Colombianos claman por un país en paz

hace 4 horas

Yo estuve en las marchas estudiantiles por la universidad pública

En los meses de octubre y noviembre las calles de Colombia vieron el renacer de un movimiento en defensa de las universidades públicas. Así fue la lucha de los estudiantes.

Los estudiantes llegaron a un acuerdo con el Gobierno tras dos meses de paro nacional. Gustavo Torrijos - El Espectador

¿Quién es esa gente que hace tanta bulla? Esta es solo parte de una de las miles de consignas que hemos cantado y gritado en los últimos sesenta días en las principales calles del país, miles de estudiantes que hemos decidido asumir el mayor de los retos: transformar la educación superior en Colombia. Decidimos dejar de lado la indiferencia, el miedo y el egoísmo, decirle sí a la justicia para las nuevas generaciones, decidimos construir una universidad del tamaño de nuestros sueños. ¿Que quiénes somos? Somos la generación que no dejará morir la educación pública. (Puede leer: Marchas estudiantiles: más poesía, menos policía)

Las Instituciones de Educación Superior (IES) en el país están en crisis. Para entenderlo miles de estudiantes nos reunimos en las universidades, donde nos enteramos de que el Estado colombiano les debe más de $18 billones. Una suma que ha sido, principalmente, producto de tres cosas: la sistemática desfinanciación promovida por la ley 30 de 1992, un contraste entre los recursos destinados a la educación y la ampliación de su cobertura, y las crecientes necesidades en planta docente, investigación y demás carestías. La suma de estos factores llevó a las universidades a un ahogamiento presupuestal y las obligó a generar sus propios recursos para poder funcionar año tras año. Todo esto sin contar con la incursión de la financiación mediante créditos educativos brindados por el Icetex, que condena a miles de familias a asumir deudas enormes imposibles de pagar.

Yo estuve mientras los gobiernos de turno profundizaron esta desfinanciación con proyectos y programas que han reforzado la lógica del endeudamiento. Uno de ellos, el más emblemático de los últimos años, fue el programa “Ser Pilo Paga”. Ignorando la cruel esencia de la que estuvo cargado, se ufanó de brindarle oportunidad de acceder a la educación superior a un puñado de jóvenes, condenando a todos los demás. Este programa utilizó $3,4 billones de los recursos públicos, de los cuales más del 90 % llegaron a las universidades privadas, dejando sin ese dinero a las públicas.

Yo estuve en el momento en el que el actual Gobierno, desconociendo la movilización y nuestras exigencias, anunció la creación del nuevo programa “Generación E”. Una propuesta que profundiza la lógica de endeudamiento de los jóvenes y le daría la estocada final a la educación superior pública. (Puede leer: Un mes de marchas universitarias en 12 claves)

Mientras todo lo anterior se venía dando, los estudiantes nos convocamos a encontrarnos, a debatir, pero principalmente a construir ideas y propuestas para defender nuestras casas de estudio. Nos dimos cita en el primer Encuentro Nacional de Estudiantes de Educación Superior, que tuvo como sede la Universidad Nacional, en el primer semestre de este año. La necesidad de unirse, de salir a manifestarnos y pelear por nuestros derechos se hizo evidente en este primer escenario.

Yo estuve también en ese segundo encuentro, el ENEES 2.0, que no solo ratificó nuestra disposición de estudiar y luchar, sino en el que también construimos nuestro Pliego Nacional de Exigencias. Allí quedaron escritas las necesidades más urgentes: $4,7 billones que estén destinados a la matrícula cero, el fortalecimiento de la planta docente y el bienestar; pago de la deuda histórica, mayor presupuesto para Colciencias y condonación de deudas del Icetex, entre otras. Yo estuve, además, cuando decidimos que la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior (UNEES) sería el máximo escenario de coordinación de todas las universidades, la estructura con la que obligaríamos al Gobierno a escucharnos.

Yo estuve, y estuvimos, en el encuentro en la ciudad de Florencia, Caquetá, en la Universidad de la Amazonia, donde salimos con la firme intención de defender el pliego. Las resonancias del corazón nos lo advertían: este encuentro representaba nuevos retos para un movimiento estudiantil que no se encontraba desde 2011, por allá cuando Yan Farid caía asesinado y en las universidades se reunía la MANE como último espacio aglutinador de tantos muchachos dispuestos a parar clases con tal de defender el derecho a la educación.

Yo estuve en todas las asambleas de nuestras IES, donde de manera unísona convocamos al gran Paro Nacional Universitario, que inició el 11 de octubre, fecha propuesta en medio del rugido del León de Greiff. Allí, miles de estudiantes acordaron la hora cero del gran paro, que fue presidida por la mayor marcha de estudiantes que ha existido. Esa chispa de conciencia colectiva encendió la pradera.

Sí que hemos variado en el repertorio de la movilización. Siempre con la mirada puesta en ganar los corazones de la gente de a pie. Le hemos dado toda nuestra energía a hacer marchas de madrugada, en la mañana, en la tarde y en la noche. Hemos acampado en nuestras facultades, acompañando la crítica con la aguapanela y el pan que casi siempre donan desde afuera. Quedará para la historia esta movilización estudiantil, el ánimo de darles más impacto a los abrazos entre compañeros, a los besos entre quienes se tienen más confianza, el baile y cualquier actividad que nos sirva para que la Universidad no la cierren, que permanezca abierta, desde hoy y para siempre.

Ha sido evidente que las movilizaciones han estado marcadas por un duro contraste. Por un lado, la alegría y dignidad de la que tanto nos enorgullecemos y, por otro lado, las medidas de violencia por parte de la Fuerza Pública que han venido creciendo, causando lesiones graves no solo a estudiantes sino a todo aquel ciudadano que haya elevado su voz por la educación. Estas prácticas han pasado por agresiones físicas, psicológicas, intimidaciones, amenazas y estigmatizaciones, han sido sistemáticas y han evidenciado el grado de represión que sufre el movimiento social colombiano. (Lea: Más de 2500 estudiantes de 57 universidades se reunieron para definir el destino del paro)

En medio del paro estudiantes de los departamentos de Cesar, Caquetá, Huila, Tolima, Cauca, Valle del Cauca, Meta, Risaralda, Caldas, Quindío, Boyacá, Santander, Magdalena y Antioquia, decidimos caminar cientos de kilómetros. Lo hicimos para ejercer presión y defender nuestras exigencias. Con el pasar de los días el sentimiento de trabajo y unidad creció, y nos dimos cuenta de que las personas que no conocíamos se convirtieron en parte de nuestra familia. Es de admirar el hecho de que pudimos generar una coalición fuerte entre todos por una causa que defendemos a toda costa. Una causa a la que se sumó la defensa de las diferentes comunidades, de los pobladores de estos lugares a donde pertenecemos. Pudimos escuchar y sentar el precedente de que existimos, de que así no estemos en la zona central del país, también defendemos la educación pública, desde donde sea. Así como la geografía no nos domó, mucho menos lo hará el Gobierno. Esa es la principal base de nosotros, los caminantes de la UNEES, somos los hijos de la manigua, del macizo, de la Orinoquia, de la montaña, de la travesía muisca, los chasquis de Calarcá, marcha comunera, las leyendas del Guatapurí, caminantes del eje y los caminantes de la Sierra.

A pesar de los golpes no cesamos nuestra alegría, la fortalecemos día a día. Por esto la UNEES recibió el mes de diciembre con árboles hechos de pupitres, rodeados de luces de todos los colores. Queremos mostrar que no nos rendimos, que somos una generación que ha aprendido de los errores del pasado y que no estamos dispuestos a dejar nuestro sueño de construir otro país. El sueño de entregarle a las próximas generaciones una educación pública, gratuita y de calidad. Hoy estamos convencidos de que la historia nos nombrará por lo que estamos haciendo y lo que lograremos: acá continuamos y nos seguimos organizando en busca de formar la gran cumbre social y popular para la construcción del gran paro cívico nacional.

Estos dos meses de paro nos han servido para fortalecernos y construir movimiento estudiantil. Creemos firmemente que, como UNEES, podemos ser el embrión movilizatorio de un país que tiene que despertarse, que tiene que levantarse y tiene que organizarse, no solo para pelear contra un gobierno, sino para disputarse todas las reivindicaciones de sus pueblos que han sido vulnerados e invisibilizados. Somos una generación que no se conforma, la UNEES es un sueño hecho movimiento.

Como diría Gabriel García Márquez, “ya es hora de entender que este desastre cultural no se remedia con plomo, ni con plata, sino con una educación para la paz”.

 

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