Médico colombiano en el terremoto de México

“Ahora lo clave es manejar las emociones”: Henry Rodríguez

El colombiano es el jefe de misión de Médicos Sin Fronteras en México. Coordina los equipos que están asistiendo a los mexicanos después del terremoto de 7,1 grados en la escala de Richter que causó importantes destrozos y cerca de 300 muertos.

Familiares de personas que vivían en edificios colapsados en la capital mexicana. / AFP

Aunque es la primera vez que Henry Rodríguez es testigo de un terremoto, este médico colombiano conoce varias tragedias humanas. Ha estado en guerras, epidemias y otras situaciones en Kenia, Somalia, Uganda, Bolivia y Honduras, entre otros países. Su trabajo comenzó hace 17 años en Colombia, cuando se vinculó con Médicos Sin Fronteras haciendo consultas en Caquetá y Putumayo, y luego se vinculó a la red internacional. “Esto es adictivo. Una vez entras al mundo humanitario, salirse es difícil”, explica.

Por eso el terremoto en México es otro reto más. Desde una sede improvisada de Médicos Sin Fronteras, pues la oficial quedó afectada por el sismo, coordina varios equipos que se distribuyen en Ciudad de México, Puebla y Morelos, las zonas más destrozadas por el sismo del martes 19 de septiembre, pero también están en Chiapas y Oaxaca, epicentros de la tragedia anterior: el terremoto del 8 de septiembre, que fue de 8,3 grados en la escala de Richter.

Rodríguez coordina la atención desde las colonias Roma y Condesa, dos de las más afectadas de Ciudad de México. Los equipos trabajan brindando apoyo médico y psicológico. “Esto es emocionalmente muy fuerte y lo más clave ahora es manejar las emociones. Hay que darle a la gente herramientas para manejar el shock que sigue a una tragedia de esta magnitud”.

Explica que el protocolo de la organización está claro. “Comenzamos dando apoyo psicosocial en zonas con estructuras colapsadas. MSF desplegó cuatro equipos conformado por trabajadores sociales y psicólogos. Estos binomios ayudan también a los familiares a sobrellevar y superar este tiempo de crisis y a la población a reforzar su capacidad de resiliencia”.

Rodríguez agrega desde la capital mexicana que la organización se adapta a las necesidades del lugar en donde están. Ahora en Ciudad de México, por ejemplo, se enfocan en la salud mental, pero también en proveer refugio a quienes no tienen casa. “Es caótica la situación. Ha sido muy difícil porque, aunque la solidaridad ha sido ejemplar y los mexicanos se han volcado a ayudar a sus connacionales, a veces tanta ayuda se convierte en una pesadilla: tantas manos no capacitadas ayudando a veces complican las cosas. Llegan civiles a los edificios colapsados sin protección o sin un plan, y eso dificulta las labores de los expertos”, explica.

La prioridad, señala, es salvar vidas y proveer refugio a quienes lo necesiten. “Es que la angustia que se vive acá es muy grande: la gente quiere volver a su casa a buscar pertenencias, pero por seguridad no los dejan pasar. Sus edificios pueden colapsar en cualquier momento. A eso se suma que hay que vivir durante un tiempo en refugios, porque el daño estructural es bien grande y apenas se está evaluando con expertos cuánto puede durar esto”.

Para manejar el shock del terremoto intentan no abrir heridas y explicarle a la gente que hay que seguir adelante, darle herramientas para que no enfocarse en lo que perdieron, sino en las oportunidades que siguen.