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hace 5 horas

"Tengo ciertos temores sobre la politización de las regalías"

El jesuita Jorge Humberto Peláez está convencido de que las universidades pueden aportar de manera significativa al proceso de paz.

Jorge Humberto Peláez, S.J., ha trabajado por 33 años ininterrumpidos en las dos sedes de la Javeriana. / Luis Ángel - El Espectador

El jesuita Jorge Humberto Peláez nació en Cali en 1945. Quince años después, motivado por el deseo de contribuir a la transformación de las problemáticas más sentidas del país, ingresó como novicio a la Compañía de Jesús.

Peláez es licenciado en filosofía, magíster en ciencias políticas de la Javeriana y doctor en teología de la moral de la Universidad Gregoriana de Roma. Desde 1981, cuando terminó sus estudios doctorales, ha trabajado ininterrumpidamente en las dos sedes de la Universidad Javeriana.

Después de seis años de rectorado en Cali, este jesuita asume un nuevo reto en su larga y nutrida trayectoria académica: la rectoría de la sede central de la Javeriana. En diálogo con El Espectador, Jorge Humberto Peláez, S.J., se refirió a los principales retos que enfrenta esta universidad, especialmente en ámbitos como el de la construcción de paz y los posibles escenarios del posconflicto.

¿Cómo encuentra la sede central de la Javeriana?
Volver ha sido una experiencia fantástica. Al regresar a la Javeriana de Bogotá, después de 12 años de trabajo en la seccional de Cali, hice un recorrido por las 18 facultades. Al indagar por sus retos y desafíos encontré coincidencias muy interesantes. Una de ellas es la enorme sensibilidad respecto al actual proceso de paz. Percibo una conciencia generalizada sobre la necesidad de aportar a la construcción de ese país del posconflicto desde la interdisciplinariedad y el diálogo de saberes.

¿Cuál es el papel de la universidad en el posconflicto?
Todas las universidades, sean públicas o privadas, pueden aportar de manera significativa a la construcción de una nueva institucionalidad. En un país de profundas fracturas sociales, las instituciones de educación superior tienen la obligación de convertirse en una casa de encuentro, donde las ideologías puedan dialogar en el respeto y la tolerancia. No podemos caer en la trampa de un medio contaminado donde a aquel que opina distinto lo matan, lo amenazan o lo silencian. Las universidades, por el contrario, deben ser el santuario de la pluralidad y del diálogo civilizado.

Hablando de pluralidad, ¿cuál es su opinión respecto a la cancelación, el pasado mes de agosto, del Ciclo Rosa en la Javeriana?
Yo sólo digo que en la Universidad Javeriana caben todos sin importar su ideología, afiliación religiosa o partidista o su orientación sexual. Todos estos temas de corte social deben estar en las agendas de investigación de los colectivos académicos.

Si usted tuviera la posibilidad de cambiar algo de la política de educación nacional, ¿qué sería?
Hay mucho por transformar en el significado que hasta ahora se le han dado a las “competencias”. Pensar en la educación tan sólo en función del trabajo no es suficiente. Es importante que se desarrollen competencias no sólo para el saber hacer, sino para el saber ser, para saber convivir pacíficamente en una sociedad.

¿Qué opina de la forma en que se están aprobando los proyectos de investigación con dinero de regalías?
Hablo desde mis impresiones y puesta la camiseta regional que traigo desde la rectoría en Cali. Tengo ciertos temores sobre la politización de las regalías. Puede que primen los intereses de los gobernadores y de otros actores políticos sobre la promoción de la innovación y la producción de ciencia y conocimiento. Sin embargo, prefiero guardar cautela en el tema.

¿Cómo hacer accesible la educación de calidad como la de la Javeriana a aquellos sectores que cuentan con menos recursos y que además tuvieron una regular educación en niveles básicos y medios?
La universidad tiene un generoso portafolio de becas. En las universidades norteamericanas, los exalumnos retornan a la sociedad las oportunidades que tuvieron, a través de la promoción de auxilios económicos a los nuevos estudiantes. En Colombia hace falta generosidad por parte de los egresados.

¿Existe un compromiso de parte de la Javeriana para formar los docentes de calidad que necesita el país?
El tema de la formación de maestros tiene dos escenarios. Por un lado, está la preparación de los profesores de los colegios. Para ello, la Javeriana cuenta con una Facultad de Educación de larguísima trayectoria. Sin embargo, es mucho más lo que podemos hacer. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son una gran herramienta para ampliar y mejorar el programa de formación de maestros a distancia. El segundo escenario es el de la formación de los docentes universitarios. Este será uno de los énfasis de mi rectorado en Bogotá.

¿En qué consiste ese énfasis?
Es un énfasis esencialmente académico. Estoy convencido de que la calidad de una universidad depende de la calidad de sus profesores. En ese sentido, hemos venido trabajando en un plan de formación que, entre otras cosas, contempla la educación profunda de los docentes. Queremos tener un número más alto de profesores doctorados; su formación integral y pluridimensional es uno de los retos que asumo con mayor entusiasmo.

¿Cómo evalúa el proceso de extensión de la Javeriana hacia las regiones?
Tenemos un “Ph.D” en regionalización, empezando por lo que representa la seccional de Cali para el suroccidente colombiano. La Javeriana tiene cada vez más presencia en las regiones con sus grupos de investigación, prácticas universitarias, cursos de extensión y consultoría. Ahora queremos dar un paso más y ofrecer posgrados en alianza con los colegios jesuitas de todo el país. Es indispensable identificar las particularidades de los contextos locales para que los programas ofrecidos correspondan a las necesidades de cada región.

 

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