Un científico cuentero

El biólogo Sergio Rossi, quien se ha dedicado a combinar divulgación científica y literatura, dice que Latinoamérica aún puede prevenir los desastres climáticos si aprende a elegir mejores gobernantes.

El español Sergio Rossi es doctor en ciencias biológicas de la Universidad de Barcelona. Sergio Silva

Imagínense que algún día, por omitir los cientos de campanazos que nos está enviando la ciencia, lleguemos a un punto de no retorno en el que los fenómenos climáticos implacables empiecen a arrasar con civilizaciones enteras y a modificar los mapas de las ciudades situadas junto al mar.

Es poco usual que los científicos se animen a hacer divulgación a través de la literatura, que intenten con relatos infantiles mostrar a los niños cuál podría ser —aunque exagerando— el escenario del futuro si no se transforma la línea de desarrollo que estamos siguiendo. Sergio Rossi, español, doctor en ciencias biológicas de la Universidad de Barcelona, hace parte de ese grupo.

Por eso fue uno de los invitados al Hay Festival y uno de los principales talleristas del Hay Festivalito, organizado por la Fundación Plan. A través de sus novelas, relatos infantiles y artículos ha tratado de explicar por qué la Antártida es esencial para el planeta y por qué el cambio climático no es un asunto menor. Sus textos periodísticos han salido en medios como El País de España y la revista Muy Interesante.

¿Por qué divulgar ciencia a través de la literatura?
El científico no tiene por qué escribir novelas ni tiene por qué hacer cuentos para niños, pero creo que el científico hoy se debe a la sociedad y necesitamos explicarle a la gente qué es lo que está pasando en el mundo y necesitamos contárselo bien para que no haya malentendidos o falsas alarmas.

Le encanta escribir sobre la Antártida. La primera vez que la visitó fue en 2000 y regresó en 2011. ¿Qué tanto ha cambiado?
Muchísimo. En 2000 fuimos a una base donde vimos pura piedra volcánica y hielo. En 2011 el mismo lugar estaba lleno de hierbas, de especies invasoras que habían sido transportadas por turistas, lo cual es gravísimo. Anualmente viajan unos 35 a 40 mil personas que llevan semillas, insectos, virus y bacterias.

¿A Colombia la afectan esos cambios de la Antártida?
Lo que pasa allá afecta a este país y afecta a Cartagena. Si se funde el hielo de la Antártida, el nivel del mar va a crecer. Si se derritiera solo una décima parte, el mar subiría siete metros y los pueblos costeros se verían afectados terriblemente. No quiere decir que eso va a pasar en diez días, pero puede suceder en 15 años. Solo sé que quienes estamos al frente de la línea sabemos que va a pasar y que cuando suceda va a haber más desigualdad, más problemas en la distribución de los recursos y más desplazados medioambientales.

La COP20 de Lima terminó siendo una suerte de fracaso. ¿Qué les diría usted a los negociadores que se van a sentar en París este año?
Que planteen la economía de una manera radicalmente distinta. Es decir, el problema de base es económico. Hay que cambiar esa mentalidad y ese cambio tiene que venir de la gente. Debemos elegir gobernantes que tengan otra sensibilidad y otra manera de hacer las cosas.

¿Y los países latinoamericanos se están esforzando por hacerlo?
Por desgracia muchos de los países latinoamericanos están emulando el sistema de crecimiento de Estados Unidos y Europa. Están cometiendo el mismo error. El mejor ejemplo es el afán por construir edificios que luego generan un colapso social. Lo vi en Brasil y lo veo en Colombia. Pero están a tiempo de que hagan un cambio, de que no metan la pata como la metimos nosotros que hemos hecho las cosas rematadamente mal. Hay otra manera de hacerlo.

Varias de sus investigaciones analizan el fenómeno de El Niño. Hoy lo estamos viviendo. ¿Cuál es su recomendación?
Hay varias fases aquí: la fase meteorológica pura y dura, en la que no hay nada por hacer. Lo segundo es que no puedes tener a las personas, sabiendo lo que va a venir, con unas infraestructuras que no funcionan. También debe haber una gestión agrícola, pesquera y ganadera, para evitar que quienes viven de estas actividades colapsen. Cuando hay fenómeno de El Niño hay que modificar, por ejemplo, la actividad pesquera. Un fenómenos de estos no lo puedes evitar, pero sí puedes hacer que no perjudiquen tanto a la gente.

Pero resulta paradójico que mientras se habla todo el tiempo de esa necesidad de cambio, los gobiernos sean más flexibles con las normas ambientales…
Es que ese tema no lo tienen en su agenda, no les interesa. Les interesará cuando la gente se canse y elija representantes sensibles, que realmente generen cambios. Siempre va a haber ricos y pobres, pero lo importante es que no haya gente tan rica que obligue a otros a vivir de rodillas.

¿En qué está trabajando? ¿Cuál va a ser su próxima publicación?
Ahora estoy haciendo una investigación sobre el deterioro de los arrecifes de coral del Caribe. Muchos corales duros están muriéndose y están siendo sustituidos por otros blandos. Estoy estudiando en qué va a influir ese cambio. Y estoy preparando un libro sobre el fenómeno de El Niño justamente. Se trata de un “meganiño” que ocurre cada 500 años y que puede cambiar líneas de las costas y que se supone afectó civilizaciones como la Maya. Detrás de todo hay unos malos que saben lo que se viene y no hacen nada para evitarlo.

CARTAGENA

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