'Todos por la educación': movilización social que inició en WhatsApp

Más de 8.000 colombianos han firmado un documento en el que le piden al Gobierno convertir la educación en una de las principales prioridades de país. ¿Pero dónde comienza esta historia?

Durante los últimos meses, una intensa conversación ha venido teniendo lugar a través de redes sociales, grupos de Whatsapp, foros y debates Cien colombianos, en su mayoría profesionales jóvenes, se han propuesto el objetivo de que la educación en Colombia se vuelva una prioridad nacional, tan importante como la paz y tan apasionante como la Copa Mundo.

Una conversación entre amigos en un chat sirvió de detonante. Juan Manuel Restrepo, un joven emprendedor del Cesa, fundador, junto a Juan David Aristizábal, de la incubadora de proyectos sociales Buena Nota, armó un grupo en WhatsApp con ningún otro fin que debatir, de forma espontánea y sin fines muy concretos, sobre los desafíos de la educación en Colombia.

La conversación comenzó a volverse apasionante. En especial, cuando cayó en sus manos el libro ¡Basta de historias!, del periodista argentino Andrés Openheimer, una juiciosa investigación periodística sobre el atraso del desarrollo integral de los países latinoamericanos, cuya tesis es sencilla: América Latina se está quedando atrás en la carrera global por la reducción de la desigualdad, debido a la poca atención que prestan sus gobiernos a la educación de sus habitantes.

El libro contiene datos sorprendentes. Por ejemplo, que todos los países latinoamericanos y caribeños invierten en conjunto menos en investigación y desarrollo que Corea del Sur; que en Argentina hay tres psicólogos por cada ingeniero, y que mientras en Colombia se registran seis patentes en un año, en Corea del Sur llegan a 7500.

El libro de Openheimer sirvió de inspiración. En especial, porque la investigación del columnista del Miami Herald desentraña, con riguroso detalle, la forma en la que ciertos países de la región, en especial Chile y Brasil, la sociedad civil -empresarios, estudiantes, maestros- ha sido capaz de convertir la educación en un asunto urgente y de primer orden, construyendo acuerdos colectivos a través de metas e indicadores que, una vez transformadas en políticas públicas, son fácilmente verificables y monitoreables.

En su investigación, Openheimer sostiene que el movimiento Todos pela Educação en Brasil logró poner en marcha esta fórmula y encontrar “un camino para vencer la falta de voluntad política de los gobiernos para cumplir sus promesas educativas”. Como nunca antes, asegura el periodista, “el movimiento Todos por la Educación ha aunado a la sociedad civil para asegurar que la educación sea un tema prioritario en la agenda nacional, y lograr que sus metas sean continuadas a través de los sucesivos gobiernos”.

Descubrir lo que había ocurrido en Chile y Brasil inspiró a los muchachos del grupo de WhatsApp. Tanto así, que Juan Manuel, desde China, donde actualmente estudia una maestría, decidió sin mayores consultas abrir un grupo en Facebook con un nombre que emulaba el ejercicio brasileño: Todos por la educación”. En este espacio virtual, artículos de prensa y académicos eran debatidos por una comunidad creciente de miembros, alimentada por las gestiones de Rosa Cristina Parra y Carlos Andrés Santiago, expertos en redes sociales y quienes en su momento se hicieron famosos por su capacidad de movilización digital durante las marchas del 4 de febrero de 2008.

Paralelamente, a través de Google Docs, dos de los jóvenes invitaron a más de cien personas, muchas de ellas sin siquiera conocerse, para que fueran elaborando, discutiendo, refutando, construyendo los documentos que darían inicio al Pacto por la Educación. Un pacto que tuviera los mínimos necesarios para hacer una profundo avance en la educación del país. Compartían textos de expertos en el tema como Guillermo Perry, del que uno de los jóvenes había sido asistente; Felipe Barrera, del que varios habían sido estudiantes; de Vicky Colbert, quien había sido mentora de algunos emprendedores sociales del grupo y revisaban los textos de la Misión de Sabios que escribió el documento hace 20 años sobre la ruta para mejorar la educación en Colombia.
Durante las primeras semanas de enero, el grupo y las discusiones no cesaron un solo día y en menos de 15 días, habían construido el Pacto por la Educación. Un consenso de 10 puntos, con metas concretas y mecanismos para que la educación de todo colombiano pueda acceder a una educación de calidad.

Los aliados

Mientras en el foro virtual decenas de manos intervenía, conversaban, escribían, reescribían, borraban y debatían, la conversación comenzó a salirse de las redes sociales. “Desde hacía tiempo veníamos teniendo discusiones sobre la importancia de generar una coalición de actores que pusiera la educación en la agenda pública. Y cuando vimos la fuerza de estos muchachos, y lo que estaban logrando, decidimos que no era hora de armar grupos aparte, sino unirnos todos al diálogo al que nos estaban invitando”, asegura José Ricardo Puyana, director del área de Gobernabilidad Democrática del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Para marzo, se habían unido al movimiento Empresarios por la Educación, la Fundación Corona y la Fundación Compartir, así como varios medios de comunicación y columnistas que, aunque no sin cierta timidez, comenzaron a difundir el mensaje. “Nosotros habíamos logrado en años anteriores que la educación se volviera prioridad en algunos nichos y en grupos de técnicos, pero las ganas de estos jóvenes y la ausencia de un matiz político, nos convenció de que debíamos teníamos que unirnos”, asegura María Victoria Angulo, directora de Empresarios por la Educación.

Poco a poco fueron quedando en los documentos colectivos los ejes programáticos del movimiento. Primero, y por encima de todo, que la educación debía pasar de ser el cuarto o quinto punto en la agenda de conversación de los colombianos, y ascender en la escala como número uno de la agenda de país. Seguidamente, que el desglose de esa discusión debía darse alrededor de siete ejes específicos: primera infancia, educación media y superior, calidad educativa, rectores y maestros, responsabilidad de todos los actores sociales (la familias, los medios, entre otros), presupuesto, y universidades.

Entre tanto, el grupo extendió los brazos. Se establecieron grupos de voluntarios en los departamentos, se realizaron mesas regionales de discusión y, sobre todo, convocatorias en calle y redes para que los siete contenidos del pacto fueran firmados y ratificados por el mayor número de colombianos. Para mayo, Todos por la Educación había logrado más de lo que muchos al comienzo se imaginaron: 8.000 personas se habían sumado con su firma al pacto, entre ellos todos los candidatos a la Presidencia de la República.

Del pacto al acuerdo

Hay una consigna que se le escucha frecuentemente a los muchos jóvenes que han participado hasta ahora de los diálogos de Todos por la Educación: de nada sirve lo que se ha logrado, si a la larga no se suman más voces, se construyen metas e indicadores concretos, y se constituyen grupos de veeduría que le hagan seguimiento a los programas del gobierno que tomará posesión el próximo 7 de agosto y el proceso legislativo que se instalará simultáneamente en el Congreso.

De ahí que estas últimas semanas, numerosos voluntarios de la organización hayan participado de varias rondas de conversaciones con equipos técnicos e investigadores de la más diversa estirpe, para generar un gran Acuerdo por la Educación que aterrice las bases sobre las cuales se llamará a juicio a sistemáticamente a quienes asuman la formulación y ejecución de políticas educativas en el país.

Ellos saben que aún hay mucho por hacer. Entre otras, lograr reconciliar las posturas de visiones que existen entre sus miembros y, sobre todo, lograr cautivar a importantes organizaciones como la Federación Nacional de Educadores (Fecode), y la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (Mane), que han jugado un papel importante en los últimos años en la discusión sobre el futuro de la educación en el país. El movimiento también aspira a contar con una bancada por la educación en el Congreso, que sea “multicolor”, y que los medios de comunicación pierdan el pudor a la hora de avivar el debate.

“No le tenemos miedo a la diferencia”, aseguran sus miembros. “siempre que sea desde el respeto”. Por eso los 8.000 que ya firmaron, y aquellos que siguen firmando, parecieran repetir una fórmula como si fuera un mantra urgente y poderoso: conversar, confiar y construir juntos.

 

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