos- y de haber creado el Instituto de Biotecnología en un momento en que pocos entendían de qué se trataba, fue elegida como rectora por presentar un programa sólido, bien estructurado, reflejo de 35 años de conocer hasta los más recónditos secretos del claustro, y por su hoja de vida, que incluye estudios en México, Estados Unidos, Alemania y Reino Unido.

El anuncio lo hizo el anterior rector, Ignacio Mantilla, como vocero del Consejo Superior Universitario, ¡por Twitter!, cuenta la primera mujer que ha conquistado la rectoría de la Universidad Nacional de Colombia, ya con 151 años de estar formando universitarios. Ese ha sido uno de los momentos más emocionantes de este año 2018, dice, porque sus contrincantes finalistas, cuatro en total, también tenían todas las cualidades para llegar a esta posición. Más aún, el día de su posesión tampoco lo olvida por un detalle que recuerda con inmensa gratitud: “En el auditorio León de Greiff, donde se acostumbra chiflar a todos los rectores, a mí me aplaudieron cuando entré; eso me sorprendió profundamente”. Con las notas de Stravinsky interpretadas por la Orquesta Sinfónica del Conservatorio de Música de la Nacho, ese día la nueva rectora prometió que las artes volverían a brillar en la universidad. “Ese fue un momento muy emocionante”. Desde entonces ha recibido reconocimientos de su ciudad, Pereira, del colegio donde estudió y de otras organizaciones, que exaltan su liderazgo femenino.

Dolly, ¿antes y después de la rectoría?

Desde ese 2 de mayo, día de su posesión, pocas veces ha llegado a su casa a descansar. Su cabeza sigue dando vueltas, pensando en los estudiantes que luchan por la educación, pero también en los infiltrados que tienen otros intereses y afectan el orden público; en la nómina docente que, dice, está congelada desde hace 30 años; en promover la investigación científica y formar ciudadanos éticamente responsables y con sentido social. “Desde hace 20 años queremos tener una universidad que aprende -profesores, estudiantes y comunidad- para lograr realmente que podamos desarrollarnos como país; una universidad que forme para el ser y no para el tener. Queremos formar ciudadanos íntegros, éticos, agentes de transformación ética, con conciencia”. Y esta es su oportunidad. (Puede leer: Dolly Montoya: "No se debe vivir en la línea del confort porque en ella no crece nadie")

La paz es otro de los temas que la desvelan. “Es contradictorio que hemos luchado tanto por la paz y ahora en el campus otra vez se presenta violencia. No queremos eso”, dice con cierta impotencia. Pero es luchadora, y menciona la innovación social y la innovación tecnológica como elementos que pueden mejorar la calidad de vida y aportar a la consecución de la paz.

Durante los últimos meses se ha unido a otros rectores de universidades públicas para mejorar los recursos asignados a estas entidades. Ha sido un trabajo duro, reconoce, pero han logrado avances: rectores y estudiantes unidos por un lado, y el Gobierno de Iván Duque con la promesa de subir cada año de su mandato el presupuesto. “Es la suma de todos los aportes, lograr un diálogo para que este país pueda tejer de nuevo todo su tejido social y construir la paz”.

Pero sigue siendo la misma, al menos como persona. “Sigo considerando que lo más importante en mi vida es la familia. Soy la misma, pero voy a tener muchísima más experiencia y aprendizajes”, dice, refiriéndose al momento en que sea reemplazada por otro rector. Su período terminará en 2021, pero puede ser reelegida.

Lo que sí le ha tocado hacer ahora con más juicio es meditar media hora en la mañana y media en la noche. “Esto es como un ciclón”, confiesa, “y va arrastrando unas consecuencias que no son las que queremos, pero si te metes adentro te mueres, tienes que estarlas observando permanentemente, sin parar, para poder tomar decisiones claras”. Respirar profundo, desprenderse de lo que ha sucedido durante el día, desocupar la mente para poder llenarla luego solo con lo importante, es un ejercicio que debe hacer permanentemente. “Esto lo que requiere es madurez emocional”. (Lea también: Las propuestas Dolly Montoya, candidata a la rectoría de la Universidad Nacional)

Montoya duró dos meses en campaña, durante los cuales lideró 35 foros socializando su programa en cada una de las nueve sedes de la universidad. Antes era conocida y reconocida en la comunidad científica y académica. Hoy la perseguimos los medios. “A mí me divierte”, dice, un poco con timidez, porque ahora sí la conocen más colombianos. “Les agradezco, es muy honorífico. A mí me llegó en el momento en que tengo el ego en mi justa dimensión. Sin la universidad no sería la Dolly que soy hoy”.