¿Publicar o perecer?

La ciencia en Colombia y en el mundo se mide principalmente por el número de publicaciones. La misma comunidad científica ha comenzado a cuestionar este método.

El 44 por ciento del total de la publicación científica del país corresponde a salud. / FLICKR - LIANA AN, ROBERT CUDMORE

He sido testigo del trabajo que les cuesta a los científicos publicar en revistas indexadas de alto nivel, pero también he conocido casos en los que el criterio para incluir a un autor es diferente entre disciplinas; además, he presenciado debates sobre cuál investigador debe encabezar la lista de autores de los artículos científicos, algunos de ellos con cientos de nombres provenientes de múltiples países.

Hoy en día la ciencia no la produce individualmente un científico. Es un trabajo en grupo —no es casualidad que la comunidad científica colombiana esté consolidada por grupos de investigación— en el que además se incluye a especialistas de diferentes disciplinas. ¿Cuál aportó más? En ocasiones ni siquiera es el jefe del grupo; y así van surgiendo los jóvenes investigadores.

También he escuchado a investigadores del campo biomédico decir que se les debería medir más por el impacto social de su investigación que por lo que publican nacional o internacionalmente; algunos prefieren invertir su tiempo en explicarle a la comunidad que vive a orillas de un río contaminado con mercurio el peligro al que está expuesta, y a los políticos la necesidad de solucionar ese problema.

Pero la ciencia en Colombia y en el mundo se mide principalmente por las publicaciones, lo cual ya la misma comunidad científica ha empezado a cuestionar. ¿Publicar o perecer? Basta con leer The Economist (octubre 19), que dedica su portada a la veracidad de las publicaciones científicas y dice que hoy en día los científicos están confiando demasiado en los resultados y verificando poco.

La publicación tiene demasiado peso en la medición de la calidad y la productividad de un científico. Juan Manuel Anaya, médico reumatólogo y uno de los científicos colombianos que más publican —Colciencias dice que son 110 sus artículos—, me envía su listado de acuerdo con la base de datos PubMed: “Notarás que no son 110, sino 210, y esto poco importa. Si mencionara resúmenes, conferencias y capítulos, el número aumentaría, pero la importancia de mi trabajo seguiría siendo la misma”.

Anaya, director del Centro de Estudio de Enfermedades Autoinmunes de la Universidad del Rosario, ha publicado nueve artículos por año —la directora de Colciencias dice que en promedio un científico debe publicar 10—. Pero ni la ciencia ni la producción científica se promedian, le dijo Anaya a El Espectador. “La ciencia es intemporal, es un proyecto de vida, un hilo conductor para responder una gran pregunta”.

De todas maneras, la publicación en el área médica no es comparable con la producción científica de otras ciencias. “El 44 por ciento del total de la publicación científica del país corresponde a salud”, de acuerdo con un estudio de la Universidad del Rosario, en el que los autores revisaron la publicación científica del país entre los años 1975 a 2005, según la base de datos Web of Science Citation Index.

Aquellos científicos que trabajan con estudiantes de doctorado, posdoctorado y maestría podrían tener una tasa promedio de publicación anual alta, como es el caso del inmunólogo Manuel Elkin Patarroyo, por ejemplo, que entre 2009 y 2011 publicó un promedio anual de 12 artículos en revistas indexadas, de acuerdo con el Web of Science. “Sin embargo, estos promedios serán muy diferentes para un sociólogo, un historiador y un economista”, explica Diana Lucio, investigadora del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología.

¿Sólo la publicación científica cuenta?

En el reciente IX Congreso Iberoamericano de Indicadores de Ciencia y Tecnología (oct. 9-11), Lucio proponía “empezar a considerar otro tipo de producción científica y de ofrecer criterios claros para su estandarización, medición y eventual evaluación”, y daba como ejemplo los productos de software.

Pero hay más. El grupo de Física Aplicada y Desarrollo Tecnológico del Centro Internacional de Física (CIF) se dedica a producir desarrollos tecnológicos, no a publicar, por lo que le ha sido difícil acceder a recursos de Colciencias. Equipos que corrigen el ‘encocado’ del cartón corrugado en el proceso de fabricación, que miden el fraguado del concreto mediante energía ultrasónica o el que monitorea la calidad de la energía eléctrica que llega a nuestras casas.

Y ahora que se habla de innovación, y de la innovación social, me pregunto si salvar a la población de una amenaza identificada como resultado de una investigación científica no podría tener un peso significativo en la medición y el impacto de los productos de los investigadores e innovadores. O si la recién galardonada socióloga y educadora Vicky Colbert no es un ejemplo de innovación educativa y de creatividad al transformar la educación rural con su sistema de Escuela Nueva, pero además, y como un impacto secundario, generar un mayor nivel de participación y solidaridad entre la comunidad cercana al proyecto.

Podría uno proponer apretar los estándares para la publicación y aflojar en el reconocimiento de otras formas de producir ciencia.

 

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