Desenmascarados: la pandemia les gana a Trump y Pence

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El equipo de la Casa Blanca creó la ilusión de que el aumento de casos de COVID-19 se debe a que se están haciendo más pruebas. Falso. El virus se sigue esparciendo por el país dejando números alarmantes.

El martes por la noche, tras seis meses de profunda crisis, el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, admitió algo que para la mayoría del planeta no tenía discusión: “Usar una máscara es una buena idea”, dijo.

Desde el inicio de la pandemia, él y los aliados más devotos del presidente Donald Trump reprocharon esta medida, desafiaron a los expertos, negaron sus beneficios y aseguraron que se trataba de una violación a la libertad. Su discurso caló entre las bases más conservadoras del país y convirtió el uso de la máscara en una declaración política y en una pelea entre republicanos y demócratas, que escaló desde los enfrentamientos en los supermercados hasta internet, donde se viralizaron videos de ciudadanos enfurecidos porque se les exigía portar un tapabocas para entrar a mercar.

“El tema es muy grave, porque se han politizado la reapertura y la protección de las máscaras faciales. Hace un mes se vivió una presión muy fuerte por sectores republicanos en varios estados para pedir la siguiente fase de reapertura; el problema es que la gente comenzó a asistir a bares y playas que recién abrieron sin protección. Cuando se les pedía a los ciudadanos que portaran la máscara terminaban en peleas, disputas y acusaciones políticas”, cuenta Álvaro Corzo, corresponsal de El Espectador en Los Ángeles. “Es un caos total. Sales a la calle con una máscara y la gente te mira raro. Se ha vuelto un tema de o estás con Trump, quien no se pone la máscara, o estás con los demócratas. Es una polarización absoluta”, agrega.

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Trump incluso dijo hace unos días en una entrevista con The Wall Street Journal que algunos ciudadanos usaban la máscara para mostrar “oposición” a su gobierno, alentando aún más la polarización. Pero en un abrupto cambio de opinión, Pence les pidió ahora a todos los ciudadanos que usen máscaras cuando sea necesario. Lo hizo mientras él mismo portaba una de manera inusual. Su gesto y sus palabras de esta semana son más que trascendentales, pues revelan que en la Casa Blanca comienzan a aceptar lo peor: que el gobierno va perdiendo la batalla contra el coronavirus.

El mensaje de Pence llegó solo horas después de que el doctor Anthony Fauci, miembro clave del grupo de respuesta a la pandemia en Estados Unidos, anunció que la pesadilla estaba lejos de terminar y que el país podría comenzar a reportar cerca de 100.000 casos diarios por COVID-19.

Estados Unidos ya tiene un aumento alarmante de casos de contagio de coronavirus. Esta semana comenzaron a romperse los récords de casos positivos en los estados más poblados del sur, como Arizona, Florida y Texas, pero también en California, con un agravante: el mayor número de infecciones se presentan en personas entre los 25 y 44 años. Según la Universidad Johns Hopkins, hoy se reportan más de 45.000 casos diarios.

¿Rebrote?

Contrario a lo que se ha presentado en países como Corea del Sur y China, y que probablemente pueda ocurrir en España e Italia según expertos, el caso puntual que se maneja en Estados Unidos quizá no se trata de un rebrote, pues el país no se ha librado en ningún momento del brote original. En palabras coloquiales, Estados Unidos nunca aplanó la curva. Aunque claro, al ser un territorio tan extenso, vale aclarar algunas diferencias que se presentan en el país.

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En general, Estados Unidos no dejó de reportar 20.000 casos diarios de contagios por día desde el estallido de la crisis, a finales de abril. Pero en la zona noreste sí se ha venido aplacando la curva notablemente. En el Medio Oeste se ha visto una reducción de casos reportados entre mayo y junio. Pero en el sur y en el oeste del país el reporte ha sido una constante al alza desde marzo y nunca ha mostrado señales de reducción. La pregunta que todos se hacen es por qué. Y en la respuesta que da la Casa Blanca queda desenmascarada una peligrosa narrativa del gobierno Trump.

La recuperación, una mera ilusión

El presidente Trump y su equipo han adaptado la actual crisis a su campaña de reelección. Sin una economía fuerte de la cual hacer alarde, el presidente ha declarado que él es el indicado para guiar a la nación a una recuperación. Pero este discurso estaba pensado para lograr dicha recuperación antes de las elecciones, y hasta ahora la realidad no lo acompaña. Por eso, como apunta Greg Sargent, columnista de The Washington Post, Trump optó por la opción de “crear la ilusión” de que Estados Unidos ya había superado la mayor parte del camino a la victoria y la recuperación.

El gobierno Trump les ha hecho creer a los ciudadanos que el aumento de casos se debe a que se han realizado más pruebas. De hecho, el vicepresidente Pence les pidió a los gobernadores locales que les dijeran a sus ciudadanos que el aumento de las pruebas era la razón de los picos de casos y que esto era algo “bueno”, pues significaba que el gobierno estaba cumpliendo con su tarea. Pero el diagnóstico no es tan simple. Es engañoso. Como señala la BBC, “si se están haciendo más pruebas y el contagio del virus está disminuyendo, entonces los casos positivos deberían ser menos. Pero si el virus continúa esparciéndose por el país, entonces los números van en aumento”. Y si la tendencia continúa, el número de muertes será “perturbador”, según dijo Fauci el martes. El aumento de casos se ha dado, entre otras cosas, porque el gobierno no tomó las medidas adecuadas para iniciar una reapertura y condenó uno de los remedios más útiles: el uso de la máscara facial.

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La misma ilusión de victoria de Trump se posa sobre el otro frente de batalla: la economía. El informe de mayo, que señaló de manera inesperada la adición de 2,5 millones de empleos, sorprendió a todos los expertos, que esperaban que la crisis se profundizara aún más. Esto sirvió para que el equipo de Trump proclamara que “el gran regreso estadounidense” había comenzado e hizo campaña con ello. Pero es una pintura a medias.

“Esto es absurdo: todavía tenemos veinte millones de empleos en el hoyo y el pronóstico a largo plazo es extremadamente grave. Pero notablemente, Trump y los republicanos han aprovechado esos números de empleos con el propósito explícito de oponerse a los esfuerzos adicionales de rescate económico. La mitad de esto es ideológica, sin duda, pero la otra mitad es seguramente un deseo de alimentar la ilusión de que estamos rugiendo”, dice Sargent. Las palabras de Fauci son concluyentes y crudas: “Claramente no tenemos esto bajo control… Estados Unidos está yendo en la dirección equivocada”, dice el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.

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La reapertura que exigían los republicanos se hizo sin tomar medidas de seguridad como los tapabocas. Y ahora que el gobierno reconoce que este puede ser un remedio efectivo para controlar la propagación del virus, ya es muy tarde para miles de estadounidenses. Estos errores comienzan a pasar factura. La Unión Europea excluyó esta semana al país de su “lista segura” de viajes.

“Los trumpistas tomaron el mercado en ascenso como una validación de todo lo que estaban haciendo: su impulso para una reapertura temprana, a pesar de que el coronavirus no estaba contenido, su oposición a un mayor alivio para los trabajadores desempleados. En otras palabras, la exuberancia irracional de los minoristas puede haber permitido la irresponsabilidad de una administración que no quería lidiar con la realidad en primer lugar”, escribe Paul Krugman, columnista de The New York Times.

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