Para esto somos libres

¿Cómo responder a la crisis migratoria venezolana?

El miércoles, 5 de septiembre, la Organización de Estados Americanos discutirá la situación de migrantes venezolanos en América Latina. Estas son algunas de las respuestas más urgentes que necesita esta crisis.

Foto de referencia. AFP

Juana Marín salió caminando de su país, enferma de un cáncer que le estaba apagando la vida. Salió obligada porque no tenía las medicinas que necesitaba para salvarse. Enferma y con dolores, cruzó un puente hacia Colombia hasta llegar a un comedor para personas como ella, que cruzan la frontera en búsqueda de soluciones. Esa noche durmió en el suelo de una calle del pueblo de Villa de Rosario.

Según las cifras más moderadas, la crisis en Venezuela ha obligado a más de un 1.6 millones de personas a abandonar su país desde el 2015. Esa cifra, aunque no refleja la totalidad del drama, equivale a 50 personas cada hora del día desde ese entonces. Por primera vez en la historia de América Latina vemos esta magnitud de desplazamiento transfronterizo y las cifras son comparables a la crisis de refugiados de Siria en el Mediterráneo en el 2015. Esa crisis le recordó a Europa que no basta con la respuesta humanitaria, sino que también hay que combatir a la xenofobia desde el primer momento, y no debemos ignorar el resurgimiento de la xenofobia como movimiento político como el que se ve en Europa.

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La gran mayoría de los venezolanos que abandonan su país están en una situación de vulnerabilidad. El miedo abunda y las respuestas son pocas. Como en muchas otras emergencias, vemos que no son los estados o Naciones Unidas los primeros en responder, sino que son las propias comunidades los primeros en abrir sus puertas. Algunos ofrecen un cuarto de su casa, otros colaboran con transporte, un plato de comida, medicinas. Y con frecuencia estas comunidades son de escasos recursos y comparten con los recién llegados. La solidaridad entre pueblos hermanos es admirable, y define desde hace tiempo nuestra identidad latinoamericana y esta solidaridad viene de los tiempos de la independencia.

No todos lo saben, pero conseguimos nuestra libertad de España gracias a jóvenes patriotas, que hace más de 200 años también cruzaron fronteras, y en ese entonces fue para unirse a los ejércitos libertadores de América. Eran otros tiempos y las ideas de libertad viajaban más rápido que los miedos o prejuicios de hoy en día. Aunque ellos ya no existen, sus nombres están en calles y carreteras a lo largo de nuestro continente. Y por esas mismas calles que llevan los nombres de los líderes solidarios de nuestro pasado, hay cientos de miles de caminantes en búsqueda de una vida digna.

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Algunos de los caminantes de Venezuela son víctimas de humillaciones y violencia y esos casos van en aumento. La xenofobia es un cáncer que contagia rápido y dura mucho tiempo. No es el momento para dejar libre a las más represivas fuerzas del pasado, sino que actuar con lo mejor de nuestra cultura y responder responsablemente.

Responder con responsabilidad humanitaria significa tres cosas: hay que prevenir el desplazamiento forzado, hay que mitigar el sufrimiento de quienes ya están en camino y hay que recibir en forma digna a quienes están en nuestras puertas.

Prevenir el desplazamiento

Primero que nada, Naciones Unidas debe nombrar a un enviado especial para colaborar con los países de la región y con Venezuela y deben movilizarse recursos inmediatos para la respuesta antes, durante y después del desplazamiento. La responsabilidad por lo que sucede en Venezuela recae sobre los hombros de sus autoridades, pero hay urgentes necesidades alimenticias y médicas que requieren una inmediata respuesta. El trabajo humanitario no debe ser un rehén de los políticos y no debe ser politizado; la oferta de ayuda no es una crítica al gobierno de Venezuela, sino una voluntad de colaborar para aliviar las necesidades de quienes lo necesitan. Si Venezuela concede el espacio humanitario, será visto con mucho respeto y consideración por toda la comunidad internacional.

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Mitigar el sufrimiento

Son miles de personas en ruta a sus destinos y algunos sin ninguna esperanza. Juana Marín es una ellas, fácil presa para abusos sexuales, abusos y amenazas. Es necesario un sistema urgente de rutas monitoreadas, con transporte seguro y de acceso a albergues de emergencia. Organizaciones como la Cruz Roja, entidades religiosas y otras están todas dispuestas, pero necesitan coordinación, fondos y voluntad política para mitigar el sufrimiento de los desplazados de Venezuela y colaborar con las comunidades que lo recibe. Aquellos que reciben ayuda nunca olvidarán a quien les ayudó, y aquellos que son víctimas de abusos tampoco podrán olvidar sus sufrimientos, y de nosotros depende cuáles son las historias que se contarán en el futuro.

Recibir en forma digna

Nuestros países han firmado importantes instrumentos de protección, como la Convención de Refugiados de 1951 y la Declaración de Cartagena, pero no hay un claro consenso entre nuestros países sobre cuáles son las normas a aplicar ante esta situación. Pero hay opciones y hay precedentes internacionales que dan ejemplo, como la Convención de Kampala, que otorga protección también cuando el desplazamiento no es por conflicto. Se puede dar protección temporal, con derecho a buscar trabajo, acceso a la educación y atención de salud. Depende de la voluntad política y de la capacidad de liderazgo de nuestros líderes. También es urgente que la sociedad civil y los líderes de nuestro continente sean claros y contundentes en su rechazo a la xenofobia, no puede haber aguas tibias en el rechazo al odio. La estabilidad política y económica de América Latina depende de cómo asumimos esta crisis y la podemos superar otorgando una vida digna a los más vulnerables. Para días de crisis como éstos, para responder a personas como Juana Marín, enferma de cáncer y que duerme en las calles, es que somos libres para ejercer la más noble y la más latina de nuestras cualidades: ser solidarios.

Director del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, Noruega

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Alfredo Zamudio

El Mundo

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