¿Por qué importa la neurociencia en Colombia?

Del 26 al 28 de abril se realizará en Bogotá el Congreso Nacional de Neurociencias.

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A la incipiente investigación científica que hay en Colombia se suman los constantes recortes que esta área sufre año tras año, pese a que la educación, la innovación y la tecnología han sido anunciados como banderas de gobierno.

En 2016 el presupuesto para ciencia y tecnología alcanzó los 286 mil millones de pesos, luego de que en 2014 fuera de 414 mil millones. Esto no significa ni el 1% del PIB nacional y está muy por debajo del 2% que los países miembros de la OCDE invierten en este rubro.

Pese a este desalentador panorama de la ciencia en el país, los científicos nacionales siguen apostándole a la investigación científica propia y de calidad. Uno de estos ejemplos es el Colegio Colombiano de Neurociencias (COLNE) que organiza este año el XI Congreso Nacional de Neurociencias.

Pero en un país donde los temas políticos, la economía y constantes luchas por justicia de diferentes poblaciones y comunidades, y los atroces casos de corrupción acaparan el foco de atención de los ciudadanos ¿por qué importa la investigación en neurociencias? Lea también: ¿Quién es Dolly Montoya, la primera mujer en ser nombrada rectora de la U. Nacional?

“Comprender el mundo del cerebro y todas sus interacciones es el gran reto de la neurociencia, esto es muy relevante y pertinente para los desarrollos de la ciencia básica y aplicada porque permite cada día dar más explicaciones y soluciones a problemas de la humanidad”, asegura Jorge Martínez, director del Laboratorio Interdisciplinar de Ciencias y Procesos Humanos de la Universidad Externado de Colombia, quienes son los anfitriones del Congreso este año.

"Tanto a nivel internacional como en Colombia, la investigación en neurociencias ha tomado bastante importancia ya que aporta al entendimiento del comportamiento humano como individuo y como ser social, esto está permitiendo desarrollar conocimientos desde la neurociencia básica y la neurociencia aplicada que contribuye a campos como la medicina, la psicología, la psiquiatría, la ingeniería, la sociología, la antropología y muchos más objetos y campos de estudio que buscan la comprensión del sentido de lo humano y las dinámicas sociales”, agrega Martínez.

Pese al desconocimiento de la investigación científica y el desinterés creciente de los gobiernos de turno, la investigación en varios campos de las neurociencias se ha incrementado en el país.

“Por ejemplo, en el COLNE ,que tiene como propósito fundamental fomentar la investigación e integración de los investigadores colombianos en el campo de las neurociencias, están asociados varios de estos grupos de investigación que pertenecen a diferentes universidades del país y trabajan en diversos campos de esta disciplina. En este sentido, cada dos años en el Congreso y el Seminario Internacional de Neurociencias se socializa y proyecta el desarrollo y el alto nivel científico de los estudios neurocientíficos de los investigadores colombianos, y adicionalmente es una ventana para el intercambio con latinoamérica y el mundo”, asegura el investigador Martínez.

Las respuestas que desde las neurociencias se empiezan a dar sobre incluso temas que atraviesan los ámbitos políticos empiezan a ser relevantes y tener claras consecuencias reales. En  2014, por ejemplo, un estudio publicado en el Boletín del Instituto Científico de Ciencias de la Salud de México estudió la corrupción desde un punto de vista neuropsiquiátrico. Le puede interesar: Abierta convocatoria para becas de posgrado Fulbright

Los investigadores estudiaron la neurobiología de la corrupción mediante la medición de las respuestas del organismo ante situaciones que impliquen una acto de corrupción, como la conductancia de la piel, la manera como se modifica la visión, y las conexiones cerebrales que se hacen.

A nivel neurobiológico, explica el estudio, cualquier modificación estructural o funcional tendrá consecuencias fisiológicas “manifestadas por conductas como alteración en la respuesta ante amenazas, pensamientos de desconfianza, temor hacia el estímulo amenazante o estímulo agresivo, inhibición de culpa, incentivos gratificantes o placenteros que van en contra de la moral, frialdad afectiva, baja responsividad fisiológica, una afectación de la capacidad para regular la conducta corrupta innata que todos poseemos, evitar sentir tristeza, culpa ante las consecuencias perjudiciales para los demás, sea cual sea el nivel alterado, aún si la alteración estructural está en el inicio de estas conexiones o al final de estas”.

“En un país como el nuestro, con las dinámicas sociales y culturales que tenemos y el momento histórico que estamos viviendo del posconflicto, es fundamental aportar desde la académica información que ayude a plantear nuevas políticas públicas que nos permitan mejorar la calidad de vida y lograr una sociedad con más equidad social”, explica el biólogo Martínez.

La investigación científica empieza así a salirse de los estrechas paredes de la academia y empieza a tener una interacción real con la sociedad donde esta se germina. Por esta razón, el Congreso de este año trae investigadores nacionales e internacionales reconocidos en diversas areas de las neurociencias, que investigan temas en distintos campos desde la neurobiología celular y molecular, pasando por neurodegeneración, la electrofisiología de sistemas, neuroanatomía, neuroendocrinología, hasta la neurociencia social.

El XI Congreso Nacional de Neurociencias tendrá lugar en Bogotá en la Universidad Externado de Colombia entre el 26 y el 28 de abril.