Así viven los guerreros wao en Ecuador en su lucha por la Amazonia

Cazadores por tradición, los indígenas ecuatorianos waorani se ven a sí mismos como guardianes del bosque. Como pueblo guerrero han hecho valer sus armas ancestrales en la defensa de sus códigos de honor, pero sobre todo del territorio apenas explorado que habitan en la Amazonia.

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Las lanzas y los dardos envenenados están a la mano, siempre listos contra los invasores. Pero esta vez los indígenas waorani de Ecuador, que se asientan en la selva amazónica, luchan para que los jueces "kowori" (extraños) sean los que impidan el temido desembarque de las petroleras.

"¿Quieres que petroleras entren a matar la selva, a acabar con territorio limpio, con agua limpia?", asegura uno de ellos.

Con la ayuda de una intérprete, Debanca, una dirigente que lleva penacho de plumas y el rostro pintado de rojo, replica con preguntas a un equipo de la AFP que llegó hasta la remota aldea de Nemompare.

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Allí, medio centenar de waos vive en chozas de palma de monte y casas de madera a orillas del río Curaray. En su mayoría van semidesnudos por entre el verde y la sombra de árboles gigantes que dominan el entorno. Otros visten pantalón corto y camiseta.

Su asentamiento está a 40 minutos en avioneta de Shell, el poblado que adoptó el nombre de la multinacional europea que operó en la provincia de Pastaza y es símbolo de la penetración de la actividad petrolera en la Amazonía.

Con el apoyo de otros wao, los indígenas de Nemompare y alrededores acudieron a la justicia para impedir el ingreso de las petroleras. 

Un tribunal de Puyo, capital de Pastaza, emitió este viernes un fallo de primera instancia que suspendió temporalmente el ingreso de las petroleras en su territorio, en un caso que bien podría escalar hasta cortes internacionales. 

Y aunque el petróleo mueve a la economía ecuatoriana desde 1970, la explotación deja una huella de destrucción todavía visible en la selva: fuentes de agua contaminadas, pozos de residuos ennegrecidos y obras que ahuyentaron a la fauna.

Hasta con la vida 

En Nemompare los wao almacenan el agua lluvia en enormes tanques para su consumo, se surten de energía con paneles solares y duermen en hamacas.  Si bien aprendieron a escribir con los kowori, no usan papel: se aferran al wao terere, su lengua, para sobrevivir.

Sentada cerca de la lumbre, en el centro de una choza, Wiña Omaca ilustra los ánimos de resistencia de su pueblo. "No solo 'tapaa' (lanza), están listas 'campa' y 'aweka' (machete y hacha)".

Aunque nadie se anticipa a hablar de guerra, los wao podrían convertir su casa en un territorio hostil para las petroleras.

"Que quede claro: defendemos nuestra selva, nuestra cultura y nuestro derecho con nuestra vida", señala en español Nemonte Nenquimo, presidenta del Consejo Waorani de Pastaza (Conconawep) e impulsora de la demanda. 

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Con unos 4.800 miembros, los waorani son dueños de unas 800.000 hectáreas de selva en Pastaza, Napo y Orellana, una pequeña parte de la cuenca amazónica ecuatoriana. La ley reconoce la jurisdicción indígena, pero mantiene la potestad del Estado sobre el subsuelo. 

Hace un mes, Conconawep presentó una demanda para que se excluya parte del territorio wao de una futura licitación. Para ellos están en juego 180.000 hectáreas que representan menos del 1% de la superficie de Ecuador.

El gobierno asegura tener luz verde para llamar a las petroleras gracias a una consulta realizada en 2012. Sin embargo, a través de su intérprete, los indígenas hacen saber que funcionarios llegaron entonces en avioneta y obtuvieron el aval con engaños, comida y refrescos.

Más víctimas que guerreros 

Por ahora la lucha está en los tribunales locales, ante los cuales al estado le queda el recurso de apelación, pero la historia de los wao está atravesada por episodios violentos que hacen temer su reacción.

Por ejemplo, sus dos clanes nómadas, los taromenane y tagaeri, en aislamiento voluntario, se han enfrentado a muerte en lo más profundo de la selva. "No han tenido una relación amistosa", según Miguel Ángel Cabodevilla, autor del libro "Los Huaorani en la historia de los pueblos del Oriente".

En 2013 los wao que están en contacto con el exterior tomaron venganza de los taromenane por la muerte de dos ancianos. Hubo entre 20 y 30 fallecidos, según los dirigentes nativos. Las autoridades reconocieron la matanza, pero nunca accedieron a los cuerpos.

También han lanceado a los madereros que los han atacado a bala e invadido sus tierras. Pero la "violencia principal la han ejercido contra ellos, casi desde siempre, y con mayor agresividad", enfatiza Cabodevilla, quien durante tres décadas compartió con los nativos.

"Se les ha arrebatado sus tierras, se les ha perseguido y dado muerte, se les ha esclavizado, y ahora se disfruta de sus pertenencias en el subsuelo sin ninguna compensación adecuada", dice a AFP.

De ahí que muchos wao exuden desconfianza tras años de maltrato y manipulación de gobiernos, petroleros, caucheros y madereros, que además derivaron en rencillas y divisiones internas.

Peke Tokare, un 'pekenani' (anciano sabio) que tiene los lóbulos de las orejas ensanchados por discos de madera, apunta con sus dedos al estampado de su camiseta para resumir la consigna waorani: "Monito ome goronte enamai", que significa "nuestro territorio no se vende".

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AFP

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