Requirió mucha diplomacia y paciencia

Así se concretó la visita del papa Francisco a Colombia

Publicamos un fragmento del libro “Un tinto con el papa Francisco” (Editorial Planeta), escrito por el periodista Néstor Pongutá, radicado en Roma y corresponsal en el Vaticano.

En Colombia se necesita memoria del pasado, coraje para el presente y esperanza del futuro”, dice el papa Francisco en el libro editado por Planeta. / EFE

Los antecedentes de una posible visita del santo padre comenzaron el 2 de abril de 2015, cuando se conoció la carta del secretario de Estado del Vaticano, en nombre del papa Francisco, al presidente de la Conferencia Episcopal colombiana, en la que le anunciaba que “el Santo Padre espera poder visitar a los colombianos durante uno de sus viajes a América Latina, para llevarles personalmente el mensaje de paz”. A partir de esa fecha comenzaron las hipótesis y anuncios de posibles fechas. De nuevo, el polarizado país reaccionó en torno a una voluntad expresada por el obispo de Roma, aún sin confirmar, y sin más detalles que su anhelo de visitar el país en pleno proceso de negociación con las Farc. (Visita el especial de la llegada del papa a Colombia)

Mientras el presidente Juan Manuel Santos celebraba el anuncio de la posible visita del santo padre diciendo que Colombia lo recibiría como mensajero de paz con brazos y corazón abiertos, el expresidente Álvaro Uribe escribió en Twitter: “Con papa Francisco en visita pastoral a Colombia, no política. Mensajero de paz sin impunidad”. Inmediatamente, el representante del papa en Bogotá, el nuncio Ettore Balestrero, aclaró que seguramente no sería ese año y que había que esperar noticias más concretas.

Después se conoció una declaración del secretario de Estado del Vaticano aseverando que, aunque el santo padre estaba pendiente de la situación en Colombia, hasta ahora no había ninguna confirmación cercana de su visita. Luego, el 15 de junio de 2015, el presidente Santos estuvo en Roma en audiencia con el papa Francisco y le pidió que lo ayudara a sacar adelante la reconciliación. Aunque obtuvo toda la disposición del pontífice, no se tocó a profundidad la posible visita a Colombia.

Del 5 al 13 de julio de 2015, el papa visitó Ecuador, Bolivia y Paraguay, pero a pesar de que se hicieron gestiones secretas para lograr un posible paso por Colombia, esa idea no prosperó. En su viaje de regreso a Roma destacó que le preocupaba que el proceso se detuviera, que rezaba porque avanzaran las negociaciones y, aunque hubo un respaldo concreto al proceso de paz, no se habló en ningún momento de la visita al país. Lo mismo ocurrió en septiembre, en su paso por Cuba, pero cada vez eran más evidentes y contundentes las palabras de apoyo y respaldo al proceso de paz.

Mientras tanto, la Conferencia Episcopal, al mando del arzobispo de Tunja, monseñor Augusto Castro, seguía buscando la unidad entre la Iglesia colombiana y, a través del trabajo pastoral, concientizando a los colombianos de los beneficios que traería el éxito del proceso de paz y la visita del santo padre, subrayando siempre que sería una visita de carácter pastoral.

El 23 de septiembre de 2015, en La Habana, se había firmado el acuerdo de justicia entre las Farc y el Gobierno colombiano y, desde la isla, el presidente Santos, quien inicialmente había dicho que no era amigo de poner plazos fijos, aseguró que junto a Timochenko habían establecido que seis meses después, es decir, el 23 de marzo del 2016, sería la fecha límite para firmar el acuerdo definitivo que le pusiera punto final al conflicto armado interno y así acabar con la última y más larga guerra de Colombia y América Latina.

Nuevamente las esperanzas crecieron y la comunidad internacional rodeó a Colombia y expresó su apoyo, destacando la voluntad de paz de las dos partes. Los obispos colombianos dijeron que este era un momento histórico para el país, pero que no había que ponerle tintes políticos diciendo que el apoyo del papa era para el Gobierno y en contra de los que se oponían a las negociaciones con las Farc. Nuevamente, tanto el cardenal Rubén Salazar como el arzobispo Castro subrayaron que el papa Francisco vendría a Colombia en una visita pastoral y no política.

Mientras tanto, yo seguía en Roma buscando cómo confirmar la noticia de la visita del papa Francisco. En esos días, al inicio de octubre de 2015, se hablaba de una posible visita del papa a México, pero tampoco había confirmación. El 3 de octubre, en la víspera del inicio del sínodo sobre la familia, una noticia alteró la calma: el monseñor polaco Krystztof Charamsa, quien hacía parte de la Congregación para la Doctrina y la Fe, confesó en una entrevista que era orgullosamente homosexual y que tenía un novio con quien mantenía una relación feliz y estable. Esta revelación le significó ser separado del Vaticano. Por esos días se percibía la tensión entre los muros leoninos porque para muchos se trataba de una acción más para sabotear las reformas del papa Francisco.

En una rueda de prensa donde se hablaría de ese tema, así como de las conclusiones del sínodo, estaba al aire en la W Radio y me preguntaron si al fin había viaje a México o no. Vi que cerca de mí estaba el portavoz Federico Lombardi, así que le pregunté sobre el tema, pero, en medio del afán, pasé por alto advertirle que estaba en directo. Cuando se dio cuenta se indispuso y me dijo que así no me respondía. Esas palabras salieron al aire y alcancé a preocuparme de que el padre Lombardi se hubiera molestado conmigo.

Esperé a que se bajara la temperatura y lo volví a buscar. Le pedí excusas por no haberle avisado que estaba transmitiendo en directo y le reiteré que en ningún momento había actuado de mala fe. Sonrió y me dijo: “No te preocupes, seguimos siendo amigos”. Luego, ya más tranquilo, le pregunté por la posibilidad del viaje a México. Me confirmó que se estaban ultimando detalles y sobre el viaje a Colombia me dijo que, aunque el papa Francisco tenía a Colombia en el corazón y que en diferentes ocasiones se había referido en público a la situación y el proceso de paz, por el momento no había ningún plan para organizar esa visita apostólica.

Al final de ese octubre de 2015 me reuní en Roma con el presidente del Celam y arzobispo de Bogotá, cardenal Rubén Salazar, para hablar de su visita y saber si había noticias nuevas sobre el anuncio del viaje apostólico a Colombia. Me dijo que, a pesar de las dificultades en La Habana, la Iglesia colombiana compartía la necesidad de finalizar el conflicto armado, porque si se lograba habría más tiempo para trabajar unidos, junto con la sociedad colombiana, por un mejor país. Le pregunté nuevamente por la visita a Colombia y me dijo: “El papa Francisco ya ha expresado su voluntad de llevarnos sus bendiciones a Colombia, pero no la veo posible para 2016”.

Del 25 al 30 de noviembre de 2015 el papa Francisco visitaba África (Kenia, Uganda y República Centroafricana). Este último país era considerado uno de los viajes más riesgosos debido al violento enfrentamiento de los musulmanes contra los cristianos. Incluso Francia, que controla ese país, dijo que era muy difícil garantizar la seguridad del santo padre. Al comenzar el trayecto, y en el momento del saludo del papa Francisco, le preguntaron si tenía miedo y respondió: “En realidad sí, les tengo mucho miedo a los mosquitos”.

Durante ese viaje yo estaba en el grupo de periodistas en el avión papal Pastor Uno. El 17 de diciembre, W Radio haría un homenaje a los soldados heridos en combate y pensé que era la oportunidad para conseguir del santo padre una bendición y un mensaje para la reconciliación en Colombia. Cuando llegó hasta mi puesto a saludarme yo ya le había advertido a su equipo de prensa que quería solicitarle esas palabras. Me dijeron que, aunque no era un espacio para entrevistas, podía intentarlo. Saludé al papa Francisco, le conté del homenaje y le dije que seguramente, además de las casas y ayuda económica, los militares heridos en esa guerra recibirían felices sus palabras.

El papa miró a sus colaboradores, volvió hacia mí, cerró los ojos y me dijo: “Envío un gran saludo a ellos y deseando que el mes de marzo sea una aurora para Colombia, una aurora de paz”. Me sorprendió gratamente que el pontífice tuviera claro que había un plazo establecido para llegar al final del conflicto con las Farc y que Colombia estaba en su mente. Sólo unos instantes después de que transmitiéramos este mensaje, el presidente Juan Manuel Santos escribió en su cuenta de Twitter: “Santidad, sus deseos son instrucciones para nosotros. Trabajamos para que en marzo brille aurora de paz”. Aunque fueron más las voces que celebraron esas alentadoras palabras del sumo pontífice, en redes sociales también opositores del proceso criticaban e insistían en que el papa Francisco les estaba haciendo juego a las negociaciones con las Farc.

Al final, terminó 2015 sin noticias de la posible visita y el 2016 comenzó con un gran anuncio para Colombia. Después de 37 años se pensionaba el director de los viajes papales, Alberto Gasbarri, y en su lugar el papa Francisco nominó al diplomático de la Santa Sede, monseñor Mauricio Rueda Beltz, nacido en Bogotá en 1970. El director de los viajes papales es la persona encargada de agendar y preparar las próximas visitas apostólicas y no podía ser sólo coincidencia que, para un cargo tan influyente y apetecido por muchos, hubieran escogido a un prelado colombiano.

Aunque por esos días no se hablaba nada del viaje apostólico, las señales seguían anunciando la posibilidad de una visita del papa Francisco a Colombia. El 22 de enero, en el Palacio Apostólico, el sumo pontífice recibió al nuncio en Bogotá, Ettore Balestrero, acompañado de la cúpula de la Iglesia colombiana: el arzobispo de Bogotá y presidente del Celam, cardenal Rubén Salazar; el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Augusto Castro; el vicepresidente del episcopado y arzobispo de Villavicencio, Óscar Urbina, y el secretario de la Conferencia Episcopal, monseñor Daniel Falla, quienes le llevaron una propuesta de agenda que incluía Tunja, Chocó y Barranquilla, ciudades que al final quedaron por fuera del periplo oficial.

Cuando terminó ese encuentro, el cual estaba cubriendo, recibí una llamada de un prelado del Vaticano quien me informó que monseñor Castro contaría detalles del encuentro con el papa Francisco a la una de la tarde al frente de la sala de prensa en la Vía de la Conciliacion 52. Junto con otros colegas de agencias internacionales y medios de la Sala Stampa, estuvimos allí puntuales. Unos minutos después llegó monseñor Castro con cara de satisfacción y dijo: “El papa irá a Colombia y posiblemente será en el primer trimestre de 2017”. Indicó que Francisco estaba muy feliz de poder ir al país y que serían cuatro o cinco días; sin embargo, no había fecha ni lugares exactos donde iba a estar el santo padre.

Un medio colombiano llamó a la Sala Stampa a preguntar sobre este anuncio y, como es normal, respondieron que no había ninguna agenda oficial de la visita del papa Francisco a Colombia. De nuevo comenzaron las suspicacias en algunos sectores e incluso llegaron a decir que lo del viaje del papa a Colombia era “puro cuento”, y aunque hubo miembros de la Iglesia y hasta de la diplomacia colombiana que se oponían, el hecho es que el papa Francisco viene a Colombia y visitará cuatro ciudades donde se espera que deje una honda huella.