Rectores y Mineducación responden
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¿Por qué los jóvenes están dejando de ir a la universidad?

En los dos últimos años se perdieron 17.000 cupos en las universidades privadas. Es como si hubiera desaparecido una universidad del tamaño de EAFIT. ¿Qué está pasando? Las hipótesis apuntan a tres fenómenos: cambio demográfico, transformación cultural y crisis económica.

En 2016 se matricularon 152.496 estudiantes. En 2017 la cifra bajó a 147.873 y en 2018 hasta 134.608. / Archivo - El Espectador

La semana pasada, el Ministerio de Educación publicó los datos de las matrículas de 2018 en universidades e instituciones técnicas y tecnológicas de todo el país. En general, no es un informe que le interese a mucha gente más allá de algunos expertos. Pero esta vez fue distinto. Esta vez, rectores, directivos y analistas estaban muy pendientes de los resultados por una razón: querían confirmar qué tan grave es el fenómeno de desocupación de las universidades que comenzó a sentirse hace aproximadamente tres años.

Los resultados confirmaron sus miedos. La educación superior en Colombia está pasando por un momento difícil. En los últimos dos años ha habido una disminución significativa en el número de estudiantes matriculados en primer semestre y no se sabe con certeza cuáles son los motivos que han causado este problema ni las posibles alternativas para resolverlo.

Los datos de 2017 del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SNIES) muestran que en los dos semestres de ese año se matricularon 912.468 estudiantes primíparos en todas las modalidades de educación superior: técnica, tecnóloga, tecnológica, profesional; en pregrado o en posgrado; en instituciones públicas o privadas. Un año antes, en 2016, se habían matriculado 952.988 jóvenes. Una reducción de 40.520 estudiantes en solo un año. Cuarenta mil estudiantes es el equivalente de la población de la Universidad de Antioquia.

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La información de 2018 confirmó que la tendencia a la baja no solo se mantuvo sino que se agudizó. El SNIES reveló que en total hubo 813.217 estudiantes matriculados por primera vez ese año, incluyendo los dos semestres lectivos. Es decir, 99.251 menos que en 2017 y 139.771 menos que en 2016. Esta caída significativa, que ha prendido de nuevo las alertas en la comunidad universitaria, se dio principalmente en dos sectores de la educación superior: el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) y las instituciones privadas.

En el Sena se presentó una reducción importante del número de estudiantes atendidos: casi 36.000 menos entre 2017 y 2018. En las matrículas para pregrado en universidades privadas pasó algo similar, pero a menor escala. En 2016 se matricularon 152.496 estudiantes. En 2017 la cifra bajó a 147.873 y en 2018 volvió a bajar a 134.608 estudiantes. Hubo, entonces, 17.000 alumnos menos matriculados en universidades privadas en tan solo dos años. Algo así como si hubieran desaparecido la Universidad Militar Nueva Granada o la Universidad Tecnológica de Pereira.

Esta caída revierte la tendencia creciente en las matrículas que venía desde 2005 y que permitió pasar de un nivel de cobertura del 27 al 51 %, en el período 2013-2017, según cifras del Ministerio de Educación. Además agrava el hecho —insólito— de que solo el 22 % de las personas en Colombia entre 25 y 64 años tengan un título universitario, un porcentaje muy inferior al promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que es de 38%.

¿Qué ocurrió entonces entre 2016 y 2018 para que los estudiantes matriculados en primeros semestres no solo dejaran de aumentar sino que empezaran a caer? ¿Por qué este fenómeno está afectando más a las universidades privadas que a las públicas? ¿Es una tendencia irreversible?

Para resolver estos interrogantes hablamos con el Ministerio de Educación, algunos rectores y un par de expertos que coinciden en que son tres las posibles causas de este problema: cambio demográfico, transformación cultural y crisis económica.

¿Hay menos jóvenes en edad de entrar a la universidad?

“La tendencia de los últimos dos años es reflejo de una reducción en la demanda de educación superior. El cambio demográfico es una de las principales variables asociadas a este fenómeno. Las proyecciones de población del Censo de 2005 mostraban para los últimos años una tendencia decreciente de la población entre 17 y 21 años y los datos del Censo de 2018 confirman dicha tendencia”, dice el viceministro de Educación Superior, Luis Fernando Pérez.

Meses antes de la publicación de los datos de matrículas, el director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Juan Daniel Oviedo, presentó los resultados del censo de 2018 y aseguró que en Colombia había menos población joven de la que se creía.

“El envejecimiento es uno de los fenómenos más importantes que se observan en esta medición. Hay cambios sustanciales. Se subestimaron los datos de la población joven y de la población adulta mayor”, dijo en ese momento el director del DANE.

Sin embargo, si se miran con atención las cifras del DANE, se ve que la caída de la población joven se da, sobre todo, en los niños menores de cinco años y no en la posible población de educación superior, catalogada por el DANE entre 18 y 26 años. Antes del censo se creía que esta población era del 15,5 %, pero al final llegó al 16 %.

(Lea: El problema no es solo plata: 42 % de los universitarios deserta)

Según esos datos, en Colombia hay 7’721.359 jóvenes en edad de estar estudiando en algún tipo de educación superior, pero la cobertura en 2018 solo alcanzó el 52 %, según reveló el Mineducación. En ese sentido, la hipótesis del cambio demográfico para explicar el bajón en las matrículas pierde validez.

Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes, insiste en que este aspecto no tiene mucho que ver con la disminución del número de estudiantes matriculados en universidades privadas. “En esta discusión, el factor demográfico no parece ser preponderante. En la universidad hicimos un estudio que muestra cuántos estudiantes presentaron las Pruebas Saber 11 en los últimos años y el número no ha disminuido significativamente”, dice Gaviria.

¿La universidad ya no garantiza ascenso social?

Para Gaviria, la razón de este fenómeno, que no ha tocado con tanta fuerza a la Universidad de los Andes como a la U. Javeriana, U. del Rosario, Externado, entre otras, tiene que ver más con que los posibles estudiantes están encontrando alternativas mejores en costo-beneficio por fuera de las universidades. “Hay personas que toman un curso de programación de seis meses y consiguen un trabajo con un sueldo de $1’500.000. Hay otras que estudian un pregrado de cinco años y siguen desempleadas. En últimas, ahora hay nuevas formas de insertarse en el mercado laboral distintas al diploma universitario”, dice.

Las cifras de un estudio reciente del DANE refuerzan esta teoría. “De 284.518 personas graduadas en formación superior en 2015, 217.606 se vincularon laboralmente durante 2016. Es decir, 66.912 no encontraron trabajo en el primer año después de terminar sus estudios, casi un 25 % en la tasa de desempleo. El promedio de los sueldos, además, es muy bajo. Para una persona con un título técnico, el salario aproximado en 2016 fue de $1’063.692, para un tecnólogo de $1’156.948, y para un profesional de $1’796.880”.

El rector de la Universidad del Rosario, Alejandro Cheyne García, insiste en esta hipótesis: “Para muchos jóvenes que han nacido a principios del siglo XXI y que ahora se están incorporando a la universidad, tener un título universitario ya no es garantía de un trabajo decente. Los jóvenes realmente están buscando nuevos escenarios de formación con mayor pertinencia a nuestra realidad”.

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En esos nuevos escenarios están sin duda la educación virtual y a distancia y los cursos de plataformas como EDx, la plataforma virtual de Harvard y el MIT, y las clases de Cursera, un espacio en la web que ha educado en cursos cortos a más un millón de colombianos.

Carlos Hernando Forero, director de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), explica que la “disminución de estudiantes que pasan de la educación media a la superior tiene que ver con las microcertificaciones como alternativa rápida de reconocimiento de habilidades y la oferta nacional y extranjera de programas virtuales sobre plataformas gratuitas o de bajo costo”.

Una encuesta contratada por la Universidad Minuto de Dios hace dos meses reveló que el 85 % de los 10.000 participantes tiene acceso a internet y solo el 18 % no tiene equipo electrónico. “Al 55 % de los encuestados les gustaría realizar estudios superiores a través de internet. De ellos, el 68 % lo haría porque puede adaptar el horario a su disponibilidad de tiempo y un 38 % es menos costoso”.

De hecho, el viceministro de Educación reconoció el crecimiento sostenido de la matrícula de modalidad virtual en los últimos años: “Para 2018 representó poco más de 200.000 estudiantes y que da cuenta del interés de los jóvenes por la virtualidad”.

¿No hay plata para entrar a la universidad?

En los últimos años, la crisis económica general que ha padecido Colombia se juntó con el aumento real en el costo de las matrículas de muchas universidades privadas. Esa es la hipótesis que defiende Alejandro Gaviria. “Los ingresos de las familias han disminuido, pero los costos de la universidad siguen creciendo. Por eso, para el próximo año en los Andes no va a aumentar la matrícula en términos reales. Queremos que esta decisión sea un punto de quiebre frente al pasado y permita que más personas accedan a la universidad”.

Esta situación es un cuello de botella que no parece tener una solución pronta: “Los costos de la matrícula superan las capacidades de endeudamiento de las familias”, dice el director de Ascun, Carlos Forero.

Durante el más reciente Congreso Nacional de Pequeñas y Medianas Empresas, la ministra de Trabajo, Alicia Arango, reveló que el 44 % de los trabajadores colombianos ganan menos de un salario mínimo y ni siquiera tienen derecho a prestaciones laborales.

“Las cifras recientes sobre el ingreso familiar de los colombianos señalan que en los primeros nueve deciles el ingreso mensual de las familias es menor de cinco millones de pesos, mientras que una matrícula promedio en una institución de educación superior (IES) de mediano tamaño, no acreditada pero de buena calidad, está en el orden de los cuatro millones”, escribió hace unos meses el experto en educación Francisco Cajiao en una columna en Razón Pública. Su texto terminó con una frase lapidaria: “Eso significa que nueve décimas partes de las familias colombianas tendrían que dejar de pagar arriendo, servicios y gastos básicos durante dos meses al año durante mínimo cuatro años para conseguir un título profesional”.

La desaceleración de la economía y las altas tasas de desempleo también pueden haber influido en la reducción de las matrículas. Alejandro Chayne, rector del Rosario, afirma que el modesto crecimiento económico de Colombia (1,8 % en 2017, 2,7 % 2018 y una perspectiva todavía incierta de 3,0 % para 2019) ha impedido que las familias matriculen a los jóvenes en la universidad.

(Puede leer: ¿Qué piensan los líderes de la educación superior sobre las marchas en Colombia?)

La encuesta de la Minuto de Dios reveló, además, que el 53 % de las familias tienen menos de un millón de pesos disponible para pagar un semestre de estudio, el 35 % tiene entre uno y tres millones y el 3 % entre tres y cinco millones. “Del total de la muestra, el 79 % requiere de algún tipo de financiación”, informa la encuesta.

A todos estos datos habría que sumar la triste certeza de que en 2018 se inscribieron 2’050.616 estudiantes para alguna modalidad de educación superior, fueron admitidos 1’016.920 y se matricularon solo 813.217.

Este dato descarta que el cambio demográfico sea el responsable de la caída en las matrículas, cuestiona la posibilidad de que la disminución se deba a una transformación cultural y reafirma la hipótesis de la crisis económica. El profesor Cajiao afirma que, al indagar por aquellos estudiantes que no se matriculan, más del 65 % señaló que su restricción final es económica.

De hecho, en una columna reciente, el ex rector de la Universidad Nacional, Ignacio Mantilla, afirmó que en el último examen de admisión, esta institución tuvo que rechazar a 56. 000 jóvenes aspirantes. ¿Qué pasará con ellos?

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