Barcelona vive el incendio de sus calles y batallas campales en el tercer día de protestas

Los manifestantes independentistas traspasan el límite de la violencia en la capital y otras ciudades en Cataluña

Un grupo de unos pocos centenares de manifestantes mantienen cortada la Ronda Litoral de Barcelona, a la altura de la salida 21 -Paral·lel- y en los dos sentidos de la marcha, en la tercera jornada de protestas contra la sentencia del 'procés'.EFE

Las calles de Barcelona arden. Los adoquines y las farolas diseñadas por Antoni Gaudí sienten el calor de algunos de los más de 250 incendios provocados por los manifestantes que, ayer, traspasaron la línea de la violencia. Las llamas alcanzaron al menos a diez coches de ciudadanos y se combinaron con ácidos y cócteles molotov lanzados a las fuerzas de seguridad, en el tercer día de protestas ininterrumpidas en la capital catalana. Contenedores de basura incendiados alcanzaron los coches aledaños y amenazaban los edificios en los que los vecinos, apremiados por el fuego, lanzaban agua desde sus ventanas y balcones y salían con sus hijos a la calle mientras buscaban refugio del fuego.

Las protestas han alcanzado la violencia. Hasta el martes, la confrontación entre los cuerpos de seguridad, los Mossos d'Esquadra (la policía catalana) y la Policía Nacional, y los manifestantes se reducía a un juego que nadie quería perder. Nadie quería cometer el error: realizar el primer acto violento.

Hasta el martes, los manifestantes encaraban desafiantes, per a distancia, a los Mossos d'Esquadra. Les lanzaban objetos, pintura y basura mientras se aseguraban posiciones en barricadas improvisadas. El lunes, bloquearon los accesos a uno de los principales aeropuertos de Europa, El Prat, y más de 100 vuelos fueron cancelados. Miles de personas perdieron sus aviones y cientos de ellas tuvieron que correr con sus maletas por las autopistas cerradas para intentar llegar a tiempo al terminal aéreo. El Espectador le explica: ¿Quién es quién en las manifestaciones en Cataluña?

Los radicales y los Mossos aguantaron hasta la noche de ayer. Cada uno esperó que el otro fuera el protagonista de la foto de la violencia. De las porras, de los incendios, de Barcelona en llamas, para los miles de móviles dispuestos a difundir la imagen que recorrerá el mundo. Mientras tanto, en la cárcel, los condenados, saludan las manifestaciones pacíficas y condenan la violencia: “Todo el apoyo a las movilizaciones y marchas masivas y pacíficas. Ninguna violencia nos representa”, publicó el miércoles Oriol Junqueras en su cuenta de Twitter.

El lunes y martes los manifestantes cortaron autopistas y trenes y ocasionaron perjuicios a las infraestructuras. El martes y miércoles llegaron a las inmediaciones de la Delegación de Gobierno en las cuatro capitales de provincia de Cataluña (Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona) y encendieron fuegos en múltiples calles. Ayer, la protesta más fuerte se concentró en las inmediaciones de la Consejería de Interior del Govern catalán y, luego de un inicio pacífico, terminó en una violencia prolongada casi hasta el amanecer por diferentes calles de la ciudad.

La oficina de interior, encargada de la seguridad y de los Mossos d'Esquadra, fue cuestionada duramente por los Comités de Defensa de la República (CDR), organizaciones independentistas más radicales que convocaron la manifestación de ayer ante el edificio de interior. Los CDR criticaron que los cuerpos de seguridad arremetieran de forma violenta contra la ciudadanía tanto en el aeropuerto como en Barcelona.

Los grupos más radicales de la independencia, así como algunos partidos políticos, pedían la dimisión del Consejero de Interior, Miquel Buch, quien, ayer, criticó también la violencia de las manifestaciones y avisó que los Mossos volverían a actuar. El Govern catalán, que animaba a las manifestaciones, al tiempo que enviaba a los Mossos, declaró que las cargas policiales eran para “proteger a los manifestantes” de posibles acusaciones de sedición, tal y como afirmó Meritxell Budó, Portavoz de la Generalitat. Vea también: Las protestas violentas de Cataluña alejan a los Gobiernos español y catalán

Ayer, la concentración en Barcelona fue violenta y larga. Batallas campales se vivieron en calles tan emblemáticas como la Gran Vía, plagada de incendios, como lo estuvo la noche del martes Passeig de Gràcia. Los manifestantes radicales plantaron cara a los cuerpos de seguridad y llegaron incluso a disputar con los Mossos d'Esquadra, por momentos, el control territorial de algunas calles.

Pasada la media noche, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, leyó una declaración institucional en la que reafirmó el compromiso de Cataluña con una protesta pacífica en las calles. Torra indicó que “siempre hemos condenado y condenamos ahora la violencia y no se pueden permitir los incidentes que estamos viendo en nuestro país”. El líder independentista también exigió que los incidentes debían parar “ahora mismo” y mencionó que “no hay ninguna razón, ni ninguna justificación para quemar coches, ni para realizar ningún otro acto vandálico”.

El presidente recalcó también que “no podemos permitir que grupos de infiltrados dañen la imagen de millones de catalanes que han salido siempre a las calles de manera firme, pero serena”.

En la mañana del miércoles, marchas masivas partieron desde diferentes ciudades de Cataluña con la intención de llegar el viernes a Barcelona. A ello se suma la huelga general convocada por los sindicatos y también la huelga estudiantil de tres días iniciada ayer y seguida mayoritariamente en las universidades catalanas. Los días de tensión en Cataluña prometen aún ser largos.

Santiago Giraldo Luque es politólogo colombiano y profesor del departamento de periodismo de la Universitat Autònoma de Barcelona.

 

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Santiago Giraldo Luque* BARCELONA

El Mundo

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