COVID-19: ¿Cuáles son las acciones adelantadas por el Gobierno para enfrentar la pandemia?

hace 2 horas
La política de “tolerancia cero” no ha dado resultados

Buscando asilo en el país de Donald Trump

Familias de El Salvador, Guatemala y Honduras desesperadas están atoradas en territorio mexicano mientras esperan para ingresar a Estados Unidos.

Decenas de familias esperan en la frontera con México para entrar legalmente a Estados Unidos. Piden asilo, pero las normas han cambiado. / AFP

El sueño de conseguir asilo en Estados Unidos es lo que mantuvo en pie a Carolina Cortez y a sus dos hijos durante la odisea de varios meses que los llevó desde la violencia en El Salvador hasta las calles de esta ciudad mexicana, en la frontera con Arizona.

Sin embargo, cuando llegaron a Nogales hace unas dos semanas y se dirigieron al cruce donde iban a procesar sus solicitudes de asilo, la búsqueda de refugio se complicó por el aumento del número de familias que buscan obtener el mismo beneficio.

“Acá en Nogales hemos dormido en el piso desde entonces”, dijo Cortez, de 36 años, acompañada de sus hijos, una joven de 14 años y un niño de 8. “Huimos de una zona de guerra dominada por pandillas, caminamos por el desierto, nos quedamos sin dinero”, añadió sobre su travesía desde Olocuilta, Honduras. “No sé qué más hacer, sino esperar”.

En varios puntos de la frontera entre México y Estados Unidos, en zonas solitarias, puentes remotos y cruces atiborrados, se han repetido estas escenas a lo largo de las últimas semanas: solicitantes de asilo centroamericanos —muchos niños entre ellos— desesperados y ahora atorados en territorio mexicano mientras esperan para ingresar a Estados Unidos.

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El número cada vez mayor de solicitantes centroamericanos cerca de los puntos de cruce son una muestra del éxodo de ciudadanos de varios países que enfrentan la violencia pandillera y de los grupos narcotraficantes, así como de un cambio en las políticas estadounidenses que les dificulta pedir el asilo.

El lunes, el fiscal general estadounidense, Jeff Sessions, dijo que los jueces migratorios no necesariamente deben considerar los casos de violencia doméstica o pandillera en las solicitudes de asilo, si no hay evidencia adicional de que la persona sufrió algún tipo de persecución y forma parte de un grupo protegido por la ley. Es una medida que se convierte en un nuevo obstáculo para los miles de centroamericanos que buscan refugio. En la frontera, conforme se daba a conocer el anuncio de Sessions, aumentó la desesperación entre quienes han estado pernoctando cerca de los cruces.

“Me enferma que haya un cambio así, porque mi país es un lugar donde las pandillas extorsionan a las personas inocentes y si no pagas te disparan en la cabeza”, dijo Yadira Barrios, de 22, trabajadora doméstica de San Pedro Sula, Honduras, quien ha estado durmiendo cerca de los torniquetes del cruce en Nogales con su hijo Marvin, de 4 años.

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“Lo único que puedo hacer es recordar que nuestra suerte está en manos de Dios”, dijo Barrios. “Sé que hay muchas personas de fe en Estados Unidos. Espero que recen por mí y por mi hijo”.

Sin embargo, el gobierno de Trump también ha forzado a que cada vez más solicitantes de asilo tengan que esperar en México antes de que puedan presentar su solicitud. Existen reportes de que algunos han sido ignorados desde que Trump llegó a la Casa Blanca, aunque la cifra parece haber aumentado en las últimas semanas con un número inusualmente grande de personas en los cruces de California, Arizona y Texas.

Los funcionarios estadounidenses dijeron que oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por su sigla en inglés) han tomado un “enfoque proactivo” para asegurarse que sólo quienes tengan documentos válidos lleguen a las estaciones fronterizas y que quienes no tienen esos papeles sean procesados conforme haya disponibilidad.

En el centro de Nogales, cerca de consultorios de dentistas que promocionan endodoncias y farmacias que les ofrecen pastillas de viagra —sin necesidad de receta— a los turistas estadounidenses, la aglomeración de migrantes ha convertido los cruces autorizados en un paisaje desalentador.

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Familias de El Salvador, Guatemala y Honduras se arrinconan cerca de paquetes donados de pañales y leche de fórmula. Algunos se han quedado hasta por dos semanas; duermen en el piso durante la noche e intentan evitar insolarse durante el día, cuando las temperaturas superan los 37 grados Celsius.

“Llegamos a pie y por camión”, dijo Justo Solval, de 25 años, un obrero que indicó que hizo el trayecto con su hijo de 21 meses, Jonathan, desde Suchitepéquez, al suroeste de Guatemala, para huir de pandillas que querían extorsionarlo.

Ellos llegaron a Nogales hace una semana y media, y han estado durmiendo en cajas viejas de pizza a la entrada de los sanitarios del puesto de cruce.

“Dependemos de desconocidos para comer, para el agua, para todo”, dijo Solval. “Quería hacer todo de manera legal, solicitar asilo del modo correcto, pero no esperaba que tuviéramos este contratiempo”.

La cantidad de entradas fronterizas de manera ilegal cayó un 44 % durante el primer año de Trump en el poder, pero ahora están aumentando de nuevo. Los agentes federales arrestaron a 52 mil personas en mayo, cuando se registró un alza por tercer mes consecutivo.

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Esos datos indican que las medidas de mano dura no han desmotivado a los migrantes, muchos de los que viajan desde Centroamérica a pie para escapar de pandillas y la delincuencia organizada, aunque otros llegan en busca de trabajos que paguen mejor u oportunidades educativas.

El gobierno estadounidense ha recluido en centros de detención a más migrantes para acelerar su expulsión, según abogados y activistas.

Algunos migrantes que viajaron con sus hijos y llegaron a cruces fronterizos para pedir asilo han sido separados de su familia, pese a que eso sólo debería suceder si los adultos enfrentan cargos penales por un cruce ilegal, según las organizaciones de defensa de migrantes y la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés) que han presentado querellas legales en contra de las separaciones familiares.

Katery Castro, de 19 años, y su prima, Lidia Morales, de 20, buscan dónde lavarse los dientes en el cruce fronterizo.

El gobierno estadounidense recientemente desplegó a miles de agentes de la Guardia Nacional en zonas fronterizas y el 7 de mayo anunció una política de “cero tolerancia” para formular cargos contra las personas que ingresen de manera ilegal.

Quienes piden asilo en los puntos de cruce, como el de Nogales, no son considerados como personas que cruzan ilegalmente, aunque hay tantos solicitantes que la Casa Blanca también batalla para lidiar con el flujo de migrantes.

La ley actual establece que quienes argumenten tener miedo a la persecución en sus países de origen deben asistir a una entrevista. Si en esa instancia demuestran una “posibilidad significativa” de que puedan ganar su caso de asilo, usualmente son admitidos en Estados Unidos a la espera de una audiencia ante un juez.

Esos casos se suman a una lista de procesos pendientes en las cortes migratorias que supera el número de 700 mil, por lo que podrían pasar años antes de que se tomen decisiones, a pesar de que hace poco el Departamento de Justicia dijo que establecerá metas de tiempo para los jueces.

Los reportes y las solicitudes en la frontera con México se dispararon un 1.700 % de 2008 a 2016, según el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, sigla en inglés), cuyos oficiales realizan las entrevistas.

En todo Estados Unidos sólo el 20 % de las solicitudes de asilo fueron exitosas durante el año fiscal de 2017 (de octubre de 2016 a septiembre del año siguiente). Eso, según los oficiales, demuestra que muchas personas presentan solicitudes sin que tengan los méritos necesarios.

The New York Times News Service, 2018

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Simón Romero y Miriam Jordan - The New York Times

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