Acoso sexual: el nuevo dolor de cabeza de los conservadores británicos

Aunque parlamentarios laboristas también podrían estar involucrados, el nuevo escándalo sexual en Westminster tiene a la defensiva al partido del la primera ministra.

AFP

“La primer ministra ordenó una investigación y no me puedo adelantar a sus resultados”, dijo el portavoz de la premier británica, Theresa May, cuando los periodistas le preguntaron si el ministro Mark Garnier seguía siendo de la entera confianza de la mandataria.

Garnier, actual ministro de Comercio Internacional, es el político de más alto rango en verse involucrado en un nuevo escándalo de acoso sexual que sacude las casas del Parlamento británcio.

 Las primeras denuncias aparecieron la semana pasada en The Sun, donde se reportó la existencia de un grupo de Whasapp en el que secretarias, investigadoras y ayudantes de parlamentarios comentaban los abusos que habían sufrido por parte de sus superiores.

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Jeremy Coirbyn líder de la bancada laborista y cuyos copartidarios también podrían estar involucrados en el escándalo, se apresuró censurar los hechos y a describirlos como un producto de "la cultura degradante que existe y prospera en los bastidores del poder, incluso en Westminster".

Por su parte, Theresa May acompañó la promesa de que se tomarían las medidas correspondientes diciendo que "cualquier información sobre acosos sexuales es profundamente preocupante".

Entre las voces de condena que llegaban desde los extremos del espectro político, el ministro Garnier apreció en las páginas de The Mail on Sunday donde admitió haber usado un apodo ofensivo para referirse a una antigua secretaria y que, además, en una ocasión, la había llevado en un carro al sector de Soho. Allí le pidió que bajara del vehículo y se dirigiera a una de las sex shops del lugar para comprarle dos vibradores.

Garnier no es el único miembro del partido Conservador que salió a darse golpes de pecho. Stephen Crabb, que ya había protagonizado los titulares de la prensa cuando en julio de 2016, un escándalo sexual lo hizo dimitir de su cargo como ministro de Trabajo y Pensiones. Esta vez volvió a la esfera pública para admitir que, hace unos años, había enviado mensajes “explícitos” a una mujer de 19 años a la que había conocido en una entrevista de trabajo en 2013.

También le llovieron las críticas al secretario de ambiente, Michael Gove, quien comparó el programa radial del periodista John Humprhrys, donde iba a ser entrevistado, con el dormitorio del productor Harvey Weinstein quien, desde hace unas semanas se enfrenta a una serie de acusaciones de acoso sexual por parte de actrices y empleadas.

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En Twitter, Gove se disculpó por su “torpe intento de hacer humor”, algo que no ayudó mucho a resolver la tensión que ha provocado el escándalo desatado en el Parlamento.

Hoy, en el debate sobre el tema en la Cámara de los Comunes, la parlamentaria laborista Tulip Siddiq dijo que los casos de los de acoso en Westmisnter eran cientos, momentos después de que su colega, la conservadora Andrea Leadsom anunciara que fortalecería la línea confidencial que se había establecido desde 2014 para denunciar cualquier tipo de comportamiento inapropiado en el lugar de trabajo.

“Hay madres y padres que tienen hijas que estudian política y esperan conseguir un trabajo en  Westminster, ellos deben tener la confianza de que, si consiguen el trabajo, sus hijas no van a ser objeto de este tipo de comportamiento”, dijo el secretario de Salud, Jeremy Hunt, en una entrevista televisada, tal vez consiente del duro golpe que se podría estar cocinando en contra de la clase política de británica.