Crece impunidad contra asesinatos de periodistas en el mundo

En México la impunidad contra periodistas se incrementó en un 142%, y en Brasil un 177%, en el último decenio, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ).

El 93% de los comunicadores asesinados son periodistas locales que denunciaban corrupción política.AFP

El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) publicó su informe anual sobre el índice de impunidad donde se examina una decena de países donde los crímenes contra periodistas quedan sin resolver. El mismo documento analiza también las condiciones políticas y sociales de los países donde esto ocurre.

Los 12 países de la lista contienen el 80% de los crímenes no resueltos contra periodistas en el mundo desde hace 10 años. El 93% de los comunicadores asesinados son periodistas locales que denunciaban corrupción política.

 

Los países con más impunidad

La infame lista la encabeza Somalia. El informe señala que es el país con el peor índice de impunidad por tercer año consecutivo. 26 casos de periodistas asesinados en la última década siguen sin resolver.

El último de ellos Abdiaziz Ali Caminaba, muerto a tiros al salir de la casa de sus padres en septiembre de 2016, quien era un periodista radial de la capital Mogadiscio.  El reportero venía informando sobre los civiles víctimas del conflicto que libran las fuerzas gubernamentales y el grupo radical islámico al-Shabaab. El informe sospecha de ambas facciones enfrentadas como los responsables de los asesinatos de este y los otros periodistas somalíes.

Siria ascendió al segundo lugar dado el anquilosamiento del conflicto. Es quizá el caso más crítico ya que en el último año se registraron 6 de los 17 periodistas muertos desde 2007. Además se presume que la responsabilidad de estos actos también es tanto de milicias rebeldes como de actores gubernamentales.

En Irak, la hirviente y crónica situación en Mosul ha dejado más de la mitad de los 34 periodistas que intentan investigar los estragos de la guerra, la corrupción y la incursión del Estado Islámico en esta zona del país hace 10 años.

 

Democracias con impunidad

 

Filipinas, México, Brasil Rusia e India aparecen también en el listado de 12 países más impunes. Lo preocupante que señala el informe es que estos países se presentan como “democracias”.

En México la interminable guerra contra el narco parece ser la principal fuente de responsabilidad de estos crímenes contra los comunicadores. 21 casos impunes en la última década reflejan el deterioro creciente de la seguridad para ejercer este oficio. Inseguridad que sienten sobre todo periodistas locales que denuncian la corrupción y las podridas alianzas entre las autoridades regionales y los carteles de la droga.

En el octavo lugar aparece Brasil con 15 periodistas asesinados en donde también se vinculan a funcionarios gubernamentales y organizaciones criminales, sobre todo en zonas del interior del país donde se denuncia la ingente corrupción del gigante latinoamericano.

Colombia, junto a Sierra Leona, Nepal y Sri Lanka, son los 4 países que habitualmente aparecen en la deshonrosa lista y que han salido este año de ella. La CPJ señala que esto se debe “principalmente a la reducción de la violencia como resultado del fin de conflictos civiles y no al logro de condenas”.

Es decir, la misma organización sigue resaltando la impunidad en muchos casos donde los motivos reales de su desapariciones siguen inciertos y por lo tanto los avance en la investigaciones judiciales son nimios.

En Colombia, según la CPJ,  el mayor número de asesinatos se han cometido contra periodistas que cubrían casos de corrupción (24), seguido por los periodistas enfocados en temas políticos (20), el crimen (14) y los derechos humanos (13). La guerra aparece en los últimos motivos con 4 comunicadores muertos.

El caso más reciente es el de la periodista Flor Alba Nuñez Vargas, baleada el 10 de septiembre de 2015 frente a la estación de Radio La Preferido Estéreo, donde trabajaba en la ciudad de Pitalito, Huila.

La publicación resalta que la impunidad crece en países donde el conflicto es latente y ascendente, a lo que se suma la debilidad institucional para proteger el oficio periodístico y castigar  a los autores materiales e intelectuales de las amenazas y las muertes.