A Matteo Salvini le salieron al revés sus cálculos políticos en Italia

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El líder de la Liga, la formación italiana ultraderechista, se siente derrotado tras el acuerdo alcanzado para formar Gobierno en ese país. Sin embargo, dice que, "podrán escapar del voto durante un tiempo, pero antes o después la palabra volverá a los italianos".

Matteo Salvini, derrotado y despechado, espera su momento. El ministro del Interior, que durante meses puso de cabeza al país con sus políticas ultraderechistas, llevó al país al límite con una jugada política que le salió al revés. 

La semana pasada Salvini,  líder del partido ultraconservador Liga Norte, rompió su alianza de gobierno con el Movimiento 5 Esrellas (M5S) liderado por Luigi Di Maio, con la idea de forzar elecciones y ser elegido Primer Ministro. Todo le salió mal. Su archienemigo, el Partido Democrático (PD) y su exaliado el M5S se unieron para frustar sus planes y lograron un acuerdo que lo deja fuera.

Pero Salvini no se va tranquilo.  "Podrán escapar del voto durante un tiempo, pero antes o después la palabra volverá a los italianos". La frase desafiante escrita anoche en sus redes sociales por Matteo Salvini, define a la perfección lo que siente en estos momentos el aún vicepresidente de Italia y ministro del Interior en funciones.

El ultraderechista líder de la Liga, que durante 14 meses ha sido la cara más visible y mediática de la escena política italiana, se siente derrotado tras el acuerdo alcanzado para formar Gobierno entre su hasta ahora socio, el Movimiento Cinco estrellas (M5S) y el Partido Democrático (PD).

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Pero también, como cualquier amante despechado, augura todos los males y un corto recorrido al nuevo Ejecutivo que se está gestando después de que el presidente de Italia, Sergio Mattarella, encargara hoy formalmente al primer ministro dimisionario, Giuseppe Conte, que vuelva a formar Gobierno.

Pero esta vez sin la Liga y sin Salvini, que aún no se cree del todo que el órdago que lanzó en pleno verano, con el Parlamento y los políticos de vacaciones, le haya salido tan mal.

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El líder ultraderechista, que consiguió opacar a su socio de Gobierno y también vicepresidente de Italia, Luigo Di Maio, e incluso al primer ministro el último año, y que duplicó su popularidad con su política dura frente a la inmigración, creyó que había llegado su momento cuando, envalentonado por los sondeos electorales, dio por rota la coalición el 8 de agosto con el M5S, depositó una moción de censura contra Conte y pidió la convocatoria de elecciones.

Las encuestas le llegaban a dar hasta el 40 % de los votos en unos comicios generales - muy por encima del M5S que en marzo de 2018 fue el primer partido con un 33 % de los sufragios- y en alianza con el centroderecha de Forza Italia (el partido de Silvio Berlusconi) y los Hermanos de Italia podría tener mayoría absoluta y un gobierno de derechas con él como primer ministro.

No contaba con que el M5E y el PD, viejos enemigos acérrimos, se unieran para evitar esas elecciones y el surgimiento de un Gobierno entre la ultraderecha y la derecha, ni tampoco con el sentido de la responsabilidad de Conte, que al comparecer ante el Parlamento para la moción de censura que ni siquiera se llegó a votar, acusó a Salvini de anteponer sus intereses personales a los de Italia.

Las cosas empezaron a torcerse cuando sonaron las primeras voces a favor de un Gobierno del M5S y el PD, que tienen mayoría parlamentaria, y cuando los "grillinos" calificaron a Salvini de "traidor" y dijeron que ya no era un socio fiable.

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Todo el país vio como Salvini organizaba esta crisis desde la playa, en bañador bebiendo mojitos, o subido en una moto acuática, unas imágenes que subía a sus redes sociales jaleado por sus admiradores, pero que causaron una lamentable impresión general.

"No sabemos qué sucedió entre un mojito y otro. Han abierto una crisis en la playa, y la estamos trayendo al Parlamento porque es el lugar democrático para debatir", declaraba Luigi Di Maio acerca de su aún socio de Gobierno.

Salvini, asustado al ver el giro que tomaban los acontecimientos, insistió hasta el final en pedir elecciones, confiado en su victoria, pero también cambió de rumbo para pedir al Movimiento Cinco Estrellas que le volviera a admitir como socio.

Hasta el punto de que ayer Di Maio reconoció lo que se había comentado y desmentido: que Salvini le ofrecía ser primer ministro.

"Esperemos que este Gobierno no nazca. Un eventual Gobierno entre el Movimiento Cinco Estrellas y Partido Demócrata tiene en su enemigo, Salvini, el único hilo conductor", afirmó ayer el líder de la Liga después de acudir a las consultas de Mattarella con los partidos.

"Que me diga alguien, sin reírse, si el M5S y el PD pueden formar un Gobierno duradero. ¿No sería más fácil organizar una campaña electoral que dé una coalición fuerte para los próximos cinco años?", se preguntó.

Y no dudó en atribuir lo sucedido a una conspiración entre París, Berlín y Bruselas. "El presidente (Mattarella) quería un candidato a primer ministro, un programa y un equipo de Gobierno. Seguramente lo han encontrado en Biarritz", sostuvo, en alusión a la cumbre del Grupo de los Siete (G7) países más desarrollados que se ha celebrado en esa ciudad francesa, y adonde acudió en funciones Conte.

Salvini volvió hoy a la carga: "Un Gobierno basado solo en los sillones y en el odio no tendrá una vida larga. Para ellos, primero los sillones, para nosotros, ahora y siempre, primero los italianos", escribió. 

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