Salud mental, fundamento del bienestar colectivo

Expertos de la Maestría en Salud Mental Comunitaria de la Universidad El Bosque aseguran que esta condición se refiere al cruce entre aspectos biológicos, sociales y culturales presentes en la cotidianidad de las personas.

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El destino de una familia, una empresa, una organización e incluso el de un país está directamente relacionado con la salud mental de sus integrantes. Su capacidad para relacionarse con los demás en cada momento de su vida, al igual que la ejecución de políticas estatales que promuevan una óptima convivencia, repercuten desde lo mini hasta lo macro, desde el ciudadano hasta la comunidad a la que pertenece.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la salud mental “es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y puede hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad. En este sentido, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad”.

De la sociedad al individuo

La salud mental es un término que se compone de varios aspectos presentes en la cotidianidad y cuya sumatoria genera, o impide, un estado de bienestar que se traduce en la ausencia de enfermedades o trastornos. “La salud mental supone un cruce entre aspectos biológicos, sociales y culturales”, asegura el doctor Hugo Cárdenas, decano de la facultad de medicina de la Universidad El Bosque.

Al tratarse de un estado personal que depende de los acontecimientos del exterior, la primera instancia en donde esta debe hacerse presente es el lenguaje, asegura Cárdenas. “Parte de la salud mental es que yo pueda aprender a hablar y a dominar el lenguaje en el idioma que sea, pero además que lo pueda utilizar para comunicarme, informar y, sobre todo, para tener una convivencia saludable y bienestar”. A esto se suma la ciudadanía, la cual, asegura el especialista, se define como “la posibilidad de convivir con otros, de poder tramitar mis intereses personales y negociarlos con intereses personales de otros”.

De igual forma, gran parte del desarrollo de una salud mental recae directamente en las instituciones sociales. Estas crean una atmósfera de protección de los derechos, mientras estimulan el cumplimiento de los deberes de los ciudadanos. “Si las instituciones no cumplen su función social, si no resuelven problemas o no atienden cercanamente a los ciudadanos, no hay forma de lograr una adecuada convivencia social”.

Salud mental en Colombia

Más de cincuenta años de conflicto armado interno hacen que la promoción de la salud mental en Colombia sea una necesidad fundamental. Las cifras de violencia de todo tipo (homicidios, secuestros, suicidios, violaciones, etc.) que se presentan en el país revelan que este bienestar no se ha hecho presente en casi ninguna región, a la vez que sirven como un llamado de advertencia para la búsqueda de profesionales que, con visión integral, generen políticas, planes, programas, proyectos e investigaciones multidisciplinarias; capaces de mejorar las condiciones de la salud mental de la población y su calidad de vida.

Los episodios de violencia que se han presenciado en el país han llevado a las administraciones gubernamentales a buscar soluciones y asistencia para las víctimas del conflicto. Una de las que mayor trascendencia ha tenido es la Ley 1448 de 2011, más conocida como la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, en donde el Estado reconoce la existencia del conflicto armado en Colombia y, a su vez, la creación de una institucionalidad que atienda, asista y repare a las víctimas.

“Esa institucionalidad es liderada por la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas y también hacen parte de ese marco de acción todos los ministerios y departamentos administrativos en el país. La ley es un hito, porque dentro de las medidas de reparación incluye acciones relacionadas con la verdad, la satisfacción y la rehabilitación, donde juega un papel central el sector salud”, afirma Adriana González, docente de la Maestría en Salud Mental Comunitaria de la Universidad El Bosque.

Esta misma ley le da competencias al sector salud para que brinde asistencia a las víctimas, promoviendo procesos de rehabilitación en el marco de la mitigación de los impactos que los hechos violentos hayan generado sobre la salud física y mental de estas personas. Así mismo, ha generado un reto en sectores como el educativo, que debe facilitar, cuenta la docente, “que los estudiantes de todas las áreas piensen y comprendan críticamente el conflicto armado y el posconflicto desde el lugar de la ciudadanía. Desde las ciencias de la salud, la tarea está en investigar y analizar los impactos físicos y mentales que ha dejado el conflicto armado”.

En la tarde del 26 de septiembre de 2016 se escribió un importante capítulo en la historia del país. Ese día los representantes del Gobierno colombiano y las Farc firmaron un Acuerdo de Paz que generó diversos cambios sociales, políticos y económicos. La firma traería consigo un periodo de posconflicto, aún vigente, donde se presenta una etapa de integración entre víctimas, victimarios y población civil, dentro de un ambiente de integración e igualdad.

Es por esto que la salud mental debe ser un aspecto a tener en cuenta desde la academia hasta las ramas más altas del poder, pues en una optimización de este bienestar se encuentra la clave para la formación de un país con mayores proyecciones y calidad de vida de sus habitantes.

 

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