Crisis en la frontera

Cúcuta, entre la tensión y la calma

Después de dos días en los que fueron noticia mundial, los cucuteños regresaron a sus vidas comunes y corrientes. Sin embargo, sienten temor y rechazan la posibilidad de una intervención militar.

Manifestantes en la frontera colombo-venezolana rechazan una eventual intervención militar.Cristian Garavito

Después de la tensión que se vivió el fin de semana, la ciudad de Cúcuta parece regresar a la cotidianidad en la que se encuentra desde hace varios años, pero en la que ahora también reina la incertidumbre por lo que pueda suceder después del fallido operativo de ingreso de las donaciones internacionales del 23 de febrero.

Los episodios violentos del pasado fin de semana en los puentes fronterizos Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander preocupan a los cucuteños. La presencia de encapuchados de dudosa procedencia del lado colombiano y de los colectivos armados del otro lado de la frontera, alertaron a muchos de quienes residen allí, pues afirman que lo vivido en estos días es lo más cerca que se ha sentido una “guerra con Venezuela” en la frontera.

La gran mayoría de los venezolanos que viven en Cúcuta se inclinan unánimemente por una intervención militar a su país para salir de Nicolás Maduro. Si antes lo pensaban, después de los episodios violentos en la frontera lo dicen con mayor vehemencia. “Intervención militar ya”, afirman unos. “Señor Donald Trump, haga lo suyo”, gritan otros, poniendo en Estados Unidos sus esperanzas de que la crisis en su país, que ha obligado a cerca de tres millones de personas a emigrar, termine. Le recomendamos: Las tres cartas que Pence puso sobre la mesa en Bogotá

Pero mientras los migrantes abogan por y creen en la posibilidad de una intervención militar con ayuda de Washington para resolver sus problemas, los colombianos que viven en la frontera se encuentran inquietos frente a esta opción, que ha hecho ruido en los últimos días por las calles de Cúcuta.

“Claro que queremos que las cosas mejoren, pero no así”, afirma Estela Sánchez, cucuteña y dueña de un restaurante en el Barrio Latino, cerca del centro de la ciudad. Los últimos días han sido difíciles para su restaurante, que no ha podido abrir por la tensión que se ha vivido. “Desde el sábado estamos con los nervios de punta. Porque pedir una guerra desde afuera es muy fácil, pero nosotros somos los que vamos a llevar del bulto”, dice.

Desde Venezuela, distintos sectores políticos, como los de María Corina Machado y el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, le han sugerido al autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó, invocar un artículo de la Constitución venezolana que supuestamente le permite aceptar la entrada de fuerzas militares extranjeras a su país. Un escenario que no gusta mucho a los cucuteños, de acuerdo con el concejal liberal Jaime Marthey.

“El país ya ha hecho lo que habría hecho cualquier buen vecino (respecto al apoyo a la entrada de las donaciones internacionales), pero ante la falta de respuesta positiva, Colombia debe optar por una actitud pasiva”, afirmó en diálogo con El Espectador. “La gente aquí tiene que entender que esto tiene que ser con una salida negociada, apelar a la mesura, a la cordura, a bajar los ánimos. No podemos volvernos guerreristas ni entrar en esa tónica”.

Y aunque este lunes el Grupo de Lima, reunido en Bogotá, concluyó por unanimidad que rechazaba todo tipo de intervención militar para solucionar el conflicto en Venezuela, las palabras del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, no ayudaron a apaciguar los ánimos, que en la frontera continúan elevados, sino que volvieron a sembrar dudas sobre lo que pueda ocurrir en los próximos días.

“Esperamos una transición pacífica hacia la democracia. Pero el presidente (Donald) Trump lo ha dejado claro: todas las opciones están sobre la mesa”, dijo Pence durante su intervención ante el Grupo de Lima. Vea también: Las conclusiones a las que llegó el Grupo de Lima tras su encuentro en Bogotá

Aquí también tiene problemas

Después de que el gobierno de Hugo Chávez ordenara en el año 2009 el rompimiento de relaciones con Colombia, las cosas no volvieron a ser como antes en Cúcuta. Aunque en los años siguientes se restablecieron, con algunas interrupciones, el paso hacia y desde Venezuela se ha limitado únicamente a personas que van a pie. El tránsito de vehículos entre los dos países se redujo casi a cero y quienes vivían de las dinámicas fronterizas, como los vendedores de divisas y los comerciantes, están de acuerdo al decir que la ciudad ha sentido el golpe.

“Aquí también tenemos problemas. Estamos esperando que el presidente Duque cumpla lo que prometió, porque aquí muchos votamos por él”, cuenta Pedro Flórez, embolador de zapatos en la plaza Santander, en el centro de la ciudad. “Entendemos que las cosas con los venezolanos estén duras, y los apoyamos, pero él es el presidente de Colombia y no de Venezuela”, reclama.

Mientras la tasa de desempleo del país ha disminuido desde el 2010 a nivel nacional, con picos de aumento en los tres últimos años, en Cúcuta no ha sido inferior al 14 % desde el 2009. De acuerdo con las últimas cifras del DANE, se sitúa en el segundo lugar a nivel nacional entre las ciudades con mayor número de desocupados (15 %). Le puede interesar: Consejo de Seguridad de la ONU hará reunión urgente sobre Venezuela mañana

“El desempleo varía según el crecimiento económico de la región y después del 2009, que se empiezan a romper las relaciones con Venezuela, la economía del departamento empezó a depender única y exclusivamente de la situación del país”, afirmó Lina Iscalá, del Observatorio Económico de la Cámara de Comercio de Cúcuta, al diario La Opinión. De hecho, si se comparan las cifras del 2009 (11,4 %) y las actuales, el desempleo ha aumentado casi cuatro puntos.

La informalidad es otra estadística que preocupa a los cucuteños, pues, de acuerdo con el DANE, la ciudad mantiene el primer puesto a nivel nacional, con una tasa del 69,8 %, muy por encima del promedio nacional (48 %) y de ciudades como Bogotá (41,3 %), Medellín (40,6 %) y Manizales (38,5 %).

Dentro de ese porcentaje elevado se encuentra Jhon Hernández, quien vive a 45 minutos del centro de la ciudad y viaja todas las mañanas hasta la plaza Santander para vender minutos de celular, películas, música en memorias USB y forros para controles remotos. “En Cúcuta vivimos así”, dice.

Mientras tanto, el Gobierno colombiano, que ha sido muy criticado por varias personas en el interior del país por su postura frente a Venezuela, insiste en que su interés por solucionar los problemas del vecino tiene que ver, precisamente, con que así Colombia va a estar mejor. Sin embargo, los cucuteños, dicen que eso en la ciudad no se ha visto… Por ahora.

 

841879

2019-02-25T21:00:00-05:00

article

2019-02-25T21:21:32-05:00

[email protected]

none

Jesús Mesa - Cúcuta

El Mundo

Cúcuta, entre la tensión y la calma

37

8396

8433