Así fue el aniversario del referéndum del 1-0

Cataluña: una crisis que no termina

Miles de catalanes independentistas salieron a las calles para conmemorar una de las fechas más importantes en la política reciente de España. Pero la crisis está lejos de resolverse.

Estudiantes catalanes marcharon al recordar el 1º de octubre de 2017. / AFP

Si hay un día que jamás olvidarán los catalanes es el 1º de octubre de 2017. La jornada del referéndum, que pretendía preguntarles a ciudadanos si querían que Cataluña fuera una república, fue atropellada, violenta y amarga. El gobierno español la declaró ilegal y envió a decenas de uniformados para evitar su realización. La violencia dejó perplejo a un pueblo que siempre ha sacado pecho por ser pacífico, incluso en los momentos más difíciles de la dictadura franquista. Ayer, un año después de lo sucedido, miles de ciudadanos salieron a las calles para gritar que no olvidan lo que ocurrió y reivindicar la democracia que, según ellos, se apaleó en medio de la crisis.

No hay una sola persona que haya olvidado ese domingo, cuando la policía española mostró su lado más represivo y golpeó con sus bolillos a todo aquel que se cruzara a su paso. Los colegios se convirtieron en batallas campales. Las balas de goma derribaban a los votantes. Los vecinos de los sitios de votación intentaban formar muros de contención con sus brazos y sus piernas para protegerse entre ellos. Se sentía la rabia, se escuchaba el llanto. Con la llegada de la noche cesaron los enfrentamientos, se contaron 450 heridos y se mostraron los resultados: dos millones de ciudadanos pidieron una república independiente.

Los catalanes comprendieron que, en ocasiones, el dolor tiende a atornillarse más fácil y más rápido en la memoria que las victorias. Por eso, los actos de conmemoración del referéndum llegaron desde el fin de semana pasado, vertiginosamente, como los chubascos del otoño. “Ese día será recordado para siempre porque ha sido, quizá, el más relevante en la política reciente de Cataluña. Fue un acto de desobediencia en el que participó el 40 % del electorado. Una movilización social masiva, sin precedentes”, dice Marc Sanjaume, politólogo de la Universidad Pompeu Fabra.

(Ver más: Independentistas catalanes protestan tras un año del referéndum)

El movimiento independentista tiene una particularidad: no se cansa de tomarse las calles. Aunque la crisis parece haberse normalizado, cuando hay un aniversario o una decisión judicial salen, masivamente, a marchar. Ayer, en las aceras se volvieron a ver los estudiantes con sus banderas independentistas a cuestas y los colegios, donde se presentaron los hechos violentos del referéndum, amanecieron con flores y lazos amarillos, que representan su clamor por la libertad de los líderes del process, encarcelados por el delito de rebelión.

En la mañana, la plaza Sant Jaume, en el centro de la ciudad, volvió a llenarse, esta vez de jóvenes. Para algunos, como Julia, una manifestante que no pasa los 25 años, es una demostración de que, pase lo que pase, las siguientes generaciones continuarán con la tarea de declarar independiente a Cataluña.

Entre bocatas (sándwiches de jamón serrano) y cervezas, agitaron las banderas y le pidieron al presidente español, Pedro Sánchez, una salida que conduzca, por lo menos, a la realización de un nuevo referéndum, como el que se llevó a cabo en Quebec, en la década de los 90, en el que se les preguntó a los ciudadanos si querían o no separarse de Canadá. Esta propuesta es, en realidad, del presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, quien dos horas más tarde salió a darles ánimos a los visitantes de la plaza: “Ganemos la república. Ganémosla”, gritó. En la noche, los manifestantes volvieron a los lugares emblemáticos. Decenas de familias y amigos caminaron por el centro, con urnas en las manos y los hombros, como las que se usaron en la consulta del año pasado, según ellos, para reivindicar la democracia y su valentía. “Este es un día especial para los catalanes demócratas. Incluso, debería serlo para los españoles demócratas. Al mundo le decimos que siempre hemos querido hablar, que queremos un referéndum acordado, que no queremos más violencia”, afirmó Francés, participante de la marcha.

Después de la moción de censura contra Mariano Rajoy, apoyada por los partidos políticos catalanes, varios pensaron que por fin el conflicto podría tener una solución o, por lo menos, destrabarse. Sacando a Rajoy y al Partido Popular (PP) del camino, había una esperanza de un posible diálogo con Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), quien, a pesar de estar en contra del referéndum, tiene un tono más conciliador.

(En video: Cataluña, en punto muerto a un año del referendo independentista)

Sin embargo, esa supuesta salida o intención de diálogo aún no llega. El investigador Marc Sanjaume lo atribuyó a que el PP, con las investigaciones y capturas en contra de los políticos independentistas, metió el conflicto en una bolsa judicial que no le permite al PSOE margen de maniobra: “Así es muy difícil. Si descabezas un movimiento, ¿cómo y con quién negocias? En Cataluña no van a ceder con sus líderes encarcelados”.

Pero ese no es el único obstáculo. Sanjaume advirtió que Sánchez tiene “una oposición feroz” y medios de comunicación parcializados, que vigilan cada paso que da y lo tildan de traidor con cualquier acercamiento. “Sentarse a dialogar con Joaquim Torra, presidente de la Generalitat, es hacerlo con los líderes encarcelados o los que huyeron, y eso no lo permitirían ni el PP ni el partido Ciudadanos, porque, para ellos, es entablar una relación con la ilegalidad, con un prófugos de la justicia”.

Ferran Casas, subdirector del diario Naciò Digital, cree que por esa razón Sánchez es tan timorato y cuidadoso con sus discursos. Aunque mucho más temprano que tarde tendrá que ceder, pues no puede olvidar que, por un lado, su actual cargo como presidente se debió al apoyo de los partidos catalanes y, por el otro, que la aprobación de sus presupuestos en el Congreso de Diputados, que servirán para desarrollar su programa político en los próximos años, también dependerá de ellos. Para Casas, los partidos catalanes no van a votar a su favor gratis y eso resulta problemático para el presidente, porque tendrá que trabajar con los presupuestos de Rajoy: “No es el mejor escenario, pues se le caen sus planes y eso podría agrietar su unión con el partido político Podemos, su gran aliado actualmente”. En su última declaración con la agencia Reuters, Sánchez dejó claro que no cederá a las presiones independentistas, a pesar de que espera que su legislatura se extienda hasta 2020: “Si los independentistas priorizan el conflicto en lugar de la cooperación, entonces la legislatura está acabada, iremos a elecciones”, aseguró el jefe de gobierno.

(Le recomendamos: La acampada por la independencia de Cataluña)

Aunque la tensión continúa, y en estas fechas es más fuerte, todos están a la espera del juicio en contra de los políticos encarcelados. Para los expertos, si bien la crisis está lejos de resolverse, será una fecha decisiva: si son condenados, habrá una movilización social sin precedentes, que podría profundizarla a tal punto que la comunidad internacional deba involucrarse o incluso conducir a unas nuevas elecciones, que podrían beneficiar a los independentistas y obligar al gobierno español a ese diálogo que han evitado desde hace más de un año.

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Laura Dulce Romero

El Mundo

Cataluña: una crisis que no termina

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