Cumbre del G20 en Osaka: un pulso geopolítico entre grandes potencias

Más allá de las controversias dentro del grupo, cuyas posiciones dispares se acomodarán en un comunicado de consenso, la dinámica paralela de las reuniones bilaterales pondrá de presente el pulso geopolítico entre países como Estados Unidos, Rusia y China.

La cumbre del G20, que se celebra en Osaka (Japón) será escenario de importantes encuentros bilaterales. AFP

La XIV Cumbre del G20 en Osaka, Japón, pone a prueba el mecanismo más reciente de coordinación entre las grandes economías. Surgió en 1999 a raíz de la crisis financiera asiática y cobró importancia mundial con motivo de la crisis hipotecaria de 2008 en Estados Unidos. El estallido de esa burbuja financiera se propagó a Europa; allí, los países del Mediterráneo vieron derrumbar sus presupuestos e incrementar su dependencia de los créditos del Banco Central Europeo, cuya principal socia es la red de bancos alemanes. Los posteriores cambios políticos en esos países y el Brexit son consecuencia del desacreditado mecanismo de integración regional condicionado a las directrices del BCE, la Comisión Económica Europea y el Fondo Monetario Internacional. 

El G20 es una iniciativa de las economías grandes que negociaban el rumbo económico mundial en el G 8, donde solían participar Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, Rusia y Japón. Esos remezones financieros llevaron al club a invitar otras economías grandes que estaban por fuera. El caso es que China se convertía en el mayor poseedor de bonos del tesoro americano y no tenía presencia en el foro primordial de los asuntos económicos. En 2009, el G20 tomó la agenda del G8, bajo la idea de contar con una representación más amplia y de todos los continentes en la discusión de los problemas planetarios. A la cita en Osaka llegan este año 19 países más la Unión Europea. Hay cinco americanos (Estados Unidos, Canadá, México, Brasil y Argentina), cinco europeos (Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y la UE), un africano (Sudáfrica), dos euroasiáticos (Rusia y Turquía), uno por Oceanía (Australia) y seis asiáticos (China, Japón, Corea, Indonesia, India, Arabia Saudí).

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Que Asia tenga la mayor representación da cuenta de su auge industrial, comercial y en innovación, en contraste con África, un continente con una capacidad económica restringida y sin mayor voz internacional, no obstante ser una zona determinante en la problemática mundial contemporánea alrededor del hambre, las migraciones forzadas, el desempleo, la deforestación, la contaminación de los mares y el cambio climático. Algunos de esos temas serán abordados en la Cumbre de Osaka. 

La atención de los diecinueve mandatarios se centra en ocho temas prioritarios: la economía global, el comercio y las inversiones, la innovación, el medio ambiente y la energía, el empleo, el empoderamiento femenino, el desarrollo y la salud. Sobre los tres primeros hay consenso, en cuanto a la necesidad de facilitar las transacciones comerciales y financieras, como medida para estimular el crecimiento sostenido de la producción. Se esperan algunas indicaciones sobre los problemas restantes, en donde el consenso es esquivo, debido a la oposición estadounidense (y ahora brasileña) a las regulaciones ambientales. Esos tópicos serán tratados en las reuniones ministeriales sucesivas hasta el final del año. 

Con todo, las mayores expectativas no giran en torno a las declaraciones que producirá el grupo. Al fin y al cabo, se tratará de indicaciones de política sin instrumentos vinculantes, de tal manera que las disposiciones normativas continuarán siendo discutidas y aprobadas en la ONU, la Organización Mundial de Comercio y la OIT, las instituciones multilaterales encargadas de tales asuntos. 

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Más allá de las controversias dentro del grupo, cuyas posiciones dispares se acomodarán en un comunicado de consenso, la dinámica paralela de las reuniones bilaterales pondrá de presente el pulso geopolítico entre las grandes potencias del momento. Un Trump en campaña reeleccionista aprovechará el escenario para demostrarles a sus votantes que mantiene en línea a sus máximos antagonistas: Xi Jinping y Vladimir Putin, quienes a su vez dramatizarán el papel opuesto de figuras impasibles frente al discurso altisonante del mandatario estadounidense. La política unilateral por parte de Estados Unidos al aplicar sanciones económicas a países como Irán, Venezuela o Turquía o de arremeter en guerra comercial contra China no será acogida por el grupo que, al contrario, buscará afianzar la misión de la OMC y sostener las reglas de juego multilaterales. Sin embargo, algunas expresiones como asegurar “las relaciones económicas de beneficio mutuo para los países” le permitirán al jefe de la Casa Blanca aparecer como héroe del encuentro ante su fanaticada. 

Japón fue el más reluctante socio en transformación del G8 en G20. Concederle más espacio a China no estaba dentro de sus prioridades; por ese motivo, solo ahora acoge una cumbre del grupo. Su economía es la tercera en tamaño, es acreedor neto y desarrolla tecnologías de punta. La industria japonesa es sólida en robótica, tecnologías de la información y la comunicación, internet de las cosas, inteligencia artificial y biotecnología. De ahí que el gobierno de Abe le apueste a la Sociedad 5.0, con el objetivo de marcar la pauta en la masificación de esas tecnologías, como alternativa a un país pobre en recursos naturales, deficitario en la producción de alimentos y con una sociedad en envejecimiento rápido. 

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Aunque Japón conserva su alianza militar con Estados Unidos, en los temas de la Cumbre del G20 incidirá en la acogida mayoritaria de las soluciones multilaterales y en la atención a la problemática social y ambiental. El país no ha desfallecido en su compromiso con la ONU y la ayuda para el desarrollo, como el primer aportante; asimismo, ha sido el abanderado del desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático desde el Protocolo de Kioto, firmado en 1992. En beneficio del gobierno japonés, la Cumbre le confirmará al mundo la alta capacidad para organizar magnos eventos internacionales como serán los Olímpicos del 2020.

Con el 86% de la producción mundial y el 77% del comercio, el G20 marca el ritmo económico global. La concertación emite un mensaje positivo para los mercados. En los escenarios bilaterales varios países tratarán de neutralizar el ataque estadounidense a la OMC y la Organización Internacional de la Energía Atómica, vapuleadas la ofensiva comercial frente a China y las sanciones económicas a Irán.

* Universidad Externado de Colombia

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Pío García *

El Mundo

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