¿Pilo con pilo, rico con rico?

“Ser Pilo Paga está rompiendo prejuicios”: María José Álvarez Rivadulla

La directora de la maestría de Sociología de la U. de los Andes se dio a la tarea de estudiar cómo se están desarrollando las relaciones entre los estudiantes becados y sus compañeros.

María José Álvarez Rivadulla, directora de la maestría en Sociología de la Universidad de los Andes. / Cortesía

María José Álvarez Rivadulla ha dedicado casi toda su carrera como socióloga a estudiar la desigualdad en Latinoamérica. Cuando se creó el programa Ser Pilo Paga, entendió al instante que era un interesante experimento social sobre las interacciones de personas de distintos niveles socioeconómicos, al que no le podía perder la pista.

María José dirige la maestría en Sociología en la Universidad de los Andes. Es doctora en Sociología por la U. de Pittsburgh y se graduó como socióloga en la U. de la República en Uruguay, su país de origen. Su interés por entender las barreras sociales en Latinoamérica la ha llevado a estudiar la segregación residencial, el clientelismo, los cables aéreos como intervenciones innovadoras para la pobreza urbana, las viviendas de interés social, entre otras.

Después de llevar a cabo entrevistas con alumnos de una universidad colombiana, plasmó sus conclusiones sobre el programa Ser Pilo Paga en un trabajo que tituló “¿Los becados con los becados y los ricos con los ricos? Interacciones entre clases sociales distintas en una universidad de élite”.

¿Por qué decidió investigar este tema?

Siempre he trabajado temas de desigualdad enfocándome más en lo urbano pero tengo una línea reciente de investigación hacia el clasismo y la desigualdad en América Latina. Pretende ir más allá de diagnosticar objetivamente el problema y más bien entender de qué forma las personas conviven y experimentan la desigualdad. Ser Pilo Paga permite observar algo que rara vez ocurre en América Latina: interacciones entre clases sociales diferentes en condiciones de relativa equidad.

¿Cómo fue la investigación?

Para entender cómo la desigualdad es experimentada por las personas, es muy importante meterse con métodos cualitativos. Entrevisté a becados, a los que pagan matrícula, a los que se endeudan y a los que reciben otras becas. Fueron entrevistas largas, de casi dos horas, en las que los chicos se explayaban sobre sus interacciones, percepciones e historias de vida.

Primero aclárenos ese concepto del “apartheid educativo”.

Ese concepto es de Mauricio García, de la U. Nacional. No solo existe una desigualdad educativa medida en años de educación, sino una desigualdad en términos de calidad. Es cierto que cada vez hay mas gente que va a la universidad, pero muchos tienen cartones que no valen tanto en el mercado laboral porque hay gran variedad de instituciones. Lo excepcional de Ser Pilo Paga es que rompe con ese apartheid educativo.

¿Cómo cambiaron sus ideas sobre el programa?

Pensé que los chicos tenían más conciencia de la desigualdad. Me doy cuenta de que es en la interacción con personas que tienen más o menos recursos cuando dimensionan la desigualdad. En una entrevista, una chica me decía que descubrió que la sala de la casa de una compañera era más grande que su casa. Hay un dimensionamiento de la brecha de desigualdad. Ven cosas que nunca habían visto. Lo interesante es que esta cercanía, a su vez, quita algunos de los prejuicios existentes. Es lo interesante y bonito. Ven al otro como igual ahora que están en el mismo salón de clases. El conocimiento es un capital nivelador.

Algunos jóvenes dicen que les llamaba la atención el lenguaje de sus compañeros. Por ejemplo, que los llamen con sus nombres en diminutivo.

El lenguaje es un aspecto de una nueva forma de sociabilidad que los pilos describen como más amable que en sus colegios. Aunque reconocen que es más incluyente también les parece forzado y condescendiente. No estaban acostumbrados a eso y les llama la atención.

La reacción de los pilos es variada, dice la investigación. Va desde la vergüenza al orgullo.

La movilidad ascendente en Colombia está bastante truncada. En este caso es rapidísima. Normalmente lleva una generación lograrla. Los pilos pasan de un colegio público a una universidad de élite y en ese pasaje rápido hay muchas emociones involucradas. Las emociones se mueven entre orgullo por haberlo logrado y vergüenza de sus orígenes, de cómo me visto, cómo hablo.

¿Por qué dice que es tan difícil estudiar la discriminación?

Todas las discriminaciones son difíciles de estudiar. La de género. La de clase. La de raza. Es difícil medir si el rechazo es por un prejuicio o simplemente por antipatía. En este caso de Ser Pilo Paga no hemos encontrado casos de discriminación explícita. Ni por parte de profesores ni de compañeros. Puede ser que exista discriminación encubierta, pero esa es más difícil de analizar.

¿Cuál es el rol de las familias? ¿Lo analizaron?

Se estudió indirectamente. Estos son chicos fuera de serie. Su nivel académico no se explica por las condiciones en las que crecieron. Son chicos raros en un sentido positivo. Tienen un rendimiento excepcional con respecto a sus pares. Cuando les preguntamos a quién admiras, la mayoría dice que a la mamás, por diversas razones, porque ven en ellas un ejemplo de esfuerzo, porque creen en ellos, y en muchos casos porque se involucraron mucho en la crianza. Si bien hay excepciones de chicos sin ese apoyo familiar, en la mayoría de los casos vemos unos padres (y funamentalmente madres) que los llevaban a actividades por fuera del colegio, que hacen lo posible por sacarlos de la calle en barrios complicados, que los apoyan en las tareas, que creen en ellos y los apoyan emocionalmente.

¿“Los pilos con los pilos, los ricos con los ricos” es real?

Lo que veo es que más estudiantes becados han ido a casas de no becados que al revés. Las relaciones entre ellos están atravesadas por un problema de segregación residencial en Bogotá. Un mensaje importante es que la convivencia no es sencilla ni evidente, pero está ocurriendo. Los pilos con los pilos y los ricos con los ricos no es tan real. Al mirar sus redes, son diversas. No quiere decir que su mejor amigo no sea otro pilo, pero están haciendo más relaciones de las que son concientes.

Los jóvenes identifican algunas “fronteras simbólicas”

Esta es una sociedad muy desigual. Este programa tiene cuatro años y ya está rompiendo fronteras y prejuicios sobre el lugar donde se vive, el dinero que se tiene. La interacción rompe con esas fronteras de modo inédito. Pedirles que se casen sería pedirles demasiado, aunque de pronto surge.

¿Es cierto que hubo mucho llanto durante las entrevistas?

Y eso que he hecho muchas entrevistas en sectores populares. Ahí hay un concepto que es “heridas de clase” que se abren en esa interrelación, cuántas cosas no tuve, el orgullo de lo que mis papás han hecho por mí, la vergüenza. Un testimonio que me rompió el corazón fue el de una estudiante que dijo que donde vivía había muchos “ñeros” y ella no pertenecía a eso