Irán ensaya un misil y Norcorea amenaza con la bomba H

Cuando los misiles son los que hablan

¿Existe una estrategia detrás del discurso y comportamiento erráticos de Donald Trump? Ayer Norcorea dijo que sus palabras eran una "declaración de guerra". Sube la tensión.

El lenguaje de los misiles lo adoptó igualmente Irán. Ante las palabras de Donald Trump, también hizo un ensayo balístico. / AFP

Las palabras de Donald Trump son, sin duda, un instrumento contundente. Con su forma de expresarse ha roto las barreras de la diplomacia y la convivencia. Su discurso divide, intimida, irrespeta. Ante la Asamblea General de Naciones Unidas amenazó con “destruir totalmente a Corea del Norte”, catalogó a Kim Jong-un como un “hombre cohete”, señaló a Irán de ser una “dictadura corrupta” y planteó retirarse del Acuerdo Nuclear firmado con Teherán y otras cinco potencias, “uno de los peores firmados por EE.UU., una vergüenza”.

Trump no se mide. Ataca a todos: mujeres, minorías, inmigrantes, deportistas, otros presidentes y hasta a su propia gente. Basta recordar la revelación de The New York Times sobre el fiscal Jeff Sessions. El periódico encontró que en medio del Rusiagate (investigaciones por la interferencia rusa en las elecciones de EE.UU.) lo llamó a su oficina, le dijo “idiota”, además de pedirle su renuncia. “La peor humillación que he vivido en décadas”, le dijo Sessions a su equipo.

En Twitter, su falta de empatía y hasta grosería no distingue. “¿No les gustaría ver a uno de esos propietarios de clubes decir, cuando alguien falta el respeto a nuestra bandera, ‘saquen a ese hijo de puta’ de la cancha ahora mismo. ¡Fuera! Está despedido. ¡Está despedido!?”, dijo el presidente en su cuenta de Twitter. Esto ante la protesta de jugadores de fútbol americano que se arrodillaron durante el himno nacional como rechazo a la violencia racial en el país.

Pero, como siempre ocurre cuando Trump interviene con su retórica incendiaria, es difícil distinguir si se trata de un cuidadoso cálculo político o apenas de una reacción del momento. Desde el punto de vista político, estas polémicas le pueden ayudar a galvanizar una parte de su electorado, aferrada a símbolos como el himno o la bandera, y distraer las atenciones de las dificultades políticas en el Congreso.

Trump tiene mucho que ocultar: el Rusiagate sigue, el Obamacare sobrevive a pesar de sus esfuerzos por derogarlo, su partido está dividido, el mundo lo mira con recelo y él sigue siendo el mismo Trump de campaña.

Porque tiene coherencia: el magnate ha sido consistente con su limitada comprensión de la política exterior, de la política, del manejo de la diplomacia (formas que importan mucho) y se expresa con el único lenguaje que conoce: la intimidación y la fuerza. ¿Y dónde tiene mayor impacto? En Estados Unidos, en donde ese infoespectáculo tiene audiencia.

El efecto de las palabras

Y como muy a pesar de Trump, las palabras importan (a pesar del poco apoyo que recibió), Irán aplicó aquello de que la mejor defensa es el ataque. Igual que Corea del Norte. El sábado Irán probó “con éxito” un misil de un alcance de 2.000 kilómetros, capaz, según las autoridades, de llevar varias cabezas explosivas. “Irán acaba de probar un misil balístico capaz de alcanzar a Israel”, dijo en Twitter. Y agregó: “¡También trabaja con Corea del Norte!”. El régimen de Pyongyang no se quedó callado y fue más allá.

“Guerra con Corea del Norte”

El gobierno de Kim Jong-un reiteró la intención del régimen de realizar un ensayo con una bomba de hidrógeno en el Pacífico, fuera de su territorio. Hasta la fecha, realizó seis pruebas atómicas. Expertos dicen que no se sabe si Pyongyang tiene la capacidad para el ensayo que dice, pero plantean escenarios. “Se cree que si Kim decide dar el visto bueno, Corea del Norte intentaría realizar la prueba disparando un misil, presumiblemente a un lugar vacío del Pacífico. La meta sería demostrar que ha resuelto todos los problemas tecnológicos que conlleva lanzar un arma nuclear a una ciudad estadounidense”, explica el Times.

Y apareció de nuevo la retórica del mandatario estadounidense. “Trump proclamó que nuestro líder no permanecerá por mucho tiempo y por eso ha declarado la guerra”, señaló el ministro norcoreano de Exteriores, Ri Yong-ho, en referencia a los mensajes del presidente en Twitter.

Ri también respondió a informes sobre el sobrevuelo de cazas y bombarderos estadounidenses cerca de las costas de Corea del Norte, el pasado sábado, en una medida que el Pentágono calificó como un “mensaje claro” hacia el régimen de Pyongyang.

Según el ministro norcoreano, las contramedidas que puede aplicar su país para defenderse de EE.UU. incluyen “el derecho a derribar los bombarderos estratégicos de Estados Unidos”, aunque no estén dentro del espacio aéreo norcoreano.

Trump seguirá usando las palabras, desprovisto de la responsabilidad de su cargo: sin moderarse o buscar acuerdos. ¿Hasta cuándo?

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