U. Nacional, ¿salvavidas para Tumaco?

La construcción de un campus de la universidad en este puerto atropellado por el desempleo, el narcotráfico y la violencia motiva la pregunta sobre el poder transformador de la educación.

En Tumaco, sólo el 43,6% de la población alcanza el nivel de básica primaria y el 26,1% el de secundaria.  / Nelson Sierra - El Espectador
En Tumaco, sólo el 43,6% de la población alcanza el nivel de básica primaria y el 26,1% el de secundaria. / Nelson Sierra - El Espectador

“Hace un mes fue la vereda de Firme de los Coime. Los hostigamientos entre el Ejército y las Farc sacaron a todos los pobladores hacia Mosquera y Pizarro, aunque muchos terminaron aquí en Tumaco, a seis horas en lancha. Es que por acá los enfrentamientos son cosa de todos los días. Suenan los bombardeos y ahí mismo salen las familias de desplazados. Aunque hacemos lo posible para mantener a los niños estudiando, la violencia los mueve de un lado a otro. Vea lo que pasó en Chilví, donde volvieron nada la escuela porque quedaba al lado de la estación de Policía, y fue allá mismo donde en mayo mataron dos niños con una granada, en la cancha de fútbol. ¿Se acuerda que salieron en televisión, que los acusaron de ser ‘niños bomba’?”.

Quien habla es Carlos Alfredo Ortiz, el secretario de Educación de Tumaco, a quien también preocupan los 62 maestros amenazados por delincuentes, la poca oferta de formación docente de calidad y el histórico desinterés de las universidades públicas de Nariño en llevar programas de profesionalización a Tumaco: ese puerto del Pacífico colombiano que parece concentrar en 3.700 kilómetros cuadrados todos los conflictos posibles, pero que también es casa de gente buena y trabajadora que confía en que pasará el tiempo y las cosas irán mejorando.

De un lado están el narcotráfico, la presencia de grupos armados, los 70 hechos de graves violaciones a los derechos humanos registrados por Human Rights Watch en 2013.

Del otro, Tumaco aún no se levanta de la crisis económica que vivió entre 2005 y 2009. Los monocultivos de palma, que por más de 50 años soportaron la economía de la región, fueron arrasados por la pudrición del cogollo. La tierra dejó de producir, los conflictos sociales se agudizaron. El 85% de su gente es pobre, el desempleo supera el 80%, el 48,70% de las necesidades básicas están insatisfechas (cuando el promedio nacional es del 27,78%), sólo el 43,6% de la población alcanza el nivel de básica primaria, el 26,1% de secundaria y de los 2.800 bachilleres que se gradúan al año sólo el 4% continúa estudiando.

“Si vamos a seguir repitiendo cuáles son los problemas de Tumaco, diría que no hay que desconocerlos, pero que están sobrediagnosticados. Ahora hablemos de qué es lo que hay que hacer para transformar eso”, dice Peter Lowy, director del Instituto de Estudios del Pacífico, quien desde la Universidad Nacional ha sido uno de los abanderados de que al puerto llegue una oferta educativa pública de calidad.

“Para muchos, la construcción de una sede (de la Universidad Nacional) en una zona tan alejada es un gasto muy grande. Incluso han recomendado que traigamos a los estudiantes a que realicen su pregrado en Bogotá. Pero es que Tumaco, y el Pacífico, necesitan convencerse de que sus hijos pueden ser profesionales en su región, para que una vez graduados quieran trabajar por el desarrollo local”, dice el profesor.

Aunque en 1997 la Nacional contempló la construcción de cuatro sedes de frontera (en San Andrés y Providencia, Leticia, Arauca y Tumaco), las tres primeras se levantaron, pero, por inconvenientes de gestión, el campus del Pacífico quedó en el aire. Sólo en 2009, convencidos de que el país estaba en deuda de entregarles a los jóvenes de Tumaco un centro de aprendizaje, los intereses se alinearon y la universidad comenzó a buscar recursos para sacar adelante el proyecto.

Y fue ese panorama complicado tumaqueño el que en 2012 motivó al gobierno holandés a donarle a la Universidad Nacional $31.000 millones a través de la organización ORIO, destinada al fomento de proyectos de infraestructura pública para el desarrollo, para abrir allí la próxima sede de la universidad pública más importante del país y ofrecerles a los tumaqueños otras opciones diferentes al mototaxismo, las ventas informales o, en otros casos, la delincuencia.

El campus ya está en planos y comenzará a construirse en 2015, y en los próximos 10 años beneficiaría alrededor de 23.000 estudiantes de más de 20 municipios del Pacífico a través de la oferta de programas de pregrado, posgrado y extensión.

A este proyecto se sumaron otros esfuerzos. Con dinero del gobierno japonés, de la Alcaldía de Tumaco y de la Universidad Nacional, se construyó la sede del Centro de Estudios del Pacífico, que estará lista en dos meses y recibirá a los estudiantes que iniciarán clases el próximo año.

Los primeros en llegar a la sede serán 1.800 maestros que ya adelantan procesos de formación con la universidad. Uno de los principales problemas educativos que identificó la Secretaría de Educación fue que los maestros contaban con toda la vocación para enseñar, pero no con los suficientes elementos pedagógicos ni conceptuales.

“Lo más interesante ha sido la respuesta de universidades regionales como la de Nariño y la del Pacífico, que al ver a la Nacional concentrada en Tumaco se han comprometido a tener mayor presencia en la zona. Ahora crece la esperanza sobre lo que pueden significar a futuro estas semillas que estamos sembrando”.

Aunque la transformación que necesita el puerto no será labor de una universidad, el que sus estudiantes tengan opciones distintas al desempleo y exista una conversación abierta con los educadores frente a los beneficios de capacitarse revela un buen punto de partida para el cambio.

 

 

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@angelicamcuevas

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