Entrevista con el presidente del Plan Ceibal

El secreto de Uruguay para ser el líder en educación virtual en A. Latina en cuarentena

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Leandro Folgar preside la estrategia que desde hace una década equipó a todos los estudiantes y docentes de colegios públicos con computadores e internet. Gracias a ello y a una apuesta pedagógica virtual, este país se convirtió en un ejemplo para la región al encarar la emergencia por COVID-19. En entrevista explica las claves.

Después de entregar durante dos años computadores a todos los niños y adolescentes, Uruguay pudo decir en 2009 que el 100 % de sus estudiantes de colegios públicos era dueño de un dispositivo con el que podía conectarse gratis a internet desde su centro educativo. Ese fue el primer logro del Plan Ceibal, una política de Estado que puso a este país a la delantera en materia de virtualidad. El terreno sembrado durante los últimos trece años permitió que la emergencia por el COVID-19 no golpeara tan fuerte a sus alumnos. Desde hace un mes arrancaron con la reapertura de las instituciones, siendo los primeros en hacerlo en Sudamérica. (Lea: “No puede cumplirse el modelo de alternancia para que los niños vuelvan al colegio”)

La educación que impartieron durante la cuarentena, que suspendió las clases presenciales desde el 13 de marzo, fue soportada por el Plan Ceibal, presidido por Leandro Folgar, profesor, pedagogo y magíster de Harvard. El Espectador habló con el experto, que al igual que su equipo ha dormido poco los últimos meses. ¿La razón? Rediseñar, ante la urgencia, los métodos pedagógicos para que más del 83 % de los niños y adolescentes en Uruguay, inscritos al sistema público, pudieran continuar sus estudios desde casa acompañados por sus docentes.

¿Cómo sorprendió a Uruguay, que ya tenía el Plan Ceibal, la pandemia?

Tuvimos que hacer grandes adaptaciones para que funcionara. Lo primero fue desarrollar las telecomunicaciones, garantizar conexión y conectividad en los centros educativos y en los hogares. Luego, al anunciar el cierre de los centros educativos, lo principal fue garantizar el contacto entre docentes y estudiantes. Para eso teníamos una plataforma digital dispuesta en los centros educativos. Lo cierto es que antes no teníamos una cultura de uso, como la que hay ahora, pues pasamos de tener 90.000 usuarios el año pasado a tener 700.000 ahora, en los momentos más altos. En un país de tres millones y medio de habitantes, tener esa cantidad de participación en plataformas es una cobertura prácticamente total. Aún así, los desafíos no se subsanan simplemente.

Lo que no podemos perder de vista es que esto sigue siendo una emergencia, no nos confundamos. La actual oferta educativa mediada por tecnología, aunque sea en Uruguay que tenía un buen desarrollo, no es la mejor que podemos ofrecer como sociedad. La mayoría de países no estábamos en condiciones para ofrecerla, porque no se estaba aprovechando de la mejor manera antes de la crisis.

La crisis ha empujado a la educación mundial a transformarse…

Una de las cosas interesantes con respecto a esta crisis es que la discusión ha evolucionado en torno al aporte de la tecnología en educación. Se movió más allá de si hay que entregar o no dispositivos. Sí, es cierto que hay que tener condiciones para que algún tipo de educación a distancia suceda, pero es muchísimo más complejo que eso. Y tiene mucho que ver con la utilización que les den los docentes a esas herramientas en su tarea cotidiana.

En Colombia hay niños que ya están desescolarizados, especialmente aquellos que viven en la ruralidad. El problema continúa ampliando la desigualdad. ¿Qué ha hecho Uruguay al respecto?

He estado en foros de discusión internacional y en absolutamente todos esa es una de las dificultades. Sin duda que las inequidades se mantienen incluso en los buenos sistemas o en aquellos que puedan responder mejor. En el caso de Uruguay lo vimos: no todos los estudiantes se pudieron beneficiar de la propuesta educativa a distancia de la misma manera por diversos motivos. Nosotros tuvimos que generar planes especiales para que el tráfico en educación estuviera liberado y para que hubiera posibilidad de acceder a los contenidos de la mejor manera. Pero a la vez, eso tenía un poco de dificultades, pues una vez que los docentes se sintieron más cómodos de utilizar las plataformas, empezaron a hacer videoconferencias, que fueron una de las modalidades preferidas. Sin embargo, las videoconferencias no son consideradas contenidos educativos, entonces hay que hacer planes especiales para que se libere el tráfico asociado a eso. Estamos hablando de que una hora de videoconferencia consume algo así como 1 G de datos, y eso es bastante para cualquier sistema que quiera llegar a todos los estudiantes.

¿Qué estrategias implementaron entonces?

Una fue la estrategia Ceibal en casa, que tenía propuestas para docentes, estudiantes y familias, que van desde cursos online hasta guías de apoyo socioemocional, concursos, propuestas, contenidos, desarrollos especiales y adaptaciones de otros programas que tiene el Plan Ceibal, como programas de robótica, pensamiento computacional y diseño, todos adaptados al formato virtual. Un trabajo impresionante de dormir muy poco, pero para poder poblar esos espacios y aún así nos queda gente afuera. Desarrollamos un formato televisivo no como una suplantación de las plataformas sino para complementar y redirigir a esos estudiantes que no estaban pudiendo acceder, principalmente de los adolescentes, que eran los que se nos estaban desenganchando más.

No es un secreto la pérdida de aprendizaje estimada para los estudiantes este año.Tras un mes de haber reabierto las escuelas, ¿han tenido en cuenta el nivel en que están los menores?

Una vez se empezó a generar un ecosistema de semipresencialidad en los centros educativos uruguayos, con la Administración Nacional de Educación Pública generamos unas encuestas y evaluaciones ágiles, rápidas, de bajo riesgo, para los estudiantes. Esto con el fin de ver qué fue lo que se pudo aprender sobre ese tiempo y cómo construir a partir de esa información la estrategia de 2021. El peligro es confundir o hacer pruebas estandarizadas como si nada hubiera sucedido y ahí hay una gran dificultad, porque es cierto que el sistema educativo se interrumpió en pleno comienzo. En el momento en que se sientan los vínculos, se establecen los grupos, se ponen las bases para las discusiones, cuando los docentes empiezan a proponer sus trabajos. En primaria eso tiene unas implicaciones, en secundaria otras. Para los que están en universitarios también.

Hemos sido más afortunados por la buena gestión de la parte sanitaria, que nos permitió abrir los centros educativos de nuevo. Porque no queda ninguna duda y, ahora estaba leyendo una encuesta que hicimos recientemente: el aprendizaje mediado por tecnología es fundamental en el siglo XXI. Es un gran complemento, es un gran apoyo pero no suplanta lo otro. Tiene que ser complementario: lo presencial más lo tecnológico. (Puede leer: Qué dice la ciencia sobre reactivar colegios en medio de la pandemia)

Podría explicar mejor ese aprendizaje complementario…

Hay una gran propuesta educativa, de aprendizaje, a la que se accede por múltiples medios y tenemos que utilizar todos los medios disponibles para que esa propuesta llegue a la mayor cantidad de estudiantes posibles y que pueda ser aprovechada por la mayor cantidad de docentes posibles. Eso es lo otro, tienen que ser tecnologías al servicio de la labor docente, no suplantativas de tareas que son irreemplazables, pero sí para facilitar algunas tareas que es posible hacer 100 % tecnológicamente o aumentar a través de la tecnología. Lo mejor es gestionar bien la parte sanitaria para poder volver cuanto antes a tener cierto grado de semipresencialidad. De esa manera, al menos, nos encontramos aunque sea brevemente, armamos la estrategia de la semana y el resto lo hacemos por plataforma.

Hace énfasis en el contacto que debe haber entre docente y estudiante. En Colombia se ha intentado mantener ese contacto con datos a través de WhatsApp…

Desde mi perspectiva como experto en educación, lo más importante es el vínculo educativo, esa fue mi disertación de licenciatura. La mejor manera de rescatar los actos educativos está en los vínculos. Para ello utilizar la tecnología que tengamos disponible; no nos olvidemos que la carta es una tecnología, la radio, el teléfono, el medio que tengamos. El contacto debe ser estructurado, intencionado, dialogante, que contenga al estudiante, es lo fundamental y eso tiene que estar mínimamente, no importa si hay conectividad a internet en todos los lados. Si no hay se usará la radio, si no hay se usará un caballo y se llevarán paquetes con carpetas. En la medida en que el docente pueda pensar en ese estudiante, diseñar una experiencia para él en las condiciones que sea hay esperanza, posibilidad y aprendizaje.

Usted mencionó un sinfín de contenidos en plataforma, aquí ha habido quejas de estudiantes porque sus profesores se volcaron a hacer lo mismo que hacían en los salones, pero ahora por videollamadas…

Nosotros tenemos cursos virtuales, lógicas de microcredenciales para formación de docentes, contenidos concretos, videos, vivos de Instagram para discusiones, integración de software de videoconferencia a las plataformas de gestión del aprendizaje, al LMS que tenemos que se llama Crea. Hay incorporación de plataformas adaptativas para el aprendizaje de matemáticas que se va adaptando al progreso del estudiante. Existe la Biblioteca País, que es una biblioteca digital con 7.000 títulos disponibles para descargar. Cualquier ciudadano uruguayo con documento de identidad puede acceder a ella. También hicimos acuerdos interinstitucionales con la Dirección Nacional de Cultura, pues dispusieron todos los contenidos digitales para que puedan ser aprovechados por docentes; también lo hizo la Asociación de Productores Uruguayos. Pero lo que vimos desde Ceibal es que eso pasaba en muchos lugares, la gente ponía disponibles los contenidos, el problema es que no había alguien que lo curara intencionalmente y pudiera apoyar a los docentes en esta gran marea. Porque no hay tiempo real para diseñarlo de manera que esto se pueda transformar en una progresión pedagógica que se sostenga en la cuarentena. Eso es otro desafío más.

Ahora que retomaron en parte la presencialidad, ¿cuál es el mayor desafío?

Es acompañar las semipresencialidades y entender que no es un modelo combinado único. Porque los centros son todos diversos, van a ser más o menos 7.600 modelos combinados. Cada centro educativo encontrará su equilibrio de acuerdo con las capacidades del cuerpo docente, la afinidad del director con el modelo y la realidad de los estudiantes. Estamos en esta modificación del Plan Ceibal en la que hay que relevar la demanda real de los docentes y acompañar muy bien la tarea de los docentes, porque la constatación es que el plan era una gran infraestructura, estaba todo listo, pero no necesariamente se estaban aprovechando todas sus posibilidades y con la crisis quedó totalmente de manifiesto. Es muy importante apostar a la capacidad de docentes como diseñadores de experiencias y darles las posibilidades de hacerlo, porque ahora tienen la doble tarea de sostener la presencialidad y sostener la distancia también.

Si otro país contemplara un Plan Ceibal como el de Uruguay, ¿usted diría que es costoso?

Sí, es caro; es una inversión que vale la pena. Es cierto que era mucho más caro en el pasado porque si uno divide hoy el costo por beneficiario final, por usuario de plataforma y demás, el número ha decrecido y para nosotros significa mucho menos del 5 % de lo que nos cuesta un estudiante en el sistema educativo. Nosotros tratamos de acompañar a los países que se interesan por esta experiencia, no hay que desconocer que lleva un tiempo de desarrollo y lo importante de un buen aprendizaje es no olvidar que se necesitan condiciones para las personas, que es un cambio de cultura y no solamente implica tender cables de fibra óptica o conectar centros educativos y repartir computadores, porque eso los llevaría al 2007 de nuestro plan y no a la actualidad. Pero me queda clarísimo, porque conozco la región, que se puede ver como una inversión que para muchísimos países es muy alta. Aunque lo cierto es que no quedan muchas opciones, porque no hay ninguna revolución ni evolución del sistema educativo que no esté mediado por tecnología o no me lo puedo imaginar. (Le puede interesar: Estudiantes se enfrentan a pérdida de ingresos de US$10 billones)

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