Los asesinatos de la familia Manson

La familia Manson: 50 años del crimen más recordado en EE. UU.

Charles Manson, un hombre de baja estatura y con aspecto aterrador, pero con una increíble capacidad de persuasión, logró convencer a un grupo de hippies de cometer uno de los asesinatos más atroces de la historia de Estados Unidos, en 1969.

Charles Manson durante su juicio en 1970 por haber liderado el asesinato en serie de varias personas en California. / EFE
Charles Manson durante su juicio en 1970 por haber liderado el asesinato en serie de varias personas en California. EFE

En medio del apogeo hippie de 1969, de la revolución del amor, la contracultura y la libertad, una ola de crímenes conmocionó a Hollywood (y al mundo). La noche del 8 de agosto la actriz Sharon Tate, de 26 años, quien tenía ocho meses de embarazo, fue asesinada junto a otras cuatro personas en la casa 10050 de Cielo Drive.

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La escena era devastadora. Cadáveres ensangrentados con varias puñaladas y sogas amarradas al cuello. En las paredes se leía “cerdos” marcado con sangre, las comunicaciones y la luz habían sido cortadas, pero no había rastro alguno de robo. La mucama, que entró a la mansión a la mañana siguiente, fue la primera en encontrarse con el cuerpo de Tate y sus acompañantes: Jay Sebring, famoso peluquero de Hollywood; el guionista Wojciech Frykowski y su novia Abigail Folger, heredera de un emporio cafetero. Nadie entendía qué había pasado.

Dos días después, a veinte kilómetros de la mansión donde había sido asesinada Sharon Tate, fueron encontrados otros dos cuerpos apuñalados más de cincuenta veces y amarrados. Eran los comerciantes Leno LaBianca y su esposa Rosemary. Letreros de sangre en las paredes también relataban “muerte a los cochinos”. Ahora, las autoridades estaban en una encrucijada.

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En el rancho Spahn, un lugar que había sido usado para filmar películas de vaqueros en el desierto de California, a finales de los 60 vivía un grupo de hippies veinteañeros (en su mayoría mujeres) que habían abandonado sus casas para vivir en el idilio de la libertad, las drogas y el sexo sin control.

Entre sus reflexiones sobre la vida y sus viajes con LSD se fueron convenciendo de que Charles Milles Manson, un pequeño hombre de 1,60 m de estatura, era su mesías, la reencarnación de dios y de satanás al mismo tiempo, y que ellos eran su “familia”. Pronto, la libertad y el hippismo parecieron convertirse en el apocalipsis.

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Jóvenes, ingenuos e influenciables creyeron en la profecía de Manson, un habilidoso para controlar las mentes: inspirado en un disco de los Beatles, el líder anunciaba la llegada de una guerra entre negros y blancos que terminaría en el exterminio. Según él, los negros ganarían, pero en su “incapacidad para gobernar” vendrían a buscarlo para que dirigiera el mundo. Por más descabellado que sonara, sus seguidores le creían ciegamente.

 

 

El “mesías” decidió ir más allá al ver que pasaba el tiempo y la guerra no llegaba. Su función y la de su familia sería ahora acelerarla. Para esto, tenían que hacer unos asesinatos indiscriminados que “parecieran hechos por los negros” y así desatar la furia entre los dos bandos.

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Su primer blanco era el famoso productor musical, Terry Melcher, quien había ocupado la casa del 10050 de Cielo Drive antes de que Sharon Tate y su esposo, Roman Polanski, la arrendaran. Los encargados de cumplir la misión fueron Charles Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian, quienes al llegar y no encontrar a Melcher asesinaron a Tate y a todos los que la acompañaban esa noche. Dos días después, asesinaron a los LaBianca. En total, mataron a siete personas en dos días.

A los tres meses, varios miembros de la comunidad hippie fueron arrestados, pero ninguno por asesinato. En su historial estaba el robo de carros, daños de residencias y desórdenes. Sin embargo, en prisión, empezaron a revelar detalles que hicieron saber a las autoridades que tenían en sus manos a los asesinos de Hollywood. Susan Atkins les regaló la última certeza al confesarles a sus compañeras de celda que había sido ella quien había apuñalado 16 veces a Sharon Tate.

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Los asesinatos detuvieron la onda hippie en seco. Los miembros de la secta y su líder fueron condenados, en principio, a pena de muerte. Pero con un cambio en la legislación de California sus sentencias se tornaron a cadena perpetua. Pese al repudio y la conmoción internacional, los miembros de la familia Manson asistieron a su juicio sonriendo y con una esvástica grabada en la frente.

 

Manson murió en prisión de un cáncer de colon y un paro cardiorrespiratorio el 19 de noviembre de 2017, pero nunca se arrepintió de lo que hizo. Su recuerdo y su historia parecen inmortalizados en la memoria de los norteamericanos, en las canciones que compuso y que otros grupos después grabaron y en los libros y las películas que relatan el crimen.

 

Cincuenta años después, las teorías sobre la masacre siguen siendo numerosas. El periodista Tom O’Neill dedicó veinte años de su vida a desmontar la versión de la CIA, el FBI y el departamento de Policía de los Ángeles en un libro que tituló Manson, la historia real, en el que pone en duda la versión oficial y plantea el debate de la complacencia de las autoridades en los asesinatos planeados por Manson, o incluso, de la colaboración del autor intelectual con los programas de la CIA que buscaban infiltrarse en grupos de hippies y del movimiento Black Panthers (un grupo de activistas por los derechos de los afroamericanos).

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Lo cierto es que Manson se llevó con él el secreto de la causa de los crímenes, y sus seguidores continúan en prisión. Avergonzados, arrepentidos, uno que otro convertido en pastor cristiano, siguen siendo considerados un peligro para la sociedad y les ha sido revocada reiteradas veces la opción de libertad condicional.

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Daniela Quintero Díaz / @Danielaquinterd

El Mundo

La familia Manson: 50 años del crimen más recordado en EE. UU.

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