Por: Columnista invitado

Una pequeña reflexión sobre la educación virtual desde Chigorodó, Antioquia

Este texto lo escribo desde una parte de Colombia donde la realidad es que la virtualidad no es tan tangible como lo creen varias personas. En esta parte del país existen estudiantes que tienen la posibilidad de acceder al internet desde sus casas, pero hay otros que tienen que salir a un café internet para acceder a la red. Y luego hay estudiantes que dependen de la señal de los celulares para usar el internet ¿Porqué pensar en esto es importante? Porque como consecuencia de la situación que vive el país, y el planeta, los colegios y universidades han tenido que recurrir a la virtualidad para seguir garantizándole a sus estudiantes la educación que se merecen. (Lea también Los colegios públicos de Colombia no están preparados para dar clases virtuales) 

Para poder asegurar el acceso de educación, todos los maestros se están adaptando e innovando la manera en que dan clases. Y esto es de aplaudir, porque no todo profesor es experto en la tecnología, y no es fácil cambiar la forma de dar clase de un momento para otro. Pero estos cambios, en herramientas y metodologías se deben hacer pensando en que el trabajo en clase o la temática que desarrollan no le llegue únicamente a los que viven en el confort, sino a todos por igual. Puesto que, si bien hay que tener presentes a los estudiantes rurales, también hay que contar con los estudiantes que, ante la situación, volvieron a sus hogares donde el acceso al internet es difícil. Entonces se puede decir que el primer obstáculo que se enfrenta la educación en estos momentos de virtualidad es que en Colombia el internet es un lujo y a esto se le puede sumar a la inequidad existente en el sistema.

Paralelamente, otro problema que se le presenta a la educación virtual es la educación que requiere dominio de la tecnología. Mi opinión, que viene de la corta experiencia que llevo como profesor, es que es fácil pensar en la virtualidad cuando se asume la existencia de unos conocimientos previos. Esto lo que implica es que a la hora de pedirles a los estudiantes que utilicen las plataformas diseñadas por el gobierno, google classsroom o si quiera un correo electrónico, estamos asumiendo que los todos estudiantes ya saben manejar las plataformas.  Y la realidad es que no, que hay estudiantes que no saben usar el correo electrónico o, si tienen uno, no saben anexar un documento. Entonces, ¿cómo pedirle al estudiante que trabaje de la casa, si no sabe utilizar las herramientas que necesita o no tiene acceso a ellas? Porque si bien el maestro y las instituciones educativas pueden ser flexibles con la entrega de trabajos, los estudiantes no podrán serlo para resolverlos.

Entonces, ¿cómo grantizas la educación de calidad? ¿Cómo enseñas con tecnología si los estudiantes no la saben usar o no tienen acceso a ella? Estas son solo dos de las muchas preguntas que me han surgido desde que empezó la situación que vivimos en la actualidad. Siendo así, surge el debate de si es mejor para los estudiantes recibir una educación virtual o definitivamente suspender el año académico. No quisiera apresurarme a decir que esta última  decisión es la más adecuada, pero si me hace pensar que Colombia no está preparada para la virtualidad, y que esa educación no va a ser la mejor, ni va a ser completa.

Por último, no me queda sino pararme y aplaudir a los distintos maestros que están transformando sus clases, la forma en que explican sus temas, la forma en que intentan llegar a sus estudiantes. A ellos y a los que trabajan conmigo —que en esta etapa de mi vida me han dado inumerables enseñanzas— todo mi respeto en estos momentos y sigan así.

Alejandro Escallón, profesor de séptimo a grado once del Colegio Diocesano Laura Montoya en Chigorodó - Antioquia.

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Una pequeña reflexión sobre la educación virtual desde Chigorodó, Antioquia

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