Crece conflicto diplomático entre Canadá y Arabia Saudita, ¿por qué?

Arabia Saudita expulsó al embajador canadiense en Riad "por injerencia" en asuntos internos. El gobierno canadiense respondió que su política siempre será defender los derechos humanos. Esto fue lo que pasó.

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. AFP

El conflicto diplomático entre Canadá y Arabia Saudita está creciendo. Además de la expulsión del embajador canadiense en Riad, el gobierno saudita anunció la congelación de relaciones comerciales bilaterales, la suspensión de las becas universitarias para saudíes que estudian en canadá y la relocalización de miles de estudiantes. ¿Qué desató la ira del gobierno saudita?

El caso

El viernes de la semana pasada la embajada de Canadá en Arabia saudita publicó un comunicado en su cuenta de Twitter en el que dijo estar "gravemente preocupada" por una nueva ola de arrestos de militantes proderechos humanos en el reino. 

"Pedimos a las autoridades sauditas que los liberen inmediatamente, así como a todos los demás activistas pacíficos pro derechos humanos", declaró la embajada canadiense. 

El ministerio saudita de Relaciones Exteriores expresó su reprobación respecto al comunicado de la embajada.  "Es muy lamentable que las palabras 'liberación inmediata' figuren en el comunicado canadiense", declaró el ministerio. "Es inaceptable en las relaciones entre los dos países". 

Días antes Chrystia Freeland, ministra de Relaciones Exteriores canadiense, incomodó a Riad. Freeland preguntó por el destino de la activista Samar Badawi y pidió que fuera liberada.

Badawi es una activista reconocida internacionalmente por su trabajo en favor del derecho de las mujeres a votar, conducir y lograr justicia social.

El Ministerio saudí de Asuntos Exteriores consideró que la queja canadiense supone una "injerencia flagrante en los asuntos internos del Reino" y subrayó que esta carece de fundamento y "no se basa en ninguna información precisa o verdadera".

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"Las personas mencionadas fueron detenidas legalmente por la Fiscalía por cometer delitos punibles por la ley, que también garantizaba los derechos de los detenidos y les proporcionó el debido proceso durante la investigación y el juicio", se indica en el comunicado.

Junto a Samar Badaui fue detenida su colega Nasima al Sadah.  "Son las víctimas más recientes de una campaña de represión sin precedentes por parte del gobierno" saudita, había declarado el miércoles la oenegé de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch. 

Esos arrestos se produjeron unas semanas después de las detenciones de militantes de los derechos humanos acusadas de atentar contra la seguridad nacional y de colaborar con los enemigos del Estado. 

Algunas de ellas fueron liberadas desde entonces. 

Primeras medidas 

Arabia Saudita anunció el lunes su decisión de expulsar al embajador de Canadá en Riad y de llamar a consultas a su embajador en Ottawa, debido a una "injerencia" cometida  en sus asuntos internos. 

Las medidas decididas por Riad incluyen también la congelación de las relaciones comerciales con Canadá

El reino de Arabia Saudita "no aceptará injerencias en sus asuntos internos", declaró el ministerio saudita de Relaciones Exteriores, después de que la embajada de Canadá pidiera la liberación de militantes pro derechos humanos encarcelados. 

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"El reino anuncia que llama a consultas a su embajador en Canadá", indicó el ministerio saudita. 

El embajador de Canadá en Riad tiene 24 horas a partir del anuncio para abandonar el país, y el reino decidió "congelar nuevas transacciones relacionadas con el comercio y las inversiones" con Canadá, añadió esa fuente. 

Crece el conflicto

Unas horas después del anuncio de la expulsión del embajador canadiense en Riad, Ottawa reafirmó con fuerza las bases de su política exterior desde que el liberal Justin Trudeau llegara al poder, en 2015: la intransigencia en la defensa de los "valores" humanistas y progresistas del país aunque ello pueda costar una crisis diplomática.

"Que las cosas sean bien claras para todo el mundo (...): Canadá defenderá siempre los derechos humanos, en Canadá y en el resto del mundo", declaró la ministra de Relaciones Exteriores Chrystia Freeland en su primera reacción tras la sorpresiva medida saudita. 

A lo que Riad respondió con el congelamiento de las relaciones comerciales bilaterales, la suspensión de las becas universitarias para saudíes -más de 15.000 personas originarias del país asiático estudian en Canadá- y la relocalización de miles de estudiantes.

Aunque son difíciles de cuantificar con precisión, esas medidas tendrán un duro impacto sobre la economía de la nación norteamericana.

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La venta de vehículos blindados ligeros a Riad por Ottawa, firmada en 2014 por un monto cercano a los 11.500 millones de dólares estadounidenses, también aparece amenazado.

Arabia Saudita anunció este miércoles la suspensión de todos los programas de tratamiento de pacientes saudíes en hospitales de Canadá y su traslado a otros países.  El Gobierno saudita busca garantizar la "seguridad" de los pacientes que reciben tratamiento en Canadá y de sus acompañantes y se asegurará de que completan su tratamiento en otro lugar, afirmó el agregado de Salud para EEUU y Canadá, Fahd bin Ibrahim al Tamimi, en un comunicado publicado por la agencia oficial SPA.

Canadá y los derechos humanos

No es la primera vez que el gobierno de Trudeau se arriesga a perder un muy buen negocio en nombre de los "valores" del país.

A comienzos de año, un contrato de venta de 14 helicópteros destinados a las Fuerzas Armadas de Filipinas fue congelado por las críticas de Otttawa a las continuas violaciones a los derechos humanos por el gobierno del presidente Rodrigo Duterte.

En Arabia Saudita, en Filipinas o en cualquier otro país, para un dirigente como Justin Trudeau "llega un momento en el que políticamente se debe hacer una opción", explica a la AFP Ferry de Kerckhove, exdiplomático y politólogo en la Universidad de Ottawa.

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"Es evidente que a los ojos del mundo se percibe a Canadá como uno de los últimos bastiones de la defensa del orden liberal internacional, tanto en el plano político como en el económico y el social", junto a países como Alemania, Francia o Suecia, apuntó.

"No es sorprendente que uno mire hacia Canadá en esa materia, es lo que acaba de hacer Amnesty international". La ONG basada en Londres llamó a otros gobiernos a sumarse a Canadá en la exigencia de una "liberación incondicional e inmediata de todos los presos de conciencia" en Arabia Saudita.

Bessma Momani, profesora en la Universidad de Waterloo, en Canadá, piensa que a largo plazo esta política exterior "ética" puede serle beneficiosa a Ottawa, incluso si en lo inmediato le cuesta caro.

"Cuando firman un contrato con Canadá, los propios hombres de negocios árabes saben, por un tío o por un sobrino, que Canadá es una sociedad multicultural que respeta los derechos humanos", dijo a la AFP. "Creo que aunque perdamos contratos con algunos gobiernos autoritarios conseguiremos más en otros países, precisamente porque respetamos los derechos humanos".

Algunos dudan, sin embargo, que el tema humanitario haya sido el verdadero detonante de la crisis actual.

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"No tiene nada que ver con los derechos humanos", dijo a la AFP Amir Attaran, profesor en la Universidad de Ottawa. "Es un pretexto muy débil. Aquí hay problemáticas geopolíticas, como la rivalidad estratégica y teocrática entre Arabia Saudita e Irán", su gran rival regional.

En su visión, Riad le estaría haciendo pagar a Justin Trudeau su negativa a respaldar las recientes sanciones estadounidenses a Teherán.

David Chatterson, exembajador canadiense en Riad, piensa de manera similar. A su juicio, la diplomacia canadiense ha fracasado. "Creo que perdimos de vista el objetivo de la defensa de los intereses" nacionales, dijo a la AFP.

"¿Ese objetivo era mejorar la suerte de Badaoui? Si lo era, fracasamos. ¿Queríamos incidir en la orientación general de Arabia Saudita? No creo que lo hayamos logrado. ¿Pretendíamos promover los intereses canadienses? Tampoco lo conseguimos. Un fracaso total"

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-Redacción Internacional

El Mundo

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