Brasil, entre dos extremos

Más de 147 millones de brasileños fueron convocados a elegir al sustituto de Michel Temer, en una campaña electoral marcada por un cúmulo de escándalos y tensiones partidistas. Tras una intensa jornada, Jair Bolsonaro y Fernando Haddad serán los candidatos que disputarán la presidencia en segunda vuelta.

Haddad y Bolsonaro se enfrentarán en la segunda vuelta el próximo 28 de octubre.AFP

Como era de esperarse las elecciones de este domingo en Brasil no eligieron presidente. En una disputa marcada por la polarización, los resultados de los comicios fueron consecuentes con las previsiones y los candidatos Jair Bolsonaro, ultraderechista y Fernando Haddad, de la izquierda, serán quienes el 28 de octubre pelearán la jefatura de Estado del país más grande de Sudamérica.

La elección irá a segunda vuelta después de que ninguno de los candidatos lograra la mayoría necesaria (51%) para hacerse con la victoria el día de ayer. Sin embargo, en esta nueva carrera, Bolsonaro, del emergente Partido Social Liberal, parte como favorito al ser el ganador de esta jornada con un apoyo del 46,16 %. “No deja de ser una gran victoria”, afirmó Bolsonaro en una transmisión en directo desde su casa, “no teníamos una gran estructura, somos un partido muy pequeño y estuve hospitalizado unos 30 días”, añadió. Detrás quedó Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT) y abanderado de Lula quien consiguió el 29,09% de los votos. Ambos muy por delante de los demás candidatos Ciro Gomes, Geraldo Halckim, y Marina Silva.

Aunque las previsiones apuntaban a que Jair Bolsonaro se haría con la victoria en primera vuelta, no se anticipaba que sería por tanta diferencia frente a los demás candidatos. Ni los discursos xenófobos, ni las palabras desobligantes contra las mujeres o sus coqueteos con el autoritarismo le frenaron de conseguir una holgada victoria este domingo. Bolsonaro tiene a favor que nada de esto le frenó en su carrera a la victoria y parte como favorito para hacerse con la presidencia el 28 de octubre. 

Tanto Bolsonaro como Haddad tendrán veinte días para evaluar los resultados de ayer y trabajar en una estrategia para conquistar nuevos votantes, una tarea que será difícil, pues ambos son también los candidatos con mayores índices de rechazo entre los votantes. La frustración con los políticos y las soluciones extremas para resolver la violencia y la corrupción movilizan a los partidarios del ultraconservador, mientras que el miedo a la represión y al autoritarismo motivan a los electores del hombre de Lula da Silva. Lea también: ¿Quién es Jair Bolsonaro, el Donald Trump brasilero?

“La votación en la segunda vuelta será anti-Bolsonaro o anti-PT. La sociedad brasileña está muy polarizada”, expresó Frei Betto, fraile dominicano y asesor de movimientos sociales en Brasil, a El Espectador. “Los dos candidatos continuarán con las mismas líneas de campaña: Bolsonaro, acusando al PT de comunista y corrupto, y Haddad acusando a Bolsonaro de racista, homofóbico, misógino y violento”, dijo Betto a este diario.

Las encuestas previas a la primera vuelta ponían a ambos candidatos en virtual empate técnico, en caso de una segunda vuelta, con tendencia a favor de Bolsonaro (45 % - 43 %, según Ibope y 45 % - 41 %, según Datafolha). Por esto, las alianzas políticas serán claves para definir al próximo presidente brasileño, aunque muchas de ellas no son tan claras, debido a la imagen negativa que generan ambos candidatos.

“Bolsonaro es un candidato de la extrema derecha y tendrá con él los partidos de Centro Derecha, como el Partido Progresista y el Partido Socialdemócrata y su candidato Alckmin”, explica, a El Espectador, Michael Freitas, coordinador de la Escuela de Derecho de Río de Janeiro. “Se espera que también se sumen los movimientos evangélicos, que son más cercanos a sus ideas conservadoras”, agrega el académico brasileño.

Mientras que, por el lado de la izquierda, se espera que Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), se una a la causa de Haddad, quien el domingo comenzó a tender puentes entre su causa y las candidaturas de Henrique Meirelles y Marina Silva, figuras con las que trabajó durante la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva. Le recomendamos: Hoy no habrá ganadores en las elecciones de Brasil

Sin embargo, el apoyo de ambas candidaturas al hombre de izquierda es todavía una duda, sobre todo la de Marina Silva, quien fue ministra durante el gobierno de Lula, pero que en los últimos años ha sido crítica del Partido de los Trabajadores. “No tengo duda de que ella no va a apoyar a Bolsonaro, pero no sabemos si se adherirá a Haddad, o dejará en libertad a sus votantes”, cuenta Michael Freitas. Frei Betto, hombre cercano a Lula, también tiene este interrogante y cree que Silva y Meirelles “liberarán a sus votantes”.

“Queremos unir a los demócratas de Brasil. Queremos un proyecto amplio para el país, profundamente democrático, que busque de forma incansable la Justicia social”, expresó Haddad tras la primera vuelta.

Un tema clave será también el papel que Lula tendrá para la segunda vuelta. El expresidente brasileño, de gran aceptación entre las clases populares, designó en agosto a Haddad, quien era un exalcalde de Sao Paulo, poco conocido, como su candidato luego de que no pudiese participar de esta contienda. “En apenas un mes, Haddad creció de 4% de intención de voto a ser la principal amenaza para Bolsonaro”, explica Freitas a El Espectador, quien, sin embargo, considera que la importancia del exmandatario empieza a bajar, pues Haddad ya “habla por sí mismo”. Le puede interesar: ¿Podrá Fernando Haddad, el candidato de Lula, ganar la presidencia en Brasil?

Pero así como la fuerza de Lula puede beneficiar a Haddad, también lo puede perjudicar de cara a una segunda vuelta. En un ambiente tan polarizado como lo es el Brasil de hoy nada es una certeza, pues, según una encuesta divulgada esta semana por la firma Datafolha, el 51 % de los brasileños considera que Lula debe permanecer preso, un 8 % cree que tiene que seguir condenado, pero en prisión domiciliaria, y tan solo un 37 % defiende su liberación.

Esta situación ha sido bien canalizada por Jair Bolsonaro, quien ha dado a entender que una victoria de Haddad puede hacer de Brasil un país gobernado “desde la cárcel por Lula”. “Brasil es gigante y honesto. El ciudadano no aguanta más ser masacrado mientras premian a los malhechores. No merecemos ser gobernados desde dentro de la cárcel o por sus ahijados políticos”, afirmó el polémico diputado.

El voto de la mujer puede ser decisivo

Conscientes de la necesidad de conquistar la simpatía de este grupo de la población, que representa 77,3 millones de electores habilitados (52 % del censo electoral), Bolsonaro y Haddad tendrán la tarea de seducir el voto femenino, que, en un escenario de tanta polarización, podría ser la diferencia.

Sin embargo, en este plano quien parte con ventaja es el candidato Fernando Haddad, aunque no precisamente por acciones propias, sino por el rechazo generalizado que genera Jair Bolsonaro dentro de las mujeres.

“Bolsonaro tiene la mayor parte de los electores en general, pero cuando hablamos de mujeres su preferencia baja mucho”, explica Michael Freitas.  “La mitad de las mujeres en Brasil ha declarado no votar de ninguna manera por Bolsonaro, por tanta humillación que manifestó hacia ellas”, dice por su parte Frei Betto.

De acuerdo con una encuesta de Datafolha, cerca del 44 % de las mujeres votantes rechazan tajantemente al candidato de derecha, quien durante su vida pública y en campaña ha tenido varios comentarios desobligantes para con las mujeres. Sin embargo, para Freitas, el apoyo de clase también puede generar que muchas mujeres opten por ir con el exmilitar brasileño.

“Muchas mujeres de clases media y alta están con el candidato Bolsonaro”, cuenta Michael Freitas.

Lo cierto es que, a tres semanas de que se decida el futuro de Brasil, la fragmentación entre los partidarios de Bolsonaro y los del PT ha reducido las opciones más moderadas y obligará al resto de candidatos a adoptar una posición clara en la segunda vuelta. Unos comicios que reflejan el clima de polarización que se vive hoy en el país.