Así está India 90 años después de la Marcha de la Sal, liderada por Gandhi

El 12 de marzo de 1930 empezó la manifestación que empezó el proceso independentista de India. Mahatma Gandhi, a través de su política de no violencia, contagió a decenas de miles de indios que se rebelaron al imperio británico. Lo que quedó fue un país ambiguo, con una economía prometedora, pero con marcadas diferencias sociales y altos índices de pobreza.

India es la democracia más grande del mundo, con 900 millones de personas capacitadas para votar. AFP

Hoy se cumple el 90 aniversario del inicio de la Marcha de la Sal, uno de los acontecimientos más importantes en la historia independentista de India. El protagonista fue Mahatma Gandhi, el líder que llamó a una desobediencia civil contra el Raj británico, promoviendo posiblemente el primer movimiento no violento exitoso del mundo. Eso sí, diferentes expertos aseguran que los valores que se promovieron y se cimentaron en el momento están tambaleándose con el actual gobierno de Nerendra Modi.  

La situación política y económica de los indios era muy complicada, pues los británicos habían construido un monopolio con la producción de sal, prohibiéndole al resto vender sal de manera independiente. En 1930 Gandhi empezó a cuestionar esta política, partiendo de un concepto tan simple como el de la verdad. Según el líder indio, al hablar de ese término no se debía hacer referencia a lo "preciso", sino a lo "justo". La recepción de sus ideas fue masiva, por lo que desde ese año salió de su ashram, ubicado en Ahmedabad, hacia la ciudad de Dandi en el Mar Arábigo. 

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Los dos meses siguientes meses la protesta se mantuvo. En mayo, Gandhi fue detenido y enviado a prisión, al igual que miles de indios durante esas semanas. El hecho desató un apoyo impresionante, por lo que a la marcha se sumaron decenas de miles. Eso sí, se estima que la represión dejó cerca de 60.000 personas en prisión.  Justo ese mensaje de no violencia y de aferrarse a la verdad fue el gran aporte de Gandhi a la independencia de India, lograda en 1947. 

Ahora, lo que queda de aquella manifestación es confuso. Por un lado el país, presidido por Nerendra Modi, cuenta con la democracia más grande del mundo y una economía prominente. Por el otro, en términos sociales, hay una crisis latente de pobreza y desigualdad. Las minorías sufren y sistemáticamente se vulneran derechos humanos, según organismos internacionale. 

La India que queda

 

Por que sí, el crecimiento del país ha sido exponencial desde 1947, cuando alcanzó su independencia. Mientras la geopolítica se movía alrededor de Estados Unidos, China y Rusia, India fue creciendo en silencio hasta convertirse en un gigante capaz de competirle a cualquiera. Actualmente cuenta con uno de los sectores tecnológicos más desarrollados y, según la consultora internacional PwC, para 2050 el país será la segunda economía más grande del mundo, superando a Estados Unidos y quedando solo por debajo de China.

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Sin embargo, India sigue siendo un país lleno de ambigüedades, donde conviven dos mundos completamente diferentes y extremos: progreso y pobreza. Hasta hace unos años, el país tenía setenta millones de personas que vivían en la extrema pobreza; es decir, con menos de US$1,90 al día. 

Tener un sector tecnológico tan avanzado conlleva ciertos peligros en una sociedad tan grande como la india. Desde hace un tiempo el país padece vastas campañas de desinformación, hechas por partidos políticos, con el fin de influir en decisiones puntuales de la población. Un estudio publicado en 2016 del think tank Developing Societies reveló que si bien un 57 % de personas se informa con los noticieros, un 18 % (porcentaje que cada vez crece más) lo hace en las redes sociales.

Solo Whatsapp es usado por cerca de 230 millones de usuarios en el país, mientras que 270 millones usan Facebook, por lo que ambos son un espacio ideal para la propagación de contenido falso. También cuentan con aplicaciones propias de mensajería como Share Chat, que tiene cuarenta millones de usuarios y Helo, con 25. Según The Atlantic, un sexto de los usuarios que usan Whatsapp hacen parte de grupos creados por partidos políticos para difundir su propaganda.

Desde el punto de vista social, las cosas tampoco han salido bien. Hace unos meses el gobierno de India presentó una polémica enmienda legal dirigida a otorgar la ciudadanía a inmigrantes de países vecinos en base a su religión, excluyendo a los musulmanes, lo que ha desatado protestas de todo tipo, pues algunos consideran que el proyecto va en contra de la fundación laica del gigante asiático, mientras que otros rechazan la idea de recibir más personas. 

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"En Afganistán, Pakistán y Bangladesh, los hindúes, sijs, budistas, cristianos, parsis y jainistas son discriminados. Esta ley dará a esas personas que son perseguidas la ciudadanía", dijo en su momento el ministro del Interior, Amit Shah, en la Cámara Baja (Lok Sabha) del Parlamento indio.

Uno de los argumentos a los que recurrió Shah durante la presentación de la legislación es que esos tres países reconocen como religión de estado al islam, profesada por el 14,6 % de la población india.

De acuerdo con la enmienda, el Gobierno quiere otorgar la ciudadanía a los inmigrantes pertenecientes a esas minorías llegados a la India antes del 31 de diciembre de 2014.

"No podemos aceptar esta ley porque la infiltración de inmigrantes extranjeros en Assam, y en todo el noreste, es un serio problema", dijo a Efe Lurinjyoti Gogoi, secretario general de la Unión de Estudiantes del estado de Assam (AASU).

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redacción internacional

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