Ser Pilo Paga, un gran experimento

El programa bandera del Mineducación tomó su forma de Quiero Estudiar, la iniciativa de la U. de los Andes que ha becado a estudiantes con dificultades económicas. La experiencia de estos jóvenes podría ser el reflejo de lo que les espera a los 10.080 beneficiarios.

Harry Ramos, estudiante de economía, y José Jans Carretero, estudiante de derecho y filosofía, son beneficiaros del programa Quiero Estudiar, de la Universidad de los Andes. / Gustavo Torrijos - El Espectador

“Llegué en 2012. Me sentía emocionado porque estar becado es un logro de vida y un motivo de orgullo, aunque en el fondo tenía miedo a enfrentarme a estudiantes que hablan dos o más idiomas, que tienen dinero y un estilo de vida diferente al mío. Pero más que eso, sentí lo que siente cualquier becario, independientemente de si es de pregrado en una universidad colombiana o de doctorado en la mejor universidad del mundo: el miedo al fracaso”, dice Harry Ramos, un estudiante de séptimo semestre de economía.

Harry es el vicepresidente del Consejo Estudiantil Uniandino (CEU) y beneficiario de Quiero Estudiar, el programa de becas de la Universidad de los Andes al que cada semestre ingresan aproximadamente 100 estudiantes que han obtenido los mejores puntajes en las pruebas Saber y que no tienen los medios para financiar su matrícula.

“Tomar la decisión de estudiar en esta Universidad no fue fácil, mi familia no estaba muy de acuerdo por miedo a lo que podría enfrentar por mi condición social, pero finalmente acepté el reto y con el tiempo me di cuenta de que estaba acá no por ser pobre, sino porque soy bueno”, agrega.

Como Harry, más de mil estudiantes han ingresado a esta institución con la ayuda de una beca que ha obligado a la Universidad a diseñar planes de apoyo económico, emocional y académico. Ahora, esta iniciativa ha sido de gran utilidad no sólo para la propuesta de la ministra de Educación, Gina Parody, con la que los mejores estudiantes del país de bajo nivel de ingresos accederán a la educación superior; sino que la experiencia de quienes ya han sido beneficiarios podría ser el reflejo del desempeño y de las vivencias que les espera a los 10.080 “pilos”, especialmente los 8.490 que ingresaron a universidades privadas.

“Este es un pilotaje. Diez mil becas son muchas o pocas, dependiendo de como lo mires, ya que en educación superior tenemos unos dos millones de jóvenes. Pero si uno lanza esta política y hace un buen seguimiento, luego puede evaluar qué tan bueno es y negociarlo con futuros gobiernos. Es un pilotaje suficientemente grande e importante para mirar impacto. Y creo que si se mantienen tres años, será maravilloso”, dice Cecilia María Vélez, ex ministra de Educación y rectora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, que este semestre recibió 698 estudiantes becarios del Gobierno.

Por su parte, el vicerrector académico de la Universidad de los Andes, Carl Langebaek, también señala la pertinencia de esta propuesta para evaluar los cambios que requiere el sistema de educación superior colombiano, como por ejemplo la necesidad de incentivar la flexibilidad curricular y una menor durabilidad de los programas de pregrado. “Sin duda, ayudaría a mejorar la experiencia no sólo de los becarios, sino de todos los estudiantes, que ingresan a la universidad sin claridad sobre lo que realmente quieren estudiar”, señala.

Ser Pilo Paga es, para estos expertos, un experimento que ayudará a plantear cambios en la educación, pero además para Langebaek es claro que Quiero Estudiar ya es una pequeña prueba piloto que ha sido exitosa y que puede augurar los efectos positivos del programa del Gobierno. “Es cierto que la población de Ser Pilo Paga que ingresa, claramente tiene más dificultades económicas que la de Quiero Estudiar, pero tienen en común sus capacidades excepcionales, que se reflejan en los altísimos puntajes que obtuvieron en las pruebas de Estado”, señala.

Los que ya han sido becados, han demostrado un mejor rendimiento que el resto de la población uniandina, los grados de honor los obtienen con mayor frecuencia los beneficiarios de Quiero Estudiar y la tasa de deserción de quienes pertenecen al programa (11%) es menor que la general de la Universidad (25%).

En cuanto al gran miedo a sentirse excluido, Harry y José Jans Carretero, estudiante de derecho y filosofía y becario del programa, aseguran que es un temor inicial que desaparece con el tiempo. Ambos reflexionan que es cierto que en los Andes estudia “la clase alta colombiana y los hijos de quienes manejan el país”, pero también es cierto que una gran parte de los Uniandinos necesitan apoyo financiero de algún tipo y que la población es diversa. “No faltan miradas o actitudes desafortunadas, pero esa es la excepción y no la regla. Acá hay una calidad humana que se debe destacar”, recalca José Jans.

El reto de permanecer en pie

Un estudiante, quien prefiere no revelar su nombre, ingresó a ingeniería industrial en 2011 como becario de Quiero Estudiar. Sus dos primeros semestres transcurrieron con normalidad, el inglés no fue una gran dificultad y para las materias como cálculo dice que recibió toda la ayuda que fue necesaria. La integración con la comunidad tampoco fue un problema. “Uno tiene miedo a las diferencias salvajes entre clases, pero la verdad, sólo un par de veces no iba a almorzar con el resto de mis compañeros, porque yo iba a la cafetería de la Universidad, en la que obtenía el subsidio de alimentación. Nada grave”.

Cuando cursaba tercer semestre tuvo una circunstancia personal que comenzó a afectar su rendimiento académico. “Dejé de asistir a las clases y al final no aprobé las materias necesarias para mantener mi beca. La única observación que tengo es que me hubiera gustado que entendieran más mi situación, si al menos no para seguir en la universidad, sí para no quedar tan endeudado”.

Las reglas del juego eran claras, la Universidad le daba una beca del 70%, tenía un crédito condonable del 20% y el 10% restante lo debía asumir el estudiante, pero con la facilidad de pedir un crédito del Icetex. En caso de retirarse, él debía responder por el 30% que no hace parte de la beca. Y así fue. “No he podido volver a estudiar. Trabajo en un call center y me dedico a asumir mi deuda”, dice este joven, quien igual recalca que no se arrepiente de haberlo intentado.

Aunque este becario tiene una deuda de algo más de 10 millones de pesos, su situación es mucho mejor en comparación con lo que puede llegar a ser para uno de los “pilos” o de los más recientes beneficiarios de Quiero Estudiar, pues si deserta deberá responder por el 100% de lo que ha costado su educación superior. Si se toman en cuenta las cifras actuales de deserción del programa de becarios de los Andes, se podría pensar que 64 de los estudiantes beneficiarios del Gobierno afrontan un alto riesgo de tener que responder económicamente por este crédito beca.

Como representante estudiantil del Centro de Atención de la Decanatura de Estudiantes (CADE), José Jans ha analizado varios casos de quienes están con riesgo de perder su beca. “Es generalmente algo personal que hace que excelentes estudiantes tengan un período académico nefasto. Considero que la Universidad promueve las discusiones adecuadas para tomar decisiones frente a los beneficiarios de Quiero Estudiar. Pero siento que con Ser Pilo Paga esta posibilidad no existe, simplemente pierden su beca”, asegura.

Por su parte Harry aaliza que tal vez sea la emoción del momento la que no le permite a un becario darse cuenta de la responsabilidad que está asumiendo. “En su momento muchos jóvenes se lanzan a tomar la decisión de comprometerse, sin entender las dimensiones de lo que implica no terminar y quedar con una deuda millonaria. Eso es un hecho. Por ello, estos programas deberían tener un plan B, un apoyo y un acompañamiento para quienes no lo logran, pues no sólo implica una deuda, sino una moral y una autoestima en el piso”.

¿Qué está haciendo la universidad para afrontar la entrada de estos 584 becarios? Nada en es especial, no se ha diseñado nada puntual sólo para la población de Ser Pilo Paga, es la respuesta de Harry y José Jans. Para ellos, esta es la oportunidad para reforzar los programas que ya existían y darles no sólo a los becarios sino a todos los estudiantes de primer semestre mejores herramientas para afrontar su vida universitaria.

Sin embargo, Harry señala que en tres meses la Universidad pasó de tener 12 estudiantes del Sisbén a casi 600 y no tuvo el tiempo necesario para responder a estos cambios. “No pudo hacer más que agarrarse de su experiencia y de estudiantes activos dispuestos a hacer las mejoras necesarias”.

Además, ahora el 60% de los nuevos becarios proviene de otras ciudades del país, cuando la universidad con Quiero Estudiar sólo recibía el 20% que no eran de Bogotá. “Esto evidentemente nos obliga a plantear herramientas para ayudar a estos jóvenes a adaptarse a la ciudad”, asegura el vicerrector Langebaek.

Para la Universidad de los Andes, el programa del Gobierno más que problemas para las universidades que reciben los becarios, les plantea grandes retos. “Los Andes tiene ahora la oportunidad de parecerse más a la realidad del país manteniendo su calidad, con una población diversa en procedencia y clase social. Después de 64 años de fundada y de pequeños esfuerzos propios, ahora con la ayuda del Gobierno lograremos acercarnos más a los planteamientos del primer catálogo de la Universidad de los Andes: recibir a todos los estudiantes de buena capacidad académica independientemente de su nivel de ingresos”, dice Langebaek. 

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@EstefaniaAvella

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