Los cambios no llegan a la isla

Cuba: un año sin Fidel Castro

¿Qué ha pasado a los cubanos luego de la muerte del líder de la Revolución? Hasta ahora, no mucho. La falta de liderazgo de las nuevas generaciones y los cambios políticos mundiales han hecho que la transición sea más lenta.

En La Habana se preparan varios actos para recordar a Fidel Castro, fallecido el 25 de noviembre de 2016. / EFE

La voluntad del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, hecha ley por el Parlamento, se ha cumplido: ninguna calle, plaza o edificio lleva su nombre ni existen estatuas o monumentos suyos en Cuba. Sin embargo, su huella es imborrable: Castro es recordado constantemente en los medios y en la realidad de la isla.

“Yo diría que la Revolución cubana sin Fidel Castro no existe. Él fue el centro de ese proceso político, quizá demasiado autoritario, demasiado mesiánico”, afirmó a Efe el historiador cubano Enrique López Oliva. Y agregó: “Grandes logros de la Revolución, como la salud y la educación gratuitas o los ideales de solidaridad e internacionalismo, se mantienen, aunque debilitados, porque el tiempo ha ido creando nuevas necesidades y retos, nuevas generaciones con otras aspiraciones”, que se encuentran hoy ante un vacío de liderazgo.

Según le dijo a AFP el exdiplomático y académico Carlos Alzugaray, “hay que superar aún la vieja mentalidad” y actualizar el ordenamiento legal e institucional, “pues nadie podrá gobernar a Cuba como lo han hecho Fidel y Raúl”. ¿Qué ha pasado con los cambios que había prometido Raúl Castro? El economista cubano Pavel Vidal, de la Universidad Javeriana, señala en un informe que “las reformas han terminado siendo demasiado graduales e irregulares”.

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El escenario más complejo es para la economía, cuya meta oficial de crecimiento anual cifrada en 2 % en diciembre fue ajustada a 1 % en julio. La Cepal la calculó recientemente en 0,5 % y algunos economistas prevén incluso una cifra negativa, como el -0,9 % de 2016. Eso sumado a la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien endureció el embargo, limitó más las visitas de estadounidenses y regresó al lenguaje de la Guerra Fría, “un retroceso” respecto a la política de su antecesor, Barack Obama.

Intelectuales de la izquierda militante, como Graziella Pogolotti, defienden que el legado de Fidel “está más vigente que nunca”, en especial su pensamiento “humanista y anticolonial”, que supo ajustar a las demandas de cada momento histórico.

“No solamente atendió a esa batalla por la liberación y la emancipación de los pueblos, sino que desde una fecha temprana advirtió con insistencia sobre los peligros que amenazan la supervivencia de la especie humana”, aseveró esta periodista y ensayista que preside la Fundación Alejo Carpentier de La Habana.

Raúl Castro tiene pendientes una imprescindible reforma constitucional y otra electoral. También nuevas leyes de empresa, prensa y cine. En agosto fue congelada la entrega de licencias para el trabajo privado en una veintena de actividades y fueron eliminadas otras.

Elecciones en Cuba

Este domingo, los cubanos votarán en los comicios municipales, un proceso que terminará en febrero con el primer relevo generacional en 60 años: un nuevo presidente sin el apellido Castro y que tampoco será una figura histórica de la Revolución. Todos los pronósticos coinciden en que el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, un ingeniero de 57 años, ocupará la Presidencia de Cuba tras una lenta carrera política, pues recorrió paso a paso todos los escalones del poder.

Sin embargo, nada indica que Raúl Castro deje la jefatura del Partido Comunista (único), principal cargo político del país, al menos hasta su próximo congreso, en 2021. “En ese escenario, en los próximos dos años, la agenda del Gobierno y el estilo de operación probablemente no cambiarán mucho”, estima Michael Shifter, de Diálogo Interamericano, un centro de análisis de Washington.

El académico cubano Arturo López-Levy, de la Universidad de Texas-Río Grande Valley, opina que ese relevo “ofrece oportunidades de cambios de política acorde a la visión de la nueva generación que irá ocupando los puestos cimeros”. Se trata del “cierre de una era política cubana”, agrega, aunque tenga una hoja de ruta hasta el 2030 aprobada por el Partido.