Pisa, un llamado de atención

Colombia ocupó el último puesto en las pruebas Pisa, que evaluaron la capacidad de los jóvenes de 15 años para resolver problemas de la vida cotidiana. ¿Y ahora qué hacemos?

Tan sólo el 1,2% de los colombianos logró responder los problemas más difíciles de la prueba Pisa. / Archivo - El Espectador

Los resultados de las pruebas Pisa, difundidos esta semana, le abren el camino a la educación y a la equidad en Colombia. Ese último lugar llega para no dejarnos olvidar que la educación debe ser la prioridad del país.

Nada de lo dicho esta semana nos sorprende. Estudiantes que puntúan bajo en lenguaje y matemáticas no pueden obtener buenos resultados en una prueba de resolución de problemas que requiere conceptos matemáticos y geométricos específicos, comprensión lectora, capacidad de análisis y aplicación de los conocimientos. Tenemos un sistema de enseñanza-aprendizaje en el que no se transmiten los conceptos suficientes ni la capacidad de aplicarlos a la vida cotidiana.

Esta es la razón del último puesto. Nada tiene que ver la contextualización de las pruebas. Estas son válidas y nos están diciendo que no tenemos la capacidad de convertir los conocimientos en acciones prácticas. Nos demuestran que los estudiantes colombianos no saben para qué les sirve lo que aprenden.

Las pruebas cuentan quiénes sí saben: Singapur y Corea del Sur, países que le dan la mayor importancia a la calidad docente. Un reciente estudio de la Fundación Compartir y la U. de los Andes, U. del Rosario y U. de California (“Tras la excelencia docente. Cómo mejorar la calidad de la educación para todos los colombianos”) analizó la política educativa de estos y otros países como Finlandia y Canadá (Ontario) y con base en lo que encontró propuso una ruta para lograr que en Colombia los maestros sean aquellos estudiantes que fueron los mejores bachilleres del país, que asistieron a facultades de educación de excelente calidad y que lo siguen haciendo para cualificar permanentemente su formación.

El estudio resaltó la importancia de que los docentes reciban retroalimentación sistemática, permanente y de múltiples fuentes sobre su práctica pedagógica para poder ser premiados por sus logros y superar sus debilidades. Y, finalmente, planteó la necesidad de que los maestros sean remunerados de manera competitiva y que sean valorados y respetados por toda la sociedad.

Cuando Colombia decida volver la educación una prioridad nacional y decida ejecutar una ruta de mejoramiento de la calidad como la propuesta por la Fundación Compartir, podrá esperar contar con unos maestros que guíen a los estudiantes en el porqué y para qué aprender y, por lo tanto, podrá esperar mejores resultados en las pruebas.

Este será un camino largo que debe empezar hoy. No puede esperar más. Los resultados de las pruebas nos obligan a tomar las decisiones aplazadas por tantos años. Necesitamos empezar a construir una educación de calidad para todos y obtener en el futuro mejores resultados y, sobre todo, para acabar con la inequidad de Colombia.

La ruta planteada por Compartir ha sido reconocida como una fórmula viable por varios sectores de la sociedad y varios candidatos a la Presidencia la han incluido en sus propuestas programáticas. El presidente Santos, en el foro “Estrategias para la excelencia educativa: el camino para el desarrollo y la equidad”, organizado por la Fundación Compartir, se comprometió públicamente a convertir a Colombia en la más educada de América Latina en 2025.

El presidente de la Fundación Compartir, Pedro Gómez Barrero, nombró al presidente Santos y a varias personalidades del país como “Equivalientes” por comprometerse a trabajar por la educación como la herramienta más eficaz para acabar con la inequidad.

La Fundación Compartir invita a todos los colombianos a convertirse también en “Equivalientes. Los resultados desalentadores de las pruebas lo exigen.

 

 

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* Gerente de educación de la Fundación Compartir