Cataluña: de regreso al punto de partida

A pesar de que no había previsiones claras, las expectativas de la jornada electoral estaban puestas en saber si los partidos independentistas conservaban los 72 escaños que tenían en el Parlamento. Al final, sólo perdieron dos.

La participación rompió marcas históricas en Cataluña. / EFE

El pasado 27 de octubre, el gobierno español convocó a las urnas a los cerca de 5,5 millones de personas que conforman el censo electoral de la región autónoma de Cataluña. El objetivo era claro: ponerle fin a la crisis desatada tras el referéndum independentista del 1° de octubre y que terminó con la determinación del jefe de gobierno español, Mariano Rajoy, de disolver el gobierno autónomo catalán y convocar nuevas elecciones para el 21 de diciembre.

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La jornada se desarrolló lejos de los incidentes violentos que marcaron la votación del referéndum independentista de octubre. Desde antes del cierre de los puestos de votación se supo que la participación en estos comicios había superado por siete puntos porcentuales la cifra récord registrada el 27 de septiembre de 2015, cuando el 74,95 % del censo electoral salió a votar.

En varios puntos de votación se registraron largas filas, incluso antes de la apertura de las urnas. Para Ana, una estudiante entrevistada por la BBC, se trataba de “las elecciones más importantes en la historia de Cataluña”.

La jornada también estuvo marcada por la decisión de los medios de comunicación de no publicar encuestas a boca de urna. Ni las cadenas públicas ni las privadas contrataron los servicios de encuestadoras, por los descalabros de este tipo de consultas en las pasadas elecciones generales, celebradas el 26 de junio.

A pesar de que no había previsiones claras, las expectativas de la jornada estaban puestas en saber si los partidos independentistas conservaban los 72 escaños que tenían en el Parlamento. Al final de la jornada sólo perdieron dos. A pesar de esto, ocho de los diputados independentistas que están prófugos de la justicia o en la cárcel no contarán con el derecho al voto, lo que complica una posible reelección de Carles Puidemont como presidente catalán. Restando los diputados huidos y en la cárcel, los independentistas quedan dos escaños por debajo de la mayoría.

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Por su parte, los unionistas de Ciudadanos se convirtieron en el formación más votada lo que, sin embargo, no le alcanzaría para quitarles la mayoría absoluta a los independentistas. El gran perdedor de la jornada fue el PP de Mariano Rajoy, que apenas pudo acercarse al 3 % de los votos, lo que se traduce en ocho diputados menos de los 11 que alcanzó en 2015.