“Yo, que vivo en la Luna… y en Marte”: César Ocampo

El nuevo decano de Ingeniería de la U. Sergio Arboleda creó el software que usa la Nasa para planear sus misiones. Asegura que antes de 2100 podremos vivir en bases lunares.

César Ocampo, decano de ingeniería de la U. Sergio Arboleda, se ha dedicado a programar las trayectorias de naves hacia la Luna y Marte. / Gustavo Torrijos
No es que viva en la Luna ni en Marte. Pero vive pensando en ellos, en asteroides y en planetas; en cuál será el mejor camino para que las naves espaciales tripuladas puedan llegar a sus superficies y decidir si regresan por la misma ruta o si toman un atajo.
 
A eso se ha dedicado buena parte de su vida César Ocampo. Fue quien inventó el programa Copernicus, un software que hoy en día utiliza la Nasa para planear sus misiones dentro y fuera del sistema solar. A partir de 2015 será el decano de la Escuela de Ciencias Exactas e Ingeniería de la U. Sergio Arboleda. Será la primera vez que viva en Bogotá.
 
De dónde viene
 
Este ingeniero aeroespacial quindiano quiso ser astronauta desde que tenía cinco años y vio por televisión la misión del Apolo XVII, la última con tripulación que alunizó y recorrió durante tres días de diciembre de 1972 el grisáceo suelo lunar. Esa imagen lo impactó. Desde entonces se enfocó en cumplir ese sueño, por ejemplo “invirtiendo quarters” en una maquinita tragamonedas Lunar Lander: así aprendió a alunizar sin accidentarse.
 
Cuando tenía dos años y una hermana mayor, sus padres resolvieron lanzarse a cumplir el sueño americano en Nueva York, donde vivió nueve años. Allí fueron a parar los cuatro miembros de la familia: Naim, su padre, un conductor de camión que traía plátano a Bogotá y se regresaba con la última edición de El Espectador para repartir en Quindío, y Eufemia, su madre, quien se dedicaba al servicio doméstico. A los once años volvió a La Tebaida con su familia. Los hijos ya eran cuatro, pero regresaron a EE.UU., esta vez a Miami. Desde entonces esa ha sido su residencia.
 
Por problemas de salud no logró montarse en una nave espacial. Pero sí, gracias a su interés por entender el universo, ganó becas y premios que le dieron la posibilidad de pasar por universidades hasta terminar su PhD en astrodinámica en la U. de Colorado. Orgullosa, su madre les contaba a sus amigas que su hijo era ahora un HP muy importante, confundiendo inocentemente las siglas de su título.
 
¿A qué se ha dedicado?
 
Ocampo ha sido investigador en el Jet Propulsion Laboratory y en los centros Goddard y Johnson de la Nasa. También en el Grupo de Espacio de la compañía Hughes y en la empresa Odyssey Space Research (OSR). Siempre se ha dedicado a programar las trayectorias de naves hacia la Luna, Marte y otros lugares espaciales. Ese conocimiento lo compartió como docente en  la U. de Texas. 
 
Uno de sus grandes logros fue cuando en 1998 diseñó la misión  que recuperó un satélite geoestacionario que había quedado en la órbita equivocada. “Fue la primera misión planeada y ejecutada en menos de cinco meses”, dice. Lo hizo utilizando la gravedad de la luna para cambiar la inclinación del satélite, lanzarlo en la dirección correcta para que quedara orbitando alrededor de la Tierra y pudiera así cumplir su objetivo. 
 
“Yo sé cómo trabajar con la Luna”, cuenta. “Era ella la que tenía que hacer el trabajo duro”. Esa operación, remata, ha hecho que desde entonces la Luna se mueva más lentamente.
En 2009 trabajó en la trayectoria de la sonda LCROSS y la ubicó  en el cráter lunar donde se descubrió agua. Hoy traza las rutas de la nueva nave Orión que visitará asteroides y llevará tripulación a la Luna y Marte. Algunos lo han llamado el director de tránsito del universo. En ciencia se conoce como la teoría de control óptimo, que incluye planear, simular, navegar, guiar y estar pendiente de las posibilidades de error. Una milésima de segundo antes o después que ocurra una determinada operación o una desviación de milímetros en la trayectoria pueden dar al traste con una misión. 
 
A comienzos del siglo creó Copernicus, la herramienta que diseña, planea y optimiza las misiones, según él, “producto de todos los errores que había cometido antes”. Hoy en día ya se ha sofisticado y está en su cuarta versión.
 
Para dónde va
 
Tres de sus 48 años los ha vivido en Quindío. Ahora está entre Bogotá y Houston. No quiere dejar de tener un pie en el espacio: seguirá vinculado tiempo mínimo parcial con OSR y NASA-Johnson. El otro lo afianzará en Colombia, donde tiene el reto de apoyar el curso de la ciencia y formar a los futuros ingenieros. 
 
De mirar hacia arriba y resolver problemas en el espacio, el país lo invita a aplicar sus conocimientos para aportar en las soluciones de las dificultades que más le preocupan, entre ellos la desigualdad social, la pobreza, la sostenibilidad y la salud. Lo invita a mirar hacia abajo porque un satélite de percepción remota puede mejorar la calidad de la agricultura o un dron puede ubicar minas antipersona y desactivarlas.
 
“La alegría de vivir y la felicidad es un tema que la ingeniería y la ciencia también deben atender”, dijo en la charla que cerró el ciclo de la cátedra “Huellas que inspiran”, en la U. Nacional de Colombia.