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Fuerzas armadas y política

América Latina y sus militares de bolsillo

La cada vez más activa presencia de los militares en la toma de decisiones de los países de América Latina ha reabierto un debate sobre el papel que los ejércitos deben tener en sus países. Expertos afirman que los presidentes acuden a las Fuerzas Armadas cuando se ven debilitados políticamente.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, convocó a las Fuerzas Militares de su país a que ingresaran a la sede del Parlamento. / EFE

El día que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, pidió a las Fuerzas Militares de su país que lo escoltaran a la sede del Parlamento para presionar por la aprobación de un polémico plan de seguridad hizo más que amedrentar a sus adversarios políticos: dejó claro que los soldados no se han ido jamás de la sombra del poder en su país.

La imagen de Bukele, escoltado por soldados con sus fusiles en los hombros, recordó en el país centroamericano una época que se pensaba olvidada. El Salvador vivió cerca de cuarenta años en una dictadura militar y, tras una sangrienta guerra civil, llegó la democracia en los años 80.

Pero lo ocurrido en El Salvador es apenas un síntoma de algo que se viene presentando en América Latina en los últimos meses, que concuerda con un momento de desestabilidad política en la región. Las fotografías de los gobernantes acompañados y apoyados fielmente por soldados y militares, que se pensaban olvidadas tras las lecciones que dejaron las dictaduras, regresaron a países como Chile, Ecuador, Perú y Bolivia.

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Si bien cerca del 90 % de los latinoamericanos viven en regímenes democráticos, podría decirse que esta no es la mejor época para este sistema de gobierno. El descontento popular en los países es cada vez mayor, las economías no despegan y los gobernantes son sumamente impopulares. Hay una evidente crisis de legitimidad democrática, pues el 70 % de los ciudadanos de la región piensa que se gobierna para una minoría, de acuerdo con la última encuesta Latinobarómetro.

“Hoy en día, cuando los partidos políticos vienen arrastrando años de desprestigio y poca capacidad de representación, y vivimos procesos de polarización ideológica cercana a los extremos, las instituciones del Estado y la capacidad de la sociedad civil se resienten”, explica a El Espectador Víctor M. Mijares, profesor e investigador de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

Esta crisis de representación a la que se refiere Mijares se hizo evidente en las protestas de finales de 2019, que se extendieron en varios países de la región. El simbolismo en el mundo militar es muy importante, y a medida que las manifestaciones crecían en intensidad, los presidentes de Chile, Perú y Ecuador aparecieron en televisión rodeados de tropas uniformadas para demostrarles, no solo a sus opositores, sino también a la ciudadanía, que todavía estaban al mando.

“El poder civil cuando ha sentido debilidad ha recurrido a los militares para mantener el orden institucional”, afirma Javier Rincón, profesor de derecho constitucional de la Universidad Javeriana y director del Observatorio de Derecho Militar de Colombia. “El riesgo es que introducir armas en la política, por experiencia, no termina bien, pues se les da demasiado poder a quienes deberían ser neutrales”, agrega el académico.

La reacción de los militares en Chile, Ecuador y Bolivia, así como el poder que han ganado en Brasil, Venezuela y algunos países centroamericanos, hizo que varios académicos y periodistas recordaran las épocas de las dictaduras y los regímenes autoritarios del siglo XX y se apresuraran a declarar que en América Latina se había dado “un regreso del militarismo”.

“Algunas protestas se han hecho susceptibles a ser secuestradas por fuerzas radicales. Otras se enfrentan al radicalismo instalado en el Estado. Allí reemergen los militares como un supuesto pilar de orden en sociedades turbulentas”, opina Mijares.

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Históricamente, los ejércitos latinoamericanos desempeñaron un papel dominante en los asuntos políticos de sus países. En varios momentos a lo largo de los siglos XIX y XX, los militares se tomaron el poder para “salvarlos” de las amenazas a la estabilidad política interna.

Antes de la década de 1960, los golpes militares a menudo servían como eventos estabilizadores y de transición: intervenciones breves seguidas de un retorno a la democracia. Fue en la década de 1960, cuando la Escuela Superior de Guerra de Brasil (Colegio Nacional de Guerra) estableció su “doctrina de seguridad nacional”, que la noción de que los militares deberían gobernar directamente se generalizó. Esta idea se extendió en gran parte de la región y en 1977 todos menos cuatro países latinoamericanos eran dictaduras.

Sin embargo, Javier Rincón explica que a diferencia de lo que ocurrió en el siglo pasado, el rol de los militares en estas crisis políticas ha variado, pues “no se ha evidenciado un interés real por parte de las fuerzas armadas de llegar al poder”. De acuerdo con el experto, el mejor ejemplo de ello fue en Bolivia, donde los soldados pidieron al presidente que renunciara, pero una vez lo hizo, regresaron a sus cuarteles.

“La intervención militar de los militares en estos procesos de América Latina no ha sido, salvo en Bolivia, por una iniciativa propia para llegar al poder, sino porque han sido llamados por los gobernantes en un momento de debilidad”, agrega el experto.

Aunque parecieran distantes, los casos de Bolivia, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y ahora El Salvador tienen un factor común, de acuerdo con Marta Lagos, directora de la encuesta regional Latinobarómetro, pues hay una “crisis de la democracia”, una profunda brecha entre los ciudadanos y sus gobernantes.

“Nuestros datos mostraban desde hace cinco años que había un descontento generalizado en la región. Hay una percepción de estancamiento y de que las cosas no iban bien, tanto en el ámbito político como en el económico y en lo social”, cuenta Lagos a El Espectador.

Y al mismo tiempo que la fe de los latinoamericanos en las instituciones democráticas ha disminuido, la imagen de las fuerzas armadas se ha disparado positivamente en muchos países de la región. La encuesta más reciente de Latinobarómetro reveló que las fuerzas armadas cuentan con un importante apoyo en países como Chile, Argentina, Colombia, Brasil y México. Las razones son variadas, pero entre ellas está el haber asumido roles no tradicionales, que le correspondían al Estado.

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“La ausencia de grandes conflictos internacionales en la mayor parte de la historia de la región fomentó fuerzas armadas orientadas más hacia el interior que hacia el exterior. Además, la debilidad de las instituciones republicanas, surgidas luego de la ruptura del lazo colonial, dejó en manos de los militares una parte importante de la responsabilidad de gobernabilidad”, afirma el profesor Mijares.

Debido a que las instituciones civiles no pudieron (o no quisieron) abordar varios desafíos sociales, económicos y de seguridad, a menudo recurrieron a los militares como la única institución capaz de proporcionar remedios a corto plazo.

Ejemplos hay muchos, ya sea proporcionar la seguridad en Colombia, la recolección de basura o seguridad penitenciaria en Uruguay, funciones de aplicación de la ley en América Central, México y Brasil, supervisión de proyectos de infraestructura en Perú, programas de acción cívica en América Central o respuesta a desastres naturales, los militares latinoamericanos han asumido una mayor responsabilidad de la que deberían.

“La crisis de legitimidad hace que los gobiernos se debiliten y recurran a las fuerzas armadas para legitimarse y desarrollar sus políticas”, explica Javier Rincón, del Observatorio de Derecho Militar.

Pero en estos casos hay también riesgos. Algunos de los gobiernos de la región han cedido a otorgarle a las fuerzas militares poderes mayores a los que ya ostentaban, siendo los casos más llamativos los de Venezuela, Nicaragua y Cuba. En estos países los militares están profundamente involucrados en la mayoría de los aspectos del gobierno y la economía.

El caso de Venezuela es quizás el más conocido y documentado de los últimos años. En el gabinete del presidente Nicolás Maduro hay siete ministros que son miembros de las Fuerzas Armadas. Dos de ellos, Vladimir Padrino López (Defensa) y Néstor Reverol (Obras Públicas), hacen parte del Consejo de Ministros, que reúne al presidente, su vicepresidente y los funcionarios más importantes del gobierno.

Sin embargo, de acuerdo con Mijares, más que un régimen militar, en Venezuela lo que hay es un ejército subordinado al partido hegemónico, en este caso el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que ejerce un fuerte control sobre los militares. El experto recuerda la fallida insurrección militar del 30 de abril de 2019 como uno de los momentos en donde esto quedó en evidencia.

“El 30 de abril de 2019 la operación que logró la liberación de Leopoldo López no activó un efecto dominó que condujese a una rebelión militar porque el partido de gobierno, por medio de sus servicios de inteligencia y contrainteligencia, ha logrado desarticular a las fuerzas armadas”.

Si bien el caso de Venezuela podría considerarse extremo, varios políticos y organizaciones internacionales han elevado su preocupación por el papel que los militares puedan tener para “atajar” las crisis internas de sus países, pues no se sabe hasta qué punto podrían autorregularse, como sucedió en Bolivia.

Pero además de esto, la encuesta de Latinobarómetro muestra un preocupante aumento en el apoyo a hipotéticos golpes militares en América Latina. El 39 % de los latinoamericanos manifestaron estar a favor de un golpe si este buscaba acabar con el crimen y un 37 % está de acuerdo con que haya una insurrección si se da un gobierno con alta corrupción. Números altos en una región que todavía busca recuperarse del daño que las dictaduras y el autoritarismo militar dejaron en su historia.

 

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2020-02-16T19:00:00-05:00

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2020-02-17T12:25:24-05:00

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Jesús Mesa / @JesusMesa

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América Latina y sus militares de bolsillo

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