Carles Puigdemont, el líder catalán que ansía recuperar su mando

La intervención del Estado español impidió la materialización de su ansiada República Catalana. Pero Carles Puigdemont no da la batalla por pérdida y desde Bélgica quiere volver a poner en aprietos a Madrid recuperando la presidencia catalana de la que fue destituido.

Carles Puigdemont cumplió su palabra de celebrar un referéndum de autodeterminación prohibido y también apoyó la declaración de secesión del parlamento regional.AFP

"La presidencia de Cataluña ni se decapita ni se cambia a conveniencia de Madrid", advirtió en el último mitin de campaña de su candidatura, Juntos por Cataluña, creada a propósito para evitar la caída de su partido nacionalista tras las elecciones del jueves.

Cumplió su palabra de celebrar un referéndum de autodeterminación prohibido y también apoyó la declaración de secesión del parlamento regional, pero dos días después se trasladó a Bruselas desistiendo a pugnar por el poder con el gobierno español.

"La prensa contraria al independentismo lo describió como un cobarde. Pero Puigdemont si peca de algo es de temerario", escribe su amigo Antoni Puigverd en el diario La Vanguardia.

Con su movimiento, este experiodista de 54 años, coronado por una espesa mata de cabello castaño, trasladó el problema catalán al corazón de la Unión Europea y siguió alzando su voz contra Madrid y las instituciones europeas que apoyaron sin fisuras al gobierno español, mientras algunos compañeros de gabinete eran encarcelados.

 

Un hombre "tozudo"

 

Ante los electores, se presenta como "el presidente legítimo de Cataluña en el exilio" y asegura que si gana volverá a España, donde podría ser encarcelado como su vicepresidente Oriol Junqueras en el marco de una investigación por rebelión y sedición.

Según Puigverd, "quiere dar un triple salto mortal: resucitar un partido muerto, restaurar la presidencia cesada y dejar en evidencia un Estado que tendrá que deponer de nuevo a un presidente democrático".

El porqué de este empeño puede encontrarse en la biografía realizada por otro amigo, Carles Porta, en 2016, donde lo describe como un hombre "honesto y resiliente", un independentista de toda la vida con el carácter de "un corredor de fondo". Tiene "esta virtud (o defecto, ve a saber): es tozudo".

Su convicción flaqueó un día antes de la declaración de independencia del 27 de octubre. Propuso a sus socios convocar elecciones en vez de proclamar la República, evitando así un choque frontal con Madrid, pero se echó atrás a última hora alegando que el gobierno español no ofreció garantías suficientes.

"Los suyos le estaban llamando traidor y no quería ser él quien defraudara a la patria", explica una persona implicada en las mediaciones de última hora.

La declaración siguió adelante y el gobierno español intervino la región, privándola de facto de su autonomía por primera vez desde la dictadura de Francisco Franco.

 

El referente esloveno

 

Nacido en Amer, un pueblo a 100 km de Barcelona y sus elites, Puigdemont habla inglés, francés y rumano --la lengua materna de su mujer y madre de sus dos hijas-- además de catalán y español.

Poco podía imaginarse este hijo y nieto de pasteleros que el destino le tenía reservado un lugar en la lucha por su ansiada independencia de Cataluña.

Alcalde de Gerona desde 2011, un feudo nacionalista de 98.000 habitantes, fue llamado en enero de 2016 a liderar el gobierno de coalición separatista resuelto a llevar a los 7,5 millones de habitantes de esta región a la independencia.

Antes había dirigido el diario nacionalista El Punt y fundado una agencia de prensa catalana y también un diario en inglés sobre Cataluña, siempre combinando periodismo y militancia política.

Desde 1980 estuvo afiliado al partido nacionalista Convergencia Democrática de Cataluña, del entonces presidente catalán Jordi Pujol (1980-2003), cuando los independentistas como él todavía eran raros en la formación y en Cataluña.

En el verano boreal de 1991, se fue a estudiar el caso de la República de Eslovenia, que, tras un referéndum de independencia prohibido, acababa de declarar unilateralmente su independencia de Yugoslavia, a la que siguió una breve guerra.

En los años siguientes, abogó por ampliar la base social del independentismo mediante la no violencia, como Gandhi: "no hemos de tener prisa, tenemos que hacerlo bien", recuerda Porta en su biografía. 

Sus opositores le reprochan precisamente haber hecho lo contrario: llevar Cataluña a la ruptura olvidando que la mayoría de electores no lo apoyó en los últimos comicios y poniendo en peligro la cohesión y el progreso económico de la región.