Jeanine Añez, nueva presidenta de Bolivia

Así ven la crisis los ciudadanos bolivianos

El convulso desarrollo de los acontecimientos políticos en Bolivia tiene en vilo a los ciudadanos y, con la salida de Evo Morales de la presidencia, el clima de polarización se intensificó.El Espectador habló con algunos de ellos para conocer su posición y la proyección que tienen del país.

Durante la última semana se han presentado masivas manifestaciones a favor y en contra de la renuncia de Evo Morales en las grandes ciudades de Bolivia. / AFP

La salida de Evo Morales de la Presidencia de Bolivia marcó un momento histórico en la historia de ese país no solo porque se rompe un período de catorce años de estabilidad (entre 2001 y 2005 Bolivia tuvo cinco presidentes), sino porque el país está más dividido que nunca. Los dados se jugaron el pasado martes, cuando el Congreso, a pesar de no contar con el quórum necesario, eligió a la senadora opositora Jeanine Áñez como presidenta interina del país.

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La decisión, que se tomó en aras de “la necesidad de crear un clima de paz social”, según el órgano legislativo, pesa tanto como el argumento que la soporta y deberá lograr conciliar dos posiciones que, como suele ocurrir por estos días en casi todos los países del mundo, están a una distancia ideológica muy complicada.

El rostro indígena

Por un lado están los indígenas, una población clave en Bolivia, teniendo en cuenta que fue la bandera a defender de Morales. El pasado martes miles de partidarios del exmandatario se manifestaron en La Paz portando la “whipala”, una bandera que representa a los indígenas del país, con cánticos que exigían respeto a esa enseña y que en la distancia pedían su regreso, al poco de que aterrizara en su exilio en México. “¡La whipala se respeta!”, coreaba una multitud que se organizó en El Alto, la ciudad del altiplano vecina de La Paz, con innumerables enseñas cuadriculadas y multicolores que se asocian con centenarias luchas indígenas.

La whipala, que representa la diversidad cultural del país, es considerada un símbolo patrio por la Constitución promulgada en 2009 por Morales, el primer presidente indígena salido de las urnas en Bolivia y uno de los pocos en la historia de América Latina. Durante la manifestación, además, aprovecharon para mostrar su rechazo a la designación de Áñez como nueva mandataria interina, pues no perdonan unos supuestos dichos despectivos suyos contra la población de El Alto, la segunda mayor ciudad de Bolivia, con casi un millón de habitantes.

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Enriqueta Obando, una mujer de El Alto afirmó: “El pueblo está dolido, lo han lastimado y lo han hecho sangrar. Las logias de derecha que están en Santa Cruz, empoderadas de nuestro territorio y de nuestras riquezas, nos quieren humillar y quieren pisotear nuestros derechos como ciudadanos. Nosotros somos los ciudadanos, los reales soberanos aquí y vamos a hacer respetar nuestras luchas. Por eso estamos aquí, porque no nos vamos a arrodillar a aquellos que siempre nos han manejado”.

En Desaguadero, ciudad boliviana en la frontera con Perú, las tiendas están cerradas. Sin embargo, hay grupos de personas que durante los pasados días salieron a las calles a evitar que se destruyera lo que alguna vez construyó Morales. “Estoy preparado para defender a Evo”, afirmó Wilfredo, de 18 años, quien prefirió no dar su verdadero nombre. “No renunció, fue un golpe de Estado. Eso está clarísimo. Vienen tipos de allá, de La Paz, para destruir todo. Todos los edificios bonitos, las escuelas que nos construyó Evo. Nos vamos a defender”, afirmó, sin precisar quiénes son los “tipos” a los que hace referencia.

“El fraude nos ha dejado heridos”

Otro sector grande de la sociedad ve de manera diferente las cosas. Pompeyana Bonifaz, boliviana que reside en Santa Cruz, le aseguró a este diario que el problema se venía gestando desde hace años y que hubo momentos imperdonables en la presidencia de Morales.

“Independientemente de quién está gobernando, si lo hizo bien o mal, creo que en el 2016 se puso a disposición el referéndum en el que se nos preguntaba si estábamos de acuerdo en permitir elecciones indefinidas. Más del 51 % había dicho que no, pero a través de recursos judiciales lograron ignorar la voluntad popular”, señaló.

El mismo punto lo comparte Diana Pérez*, ciudadana de Cochabamba: “Nunca estuve de acuerdo con la presidencia de Evo Morales y nunca voté por él. Y no por prejuicios de un racismo que él se encargó de agudizar y magnificar, sino por la forma casi delictiva en que llegó al poder. Cuando fue elegido presidente, escuchar su discurso inaugural fue lapidario y muy revelador. Nunca había oído yo esa sucesión de mentiras y falsos mitos sobre la historia de Bolivia, ni a nadie proyectar tanto resentimiento, a pesar de que, sospechosamente, repetía una y otra vez que llegaba sin resentimientos”.

Marianela García, otra ciudadana de Santa Cruz consultada por este diario, que durante las noches posteriores a la renuncia del expresidente se mantuvo resguardada en su casa por el caos de la calle, concuerda con Bonifaz: “A pesar de que en sus primeras gestiones Morales hizo cambios sociales notables, se notó que su intención era perpetuarse en el poder. La corrupción y la impunidad para personas del gobierno fue enorme y descarada. Modificó la Constitución solo para poder ser reelegido. Pero todo llegó al punto más lamentable cuando pasó por encima del resultado del referéndum del 21 de febrero”.

Bonifaz, por su parte, agrega: “Nuestra diversidad es también nuestra fortaleza, pero el discurso iba en otro sentido, porque se utilizaba esto con argumentos de discriminación, y esto era solamente un discurso que sabemos que debemos dejar atrás. Yo en lo personal respeto la forma de pensar de cada persona. Si realmente las elecciones se hubieran llevado a cabo de una manera transparente creo que la gente no hubiera tenido de otra que respetar. La diferencia es que este fraude nos ha dejado heridos, entonces no lo podemos permitir”.

¿Cuáles son las exigencias con Evo Morales fuera de la presidencia? Para García son imprescindibles algunos cambios: “A pesar de que el SUS (Sistema Único de Salud) está vigente, no es completo, y no tenemos hospitales suficientes que puedan resolver las necesidades del pueblo. Es necesario que se tomen en cuenta también las necesidades básicas de las mujeres, como la legalización del aborto, no sin antes dar educación sexual integral en los colegios. Que los pueblos indígenas sean visibilizados. Una ley o algo que proteja la flora y fauna de Bolivia, que realmente está desamparada”.

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Para Pérez, los cambios deben ser estructurales: “A mi juicio, uno de los mayores pecados de Morales es haber generalizado una cultura de corrupción y prebendalismo con la que compró adeptos, se aseguró la fidelidad de altos mandos del Ejército y Policía, ocultó irregularidades y posibilitó su enriquecimiento personal, el del Vicepresidente García Linera y de casi todos sus colaboradores cercanos. Por eso, la tarea actual que enfrenta Bolivia es la de reconstrucción del país a todo nivel: institucional, económico, social y moral; así como la restitución de la libertad de prensa y de expresión”.

Ahora, con el balance de siete muertos y las intensas olas de disturbios, los bolivianos deben construir a partir de los resultados: “Hemos vivido jornadas muy tristes y violentas. Este es el tema de las ideas, estamos enfrentados quienes pensamos distinto. Es algo que hace parte del proceso, pero vivirlo es diferente. Es estresante, triste, doloroso, preocupante para nuestras familias, que están afuera. Hoy estamos respirando una situación de espera, necesitamos solucionar esto y no quedarnos en una nebulosa”.

*El nombre real del testimonio se cambió para mantener su anonimato.

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2019-11-13T22:00:10-05:00

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2019-11-14T06:25:50-05:00

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Nicolás Marín Navas

El Mundo

Así ven la crisis los ciudadanos bolivianos

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