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“Si la educación pública no es equivalente a la privada, el germen de la inequidad va a florecer”

Moisés Wasserman, uno de los 43 integrantes de la Misión de Sabios del Bicentenario, hace un recorrido crítico por todos los niveles de la educación en Colombia y concluye que la cobertura va muy bien, pero la equidad y calidad no.

Moisés Wasserman durante el discurso inaugural de la nueva Misión de Sabios . Cristian Garavito - El Espectador

Moisés Wasserman lleva casi medio siglo trabajando por la educación y la ciencia en Colombia. En 1978, después de hacer un doctorado en bioquímica en Israel y un posdoctorado en Nueva York, regresó al país para trabajar como profesor en la Universidad Nacional. Desde ese momento hasta hoy no ha abandonado la docencia ni la investigación. Fue decano de la facultad de Ciencias, director del Instituto Nacional de Salud, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y rector de la Nacional desde 2006 hasta 2012. La semana pasada, el Gobierno lo eligió como uno de los 43 integrantes de la Misión de Sabios del Bicentenario. En esta entrevista, Wasserman hace un recorrido crítico por todos los niveles de la educación en Colombia, desde la primera infancia hasta la universidad. (Lea: El discurso de Moisés Wasserman para la Misión de Sabios del Bicentenario)

Comencemos por la Misión de Sabios del Bicentenario, ¿cuál es la trascendencia de esta nueva iniciativa?

Lo más importante es poner al país a hablar de ciencia y de tecnología. Tenemos que tomar conciencia de su enorme valor para el desarrollo de nuestra sociedad.

¿Cuál es el objetivo principal de esta Misión?

Al final queremos señalar una hoja de ruta, proponer unas políticas públicas y ayudar a consolidar un sistema en ciencia, tecnología e innovación.

La ciencia, la academia y el Gobierno reconocen que los primeros cinco años de la vida de un niño son fundamentales para su formación y su desarrollo social y cognitivo. ¿Cuál es la situación actual de la educación en la primera infancia en Colombia?

Yo creo que en primera infancia no vamos nada bien. Según los números que recuerdo, aún estamos por debajo del 20 % en cobertura. Esta situación perpetúa la inequidad y genera una desventaja muy grande de un sector amplio de la población frente a otro. Sin duda, una de las prioridades de este Ministerio de Educación tiene que ser tratar de aumentar gradualmente la cobertura de la primera infancia.

¿Basta con aumentar la cobertura?

No. La cobertura es una preocupación primordial, pero no debe ni puede ir sola. La educación es realmente el motor de la equidad, no hay muchas dudas sobre eso, pero no se logra equidad haciendo cualquier oferta. En el caso del preescolar, no es suficiente darles a los niños un lugar donde estar durante el día, con unos cubos y unas llantas, como pasa en muchos jardines infantiles del país. Esto no sirve. Debe haber un proceso educativo de alta calidad.

¿A su juicio, qué se debería enseñar en los jardines infantiles?

Los que tenemos hijos y nietos lo vemos clarísimo. En la primera infancia se desarrolla la capacidad de entender el entorno, de generar hipótesis explicativas sobre lo que está pasando en el mundo, es un proceso casi científico. Es absolutamente maravilloso. La parte emocional también es clave. Los niños tienen que ser bien tratados, construir una autoestima, tienen que creer que son capaces de hacer cosas, abordar problemas, asumir retos. Eso se ve reflejado después en la educación superior.

¿Cómo?

Yo creo que la principal dificultad de aprendizaje en las universidades es el sentimiento de los jóvenes de que no son capaces de enfrentar un problema. Los jóvenes se dan por vencidos antes de empezar, ese sentimiento viene desde la primera infancia. Por eso hay que generar en los niños una sensación de seguridad, demostrarles que ellos son capaces de resolver sus problemas. (Puede leer: Estos son los 43 "sabios" de la Misión de ciencia, tecnología e innovación)

En los últimos años, muchos colegios han adecuado espacios para hacer jardines infantiles y forman a los niños en matemáticas, biología, inglés y otras asignaturas, ¿qué tan adecuado es este modelo?

Hay muchas escuelas. Me parece que en esa edad hay cosas mucho más importantes que enseñar materias. He visto a niños chiquitos aprendiendo, por ejemplo, a servir un líquido dentro de un vaso, y creo que a su edad eso es mucho más útil y más enriquecedor que el álgebra. Esa etapa es más para formar a la persona, para construir la identidad, para abrirle al niño nuevos horizontes de vida.

Pasemos ahora a la educación básica y media. ¿En qué hemos avanzado?, ¿cuáles son los principales desafíos?

El vaso medio lleno es que hemos progresado inmensamente. En la práctica, tenemos cobertura total. Hasta hace muy poco tiempo teníamos un índice de analfabetismo alto en el país. Cuando yo era niño, el índice estaba en el 50 %, hoy en día es de 3 %. Eso es un avance indiscutible.

¿Y el vaso medio vacío?

De nuevo, equidad y calidad. Hace cincuenta años, los estudiantes más pilos eran los que venían de los colegios públicos grandes de la ciudad. Por ejemplo, el colegio Camilo Torres o el Nicolás Esguerra. En cambio, hoy en día, si nos guiamos por los exámenes de Estado y por otras muchas pruebas, la calidad de la educación pública es significativamente inferior a la privada. A veces, se cuela un colegio publico entre los 100 mejores del país, pero eso es excepcional. Esa circunstancia es tan evidente, que se convirtió en un hecho culturalmente establecido que lo privado es mejor que lo público. Cualquier persona que tiene los medios para enviar a sus hijos a un colegio privado lo hace. Esto no pasa en otros países desarrollados con educación pública fuerte y de calidad. (Le puede interesar: Así será la Misión de Sabios del Bicentenario)

¿Cómo se podría contrarrestar este fenómeno?

Es muy difícil hacerlo en un sistema basado en la competencia. Los colegios privados han construido muy buena infraestructura, tienen tecnología de punta, sus profesores son los mejores. Es una brecha muy difícil de cerrar en medio del mercado, pero sí se pueden y se deben hacer esfuerzos grandes y dirigidos para lograrlo. Si la calidad de la educación pública no es equivalente a la privada, el germen de la inequidad va a florecer.

Si fuera su responsabilidad, ¿en dónde haría esos esfuerzos “grandes y dirigidos” a los que se refiere?

Hace poquito leí un trabajo de la OCDE que concluyó que lo más importante para mejorar la calidad de la educación en el nivel del colegio son los maestros, no la tecnología, ni la infraestructura. Un buen maestro, inteligente y motivado, es clave para la educación de un niño. Hay otras cosas menos importantes, pero que no se pueden olvidar: un ambiente digno, acceso a libros, a computadores, a canchas de fútbol, a laboratorios, etc. Hoy en día hay colegios públicos que tienen una infraestructura muy buena, parecida a la de los privados, pero tenemos un retraso en la calidad de profesores. Es un problema monumental.

¿A qué se debe ese retraso en la calidad de los maestros?

Son dos hechos conocidos y muy graves. El primero es que muchas veces a las facultades de educación entran los estudiantes que no pasan en otras carreras. El segundo es que esas facultades en su mayoría son muy malas. Los resultados de las pruebas Saber Pro de los futuros maestros son muy preocupantes, sobre todo en comprensión lectora y matemáticas. Yo como profesor sé que hay gente que se mete a enseñar algo que no entiende, y así es imposible que los estudiantes aprendan.

¿Qué otro factor influye en la mala calidad de los maestros?

Creo que hay una ideologización fuerte en las facultades de educación, no de izquierda ni de derecha, sino de ilustración contra posmodermismo. Uno a veces lee textos de esas facultades y se va de espalda. Alguna vez escuché al director curricular de una de las facultades de educación invitando a sus profesores a enseñar magia y esoterismo. Es algo que no tiene mucho sentido y eso no es del todo extraño. ¿Cómo se puede mejorar la calidad de los maestros?

Las sociedades en donde la educación es más fuerte tienen una característica común: el maestro es aceptado y valorado socialmente. Eso se ve reflejado en el salario y en el respeto y cariño de la gente. Esta situación ha hecho que los mejores estudiantes escojan esa carrera. Eso es lo que pasa en Finlandia o en Singapur, por citar dos de los países que son referentes. Es un proceso lento, pero tenemos que empezar cuanto antes. Lo otro que podemos hacer es trabajar en la remodelación de muchos maestros. Hay muchos que son muy buenos, bien intencionados, con fuerza y voluntad, pero que tienen problemas formativos. En muchos países con un buen sistema educativo, los maestros no son necesariamente los que salen de las escuelas de educación. Un matemático enseñando matemáticas, puede ser mucho mejor maestro así no tenga la formación de Piaget. Creo que una apertura a muchos profesionales distintos al sistema educativo sería una alternativa que ahorraría tiempo, porque ya están formados. Aquí se han hecho varios intentos, pero siempre hemos encontrado una resistencia gremial muy fuerte.

¿Qué está pasando en educación superior?

Nuevamente el vaso medio lleno y el vaso medio vacío. Tuvimos un avance notable e indiscutible en cobertura. Cuando entré a la universidad, la cobertura total (porcentaje de personas que están estudiando entre los que están en edad de estudiar) era 4 %. Hoy en día superamos el 50 %; es un avance indiscutible. Uno de los fenómenos de la educación superior en el siglo XX en todo el mundo es la democratización.

¿Qué está pasando en equidad y en calidad?

El problema de equidad es muy grave. De nuevo: no basta con ofrecer una oportunidad, tiene que ser una buena oportunidad. Hace unos días tuve un intercambio de tuits con Héctor Abad porque él decía que no era necesario que todo el mundo fuera a la universidad. No, no es necesario, cada cual decide. Lo que sí es necesario es que todos los jóvenes que quieran ir a la universidad tengan la oportunidad de hacerlo. Hay quienes dicen que a Colombia le sobran los profesionales; eso es una tontería: no nos sobran ni profesionales ni doctores, porque son fuentes de crecimiento y de desarrollo. ¿Que dónde vamos a meter tantos doctores?, pues los doctores se van a inventar cosas para meterse ellos y para meter a los demás. Así pasa en todos los países desarrollados, de modo que campo es lo que hay. Lo que debemos hacer es concentrarnos en el criterio de igualdad de oportunidades. Eso genera equidad o, por lo menos, es el primer paso para cerrar brechas.

¿Qué más tendría que hacer el Gobierno para reducir la inequidad en la educación superior?

Hay que hacer un esfuerzo para aumentar los recursos. Es cierto que es el mayor presupuesto de la historia, es cierto que por fin pasamos al Ministerio de Defensa, pero si uno mira el costo por estudiante en los últimos diez años ha ido bajando progresivamente. Hoy en día, estamos muy muy muy por detrás de los países de la OCDE a los que queremos igualar. (Lea también: Los consejos olvidados de la comisión de sabios para transformar la educación)

¿Y en términos de calidad?

La investigación científica de los profesores es un factor de calidad indudable en la educación. Creo que en este momento es mucho más importante generar el conocimiento que transmitirlo. Sobre todo porque lo que se transmite se vuelve obsoleto muy rápidamente y porque el proceso de generación de conocimiento es un proceso mucho más formativo. La investigación es muy importante; conceptualmente debe estar como columna de la educación. Eso es un hecho evidente en el mundo y en el que todavía somos muy débiles.