Rebecca Crookshank es actriz y escritora

Así le fue a una mujer en las fuerzas armadas británicas

Una mujer en Inglaterra se atrevió a publicar las fotos de los abusos sexuales que sufrió cuando hizo parte de las fuerzas armadas. Denunció en voz alta ahora, años después, desde su nueva vida en la escritura y las tablas.

Rebecca Crookshank examinó cuidadosamente cada una de sus posibilidades. La primera, y la que más le interesaba, era escribir. Pero eso significaba correr muchos riesgos. Qué tal que su escritura no fuera suficiente para pagar las cuentas; qué tal que ni siquiera fuera la escritura su talento. Era muy pronto para saber eso y cualquier cosa. Apenas se graduaba del colegio y tenía que decidir, como todas, su futuro.

La otra opción consistía en inscribirse en una carrera interesante, divertida, en alguna universidad, pero en Playmouth, Devon, un pueblo en la costa, en el sur de Inglaterra, los prospectos de carreras para las mujeres no son “muy emocionantes” y su familia no tenía tanto dinero.

La tercera opción se reducía a seguir el camino de su papá y su abuelo, quienes hicieron parte de la Marina. “Pensé inocentemente que unirme a las fuerzas armadas sería una aventura, que me permitiría ver el mundo mientras ganaba un salario. Me inspiré en las mujeres de uniforme azul, las de la Segunda Guerra Mundial. Pensé que eran valientes y quería ser como ellas”, cuenta.

Y la tercera es la vencida. El problema es que en Inglaterra, cuatro de cada diez mujeres son víctimas de acoso sexual en las fuerzas armadas, según el estudio más reciente del Ministerio de Defensa británico.

El 33 % de las mujeres encuestadas dentro de dicho informe afirmaron que alguien había hecho comentarios inapropiados, refiriéndose a asuntos sexuales. En comparación, sólo el 6 % de los hombres se quejaron de algo parecido.

No pasa sólo en Inglaterra. En Estados Unidos, un estudio de 2011 encontró que es más probable que las mujeres resulten violadas que asesinadas en medio de la guerra una vez entran a las fuerzas armadas. Y según un estudio de ONU Mujeres, las fuerzas armadas son un espacio hostil para las mujeres en todo el mundo.

“Los altos mandos explotaban su poder en los entrenamientos básicos. Éramos muy jóvenes y estábamos impresionadas por los instructores. Muchas veces fui testigo de cómo cruzaban la línea con mis amigas. Fue cuando me enviaron a las Islas Malvinas, en el 2001, y era la única mujer entre 28 hombres. Era un tiempo oscuro. Tenía 21 años. Cuando aterricé en el helicóptero fui recibida por una línea de hombres en el helipuerto mostrando su trasero.

Entonces fui sometida a una ceremonia de iniciación, en donde los hombres estaban desnudos con nada más que guantes de goma en sus genitales. Yo estaba completamente vestida. Me levantaban, me apretaban y me lanzaban como un objeto. Luego tuve que pasar cuatro semanas con ellos, en cuartos muy pequeños. Algunos estaban claramente incómodos con el comportamiento de los otros, pero estaban demasiado asustados para hablar. Cerré mi puerta por la noche para impedir que entraran, pero golpeaban implacablemente. Un día, para hacerme una ‘broma’, me dejaron maniatada por horas a una cama”.

Tan pronto pudo, Crookshank dejó las fuerzas armadas y se dedicó a hacer, al fin, lo que quería. “Dejé la milicia poco tiempo después de haber sido enviada a las Islas Malvinas. Durante muchos años sentí rabia y esa rabia se manfestaba de maneras que no podía entender. Así que me refugié en las artes y el teatro”.

En efecto, Crookshank escribió un monólogo llamado Whiskey tango foxtrot, en donde exploraba parte de su experiencia en la milicia. Como resultado, muchas mujeres se empezaron a acercar a para contarle experiencias similares. Eso la llenó de motivación, a pesar de que también recibió comentarios de antiguos compañeros desconociendo lo sucedido. “Sabía que tenía que hablar por las mujeres y también por los hombres que sufren de abuso sexual, por la próxima generación, para aquellos que simplemente quieren hacer su trabajo y son abusados sexualmente, intimidados o acosados en su intento de hacerlo. Esto todavía está sucediendo en instituciones en todo el mundo y tiene que haber una tolerancia cero”.

Por eso decidió publicar las fotografías y así poner el tema sobre la mesa, sobre todo, para hablarles a los hombres incrédulos o a quienes intentaron desmentirla. “El abuso también sucede a otros géneros en el ejército y animo a cualquiera a hablar. Cuando los hombres abracen el pensamiento y la práctica feminista, que enfatiza el valor del crecimiento mutuo, en todas las relaciones, su bienestar emocional será mejor, el mundo será un lugar mejor”.