¿Qué tanto funciona en EE. UU. la estrategia electoral del castrochavismo?

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La campaña del presidente Donald Trump busca golpear a su rival, Joseph Biden, comparándolo con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, entre otros.

La campaña de Donald Trump comienza a dar señales de desespero. Los números de las encuestas muestran que el presidente se está alejando cada vez más de la reelección en las elecciones del 3 de noviembre y sus alfiles desenfundan todas sus armas en contra del virtual candidato demócrata Joseph Biden.

Biden será nombrado oficialmente candidato demócrata a la presidencia en la convención del partido que comienza el próximo 17 de agosto y termina el 20 del mismo mes.

Según un promedio de los sondeos nacionales realizado por el sitio RealClearPolitics, durante seis semanas Biden ha aventajado en la intención de voto a Trump por entre 8 y 10 puntos porcentuales. Este lunes, otros sondeos señalaban que la distancia comienza a acortarse, según analistas, por la campaña tímida que está haciendo Biden.

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Los números son especialmente preocupantes para Trump en estados clave que ganó en las elecciones de 2016, como Michigan o Pensilvania e incluso ponen en peligro fortines como Florida, que es el nuevo foco de la pandemia en el país.

Esta semana viene un revolcón: el demócrata anunciará a su candidata a la Vicepresidencia, lo que según analistas políticos, le pueda dar un impulso a su campaña y ayudarle a conquistar los estados en los que Trump sigue manteniendo el liderazgo.

Pero su campaña no está de brazos cruzados y ha decidido atacar con todas las armas posibles a Biden. Incluso usando la estrategia del “castrochavismo”, jugada de la que fue blanco el senador Bernie Sanders, pero de la que salió airoso cuando hizo eco del gobierno de Barack Obama, después de restablecer relaciones con Cuba en 2015.

Entonces, Obama (cuyo vicepresidente era Biden) en una visita a la isla en 2016 señaló que el “gobierno debería ser felicitado por sus logros en educación y atención médica, al tiempo que criticó las violaciones de los derechos humanos y la economía arraigada en el comunismo”.

En las elecciones de mitad de término de 2017, cuando se renovó el Congreso, Trump recurrió al castrochavismo también; entonces dijo en un mitin en Indianápolis lo siguiente: “Quieren usar el socialismo para convertir a EE. UU. en Venezuela; un lugar encantador, un lugar encantador”, afirmó irónicamente.

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Los demócratas “impondrán el socialismo. Bienvenidos a Venezuela”, enfatizó el en Florida, donde su candidato, Ron DeSantis.podía perder ante su rival demócrata. Finalmente no pasó, pero el sitio PolitiFact.com, que ganó el Premio Pulitzer en 2009 por verificar informaciones política, aseguró que era ridícula la estrategia de Trump.

“En términos de tácticas de miedo, la invocación de Venezuela por parte de Trump es bastante descabellada y poco convincente”, opinó Michael Camilleri, especialista en políticas públicas del centro de análisis Diálogo Interamericano en una nota de AFP.

“La situación en Venezuela es catastrófica, pero intentar vincular a los candidatos demócratas con la cleptocracia en Caracas probablemente tenga eco solo en los

votantes más ideológicos”, dijo a AFP.

Erick Langer, profesor de Historia y experto en Latinoamérica de la Universidad Georgetown, tampoco cree que hablar de Venezuela dé réditos electorales significativos. “Quizás esa retórica puede funcionar un poco en Florida, donde la diáspora venezolana es más notoria, pero no en el resto del país, donde Venezuela no está en el radar de los votantes como podría estar Cuba”, aseveró.

Anuncio en español

Con un anuncio en español, la campaña de Trump compara al exvicepresidente con figuras de la izquierda latinoamericana como Fidel Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

El comercial, de apenas de 34 segundos de duración y promovido por la organización Latinos por Trump, arranca con una intervención en la que Biden asegura que será uno de los presidentes "más progresista" de la historia Estados Unidos.

"¿Progresista?", es la pregunta que se lee sobre otra imagen del aspirante demócrata y que sirve de hilo conductor para la aparición de las figuras de la izquierda latinoamericana, que además se han identificado con el socialismo.

“Nuestros Gobiernos progresistas”, se escucha en una intervención de Chávez, quien gobernó Venezuela desde 1998 hasta su muerte en 2013.

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Le siguen en la recopilación de intervenciones el desaparecido líder cubano Fidel Castro, el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro -quien no es reconocido por el Gobierno de Trump-, y el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro.

Al final, el aspirante a la nominación demócrata aparece abrazado con el senador progresista Bernie Sanders.

El mensaje advierte que cuando quieren decir socialista, se refieren a: "una revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos", según se escucha en un extracto de un discurso vehemente de Castro.

Y la propaganda cierra con la comparación "Progresista=Socialista" escrita sobre una fotografía del breve apretón de manos que Biden y Maduro protagonizaron durante la toma de posesión, en enero de 2015, de la entonces presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff.

En ese entonces, Biden era el segundo a bordo de la Administración del presidente Barack Obama, quien gobernó Estados Unidos entre 2009 y 2017.

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