Jeff Sessions se pronunció sobre el ataque de Charlottesville

Cuando los terroristas nacieron en el sueño americano

“Terrorismo doméstico”. Así definió el fiscal general de Estados Unidos la marcha de un grupo de nacionalistas blancos que acabó con la vida de una mujer y dejó 19 heridos.

Con su discurso de campaña, el presidente Donald Trump se ha convertido en un nuevo símbolo del racismo. / EFE

Se pusieron muy bravos porque el gobierno local quería retirar la estatua del hombre que simboliza uno de los tiempos más oscuros de Estados Unidos. Estaba ubicada en el centro de Charlottesville, recordándole al mundo que el esclavismo fue la ley del país que pregona la libertad. Se trata de Robert E. Lee, un general famoso por comandar las fuerzas pro esclavistas de la Confederación Sur durante la guerra civil estadounidense.

Y como se pusieron bravos, armaron una marcha. Se autodenominaron “Unite the right” (la derecha unida). Sin esconderse, dijeron que ellos eran “nacionalistas blancos” y salieron por las calles de esta ciudad del Estado de Virginia a “protestar”. Empezaron el viernes, en los alrededores del campus de la universidad, con antorchas blancas en el aire, muy al estilo del Ku Klux Klan. Al otro día, un grupo de opositores hizo su propia protesta contra el racismo y el fascismo. Entonces un hombre blanco de 20 años, nacido en Kentucky, a quienes las autoridades identificaron como James Alex Fields, estrelló su carro contra ellos.

Fue, dijo Michael Singer, alcalde de la ciudad, “una exhibición de odio, racismo e intolerancia”. De hecho, la marca de antorchas Tiki emitió un comunicado en donde se desmarcaba por completo de esa manifestación. “Tiki Brand no está asociada de ningún modo con los sucesos que tuvieron lugar en Charlottesville y estamos profundamente entristecidos y decepcionados”.

Así, Tiki fue más contundente que el presidente al condenar los hechos. Trump ha recibido críticas de todos los sectores, que lo consideran indulgente con la extrema derecha, pero no es sorprendente que lo sea. Dijo en Twitter que condenaba el odio, en general. Por el contrario, para referirse a otros asuntos de la política interna y externa ha sido bastante más agudo.

Aunque en la mañana del lunes dijo, al fin, que “el racismo es el mal y aquellos que causan violencia en su nombre son criminales”, sus declaraciones llegan tarde, después de dos días de silencio y una lluvia de cuestionamientos en su contra por no haberse referido antes, en concreto, contra los nacionalistas blancos.

Donald Trump ganó las elecciones del año pasado prometiendo crear un muro que frenara el ingreso de inmigrantes a su país. Se convirtió en la voz de aquellos que creen que los responsables de la delincuencia y los peores males son los que vienen de afuera, los extranjeros: “México nos envía a la gente que tiene muchos problemas, que trae drogas, crimen, que son violadores", aseguró Trump en campaña.

Pero no solo en Estados Unidos la gente tiende a culpar al otro, al diferente, de los males propios. A mediados del 2016, el Pew Research Center les preguntó a los europeos si creían que los refugiados aumentaban la posibilidad de un atentado terrorista. El 59 % respondió que sí. No obstante, las cifras demuestran que la mayoría de los perpetradores de los actos calificados como “terroristas”, son locales, no foráneos.

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Por su parte, el Instituto Cato, organización con sede en Washington, encontró que la posibilidad de que un estadounidense muera a causa de un atentado perpetrado por un extranjero es una en 3,5 millones. Y la probabilidad de que un estadounidense muera por un ataque de un refugiado es una entre 3,6 mil millones. Además, los estadounidenses tienen 253 posibilidades más de morir en homicidio común, que en un ataque planeado por un terrorista.

Los ejemplos son vastos. Solamente en diciembre, y aunque por fortuna nadie resultó herido, un hombre empezó a disparar en una pizzería porque creía que existía una teoría conspirativa que escondía una red de prostitución infantil. En junio de 2015, un hombre que defendía la supremacía blanca, entró en la iglesia de Charleston, en Carolina del Sur y mató nueve personas. En el 2012, un veterano de las fuerzas armadas les disparó a seis personas en una iglesia del sijismo, religión fundada en la India. Y muchos más.

En efecto, el Instituto Caro encontró que en la mayoría de los actos terroristas perpetrados desde 11 de septiembre los victimarios han sido estadounidenses.