El atentado en Inglaterra deja 22 muertos

Del lobo solitario a las familias yihadistas

El padre y dos hermanos del responsable de los atentados en Mánchester fueron capturados por presuntos vínculos con organizaciones terroristas. No es la primera vez que miembros de la misma familia terminan involucrados en ataques de este tipo.

Hashem, el menor de los Abedi, fue capturado en Libia por vínculos con el EI. / AFP

Según Bloomberg News, Ramadan Abedi acababa de dar una entrevista cuando un grupo de personas armadas y con máscaras entró a su casa en Trípoli. El hombre, padre de Salman Abedi, a quien se le atribuye el ataque suicida que acabó con la vida de 22 personas en Manchester, fue arrestado por un grupo antiterrorista libio justo después de defender a su hijo ante los medios y mientras dos de los tres hermanos de Salman eran capturados por las autoridades libias y británicas.

Ramadan Abedi y Samia Tabbal, los padres del responsable del atentado en el Manchester Arena, nacieron en Libia y llegaron a Inglaterra huyendo del régimen de Muamar Gadafi a comienzos de los 90. Después de pasar una temporada en Londres, donde tramitaron sus solicitudes de asilo, se trasladaron a Mánchester para unirse a la nutrida comunidad de refugiados libios que hay en esa ciudad. Allí nació Salman, el segundo de los cuatro hijos de los Abedi, quien, junto con su hermano mayor Ismail, se quedó a vivir en la casa familiar después de que el resto de la familia regresó a Trípoli en 2011.

El fin del exilio de los Abedi estuvo marcado por la caída del régimen de Gadafi, algo en lo que Ramadan estuvo involucrado activamente. En 2011, el padre de los Abedi regresó a su país natal para pelear contra el régimen como parte del Grupo Islámico Combatiente Libio, una organización armada que, según el Departamento de Estado de EE. UU., tiene vínculos con Al Qaeda.

Después del triunfo de la revolución libia, y a pesar del caos en el que quedó el país, Ramadan Abedi decidió quedarse y sólo regresó a Inglaterra hace tres meses por un breve período para realizar trámites relacionados con la casa en la que sus hijos vivían en Mánchester. Esa misma casa, ubicada en Fallowfield, en el sur de la ciudad, fue allanada pocas horas después del atentado del lunes, cuando, a través de videos de seguridad y gracias a una tarjeta bancaria, la Policía identificó a Salman Abedi como el responsable.

La complejidad y el tamaño de la bomba que Abedi utilizó para inmolarse, junto al hecho de que en su casa no se encontraron rastros de explosivos, fueron los primeros indicios de que el atentado no había sido realizado por un lobo solitario. “No podemos ignorar la posibilidad de que exista un grupo de individuos vinculados a este ataque”, dijo la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, mientras ordenaba aumentar al máximo las alertas ante la posibilidad casi inminente de nuevos ataques.

Hasta el momento, ocho personas han sido capturadas por las autoridades británicas, entre ellas Ismail Abedi, el hermano mayor de Salman. Del mismo modo, grupos antiterroristas libios capturaron a su padre y a Hashem, el menor de los varones de la familia Abedi y quien, según las autoridades del país del norte de África, habría confesado ser parte del autoproclamado Estado Islámico. Al parecer, Hashem no sólo conocía detalles del plan de su hermano sino que, además, él mismo preparaba un ataque en la capital libia.

Los miembros de la familia Abedi no son los primeros yihadistas procedentes de Mánchester cuyos nombres le dan la vuelta al mundo. En julio de 2014, Zahra y Salma Halane, gemelas de 16 años, conmocionaron a la sociedad inglesa cuando se supo que habían huido para unirse al Estado Islámico en Siria, uno de los lugares donde se cree que Salman Abedi habría recibido entrenamiento.

En declaraciones concedidas a The Guardian, uno de los hombres que pelearon junto al padre de los Abedi en Libia describió los problemas que tienen los jóvenes de la comunidad libia en Mánchester para encajar en el país en el que nacieron y en la nación de sus padres. “Ellos no pertenecen a ninguna de las dos sociedades, no son ni libios ni británicos. (…) No son aceptados, lo que produce mucha frustración y descontento”.

La insatisfacción de los jóvenes de ascendencia musulmana en Gran Bretaña ha producido todo tipo de yihadistas entre los que, quizás, el más emblemático fue Mohamed Emwazi, que llegó a Inglaterra a los seis años, terminó en ese país sus estudios universitarios y se convirtió en Jihadi John, el hombre que decapitaba ante las cámaras a los prisioneros del Estado Islámico y amenazaba a Occidente con acento británico.

El caso de la familia Abedi, como el de muchos otros musulmanes radicalizados, da luces sobre la marginalidad en la que viven los inmigrantes de países de mayoría musulmana en Europa. A pesar del cambio generacional, la integración sigue siendo un reto de las sociedades europeas y será una necesidad cada vez más apremiante si el flujo de inmigrantes que cruza el Mediterráneo continúa.

La radicalización de varios miembros de la familia Abedi también habla sobre otra de las recientes tendencias del yihadismo. En los videos de propaganda del Estado Islámico llaman “hermanos” a todos los musulmanes que están dispersos por el mundo y los invitan a unirse al califato y a la guerra santa contra Occidente.

Esa “hermandad” entre yihadistas fue literal en el caso de Tamerlan y Dzhokhar Tsarmaev, que en 2013 pusieron una bomba en la maratón de Boston. También lo fue en el de Ibrahim y Salah Abdesalam, involucrados en los ataques de París la noche del 15 de noviembre de 2015, o en el ya mencionado caso de las hermanas Halane, que, como muchos otros, viajaron junto a miembros de su familia para unirse a las filas del EI.

Los ataques de personas radicalizadas a través de internet siguen sucediendo. Los lobos solitarios han estado detrás de atentados como el de junio de 2016, cuando Omar Mateen abrió fuego en el interior de una discoteca en Orlando, o como el que ocurrió en la Universidad Estatal de Ohio en noviembre del mismo año.

Sin embargo, la complejidad de los recientes ataques, el número de personas capturadas y el hecho de que varios de ellos sean familia hacen pensar que el refinamiento en los métodos de radicalización y reclutamiento de los grupos yihadistas está dando frutos. Hoy, los grupos extremistas no sólo están reclutando militantes en todo el mundo sino que también han encontrado en el descontento de muchos inmigrantes el caldo de cultivo para arrastrar familias enteras al terrorismo.