Birmania, una pesadilla para los niños

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Por lo menos 43 niños han muerto a manos de las fuerzas armadas de Birmania desde el golpe militar. Sin embargo, la violencia no es nueva, y sus efectos pueden ser devastadores en esta población: traumas psicológicos, denustrición y violencia sexual son algunos de los problemas a los que se enfrentan.

Desde el golpe militar del pasado 1 de febrero, por lo menos 43 niños han muerto a manos de las fuerzas armadas en Birmania, según Save the Children. Esta situación convierte al país en una “pesadilla” para los menores.

“Está claro que Myanmar ya no es un lugar seguro para los niños. Estamos consternados de que ellos sigan estando entre los objetivos de ataques fatales, a pesar de los repetidos llamamientos para protegerlos de cualquier daño”, dijo el grupo humanitario internacional.

Thant Myint-U, historiadora de Birmania, tuiteó un dibujo de Hello Kitty hecho por una niña de 11 años que fue enterrada con sus juguetes después de ser asesinada durante el fin de semana.

Las muertes, que podrían ser mucho mayores a las reportadas por Save the Children, no solo se han presentado en escenarios de choques entre los militares y manifestantes en las calles o por los ataques aéreos que realiza la fuerza armada en regiones como la de Karen. Un niño de 14 años murió asesinado a tiros en su propia casa, lo que demuestra que la violencia ha pasado al interior de los hogares de Birmania.

Según testimonios, las fuerzas de seguridad entran constantemente a los vecindarios disparando balas de goma, que luego cambian por munición real. En estas redadas han salido heridos niños de hasta 1 año.

Pero la violencia contra los niños en Birmania, sin embargo, no es nueva. Incluso en enero de este año, un mes antes del golpe, Sai Wai yan, de 13 años, fue asesinado a tiros por las fuerzas de seguridad. Esta violencia se remonta al estallido de la crisis en el estado de Rakhine, en agosto de 2017, cuando la población infantil ha sido víctima de asesinatos, mutilaciones y violencia sexual que ha sido documentada por organismos internacionales.

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Por lo menos 669 niños murieron entre 2017 y 2018 por el conflicto armado, 39 quedaron mutilados y 41 sufrieron agresiones sexuales. La violencia sexual, hay que destacar, podría ser mucho mayor, pero el estigma que tiene la sociedad birmana sobre este tipo de ataques conlleva a que estos ataques queden en el silencio. También hay que resaltar que las víctimas de los ataques de las fuerzas armadas son en su mayoría miembros de la comunidad rohingya.

Organizaciones como Amnistía Internacional han advertido que hay toda una generación perdida de niños. Las consecuencias a largo plazo para los niños en Birmania son completamente desalentadoras. El desplazamiento forzado al que conduce la persecución contra la comunidad musulmana ha dejado además a la población infantil sin oportunidad de reclamar su derecho a la educación. Miles de jóvenes estudiantes no pueden terminar sus estudios, lo que lleva a que no tengan la oportunidad de mejorar sus vidas.

“Lo que es más importante para nosotros ver es la consecuencia de hacer crecer una generación sin educación, una generación que no podrá hablar por sí misma, hablar en contra de la violación de sus derechos, disfrutar de los beneficios de una mente activa e iluminada, o salir de su difícil situación”, señala Amnistía Internacional.

Por otro lado, la violencia también ha dejado una gran crisis de salud mental en los menores. Los niños han presenciado asesinatos brutales y se han visto obligados a salir de casa, lo que ha dejado a esta población con un trauma a gran escala. Los niños viven en un estado de hiperestrés que podría cambiar la arquitectura de sus cerebros, de acuerdo con expertos.

“La escala de lo que ha sucedido con los rohingya es mucho mayor que lo que hemos visto en otros lugares. No tenemos idea de cómo todos estos niños van a procesar este trauma”, dijo Benjamin Steinlechner, portavoz del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Además, la desnutrición atormenta el sano desarrollo de los jóvenes, tanto a nivel físico como intelectual. Los niños rohingya que deben escapar de sus hogares y aterrizan en campamentos temporales pierden la noción del tiempo y desconocen su edad real, por lo que las perspectivas para el desarrollo de los jóvenes refugiados son sombrías.

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La Organización de Naciones Unidas le ha pedido al ejército birmano que detenga la violencia generalizada contra los niños, pero las solicitudes no han tenido efecto.

“Cuanto más continúe la situación actual de violencia generalizada, más contribuirá a un estado continuo de angustia y estrés tóxico para los niños, que puede tener un impacto de por vida en su salud mental y física”, señalaron Virgina Gamba, representante especial del Secretario General para la Infancia y los Conflictos Armados, y Najat Maalla M’jid, representante especial del secretario general sobre la Violencia contra los NIños, en un comunicado conjunto.

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