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El futbolista ayudó a detener la guerra en su país

Didier Drogba, el rey elefante

El internacionalista marfileño dejó una huella en el mundo futbolístico por su gloriosa carrera deportiva, pero su legado como líder de paz es el que dejó una marca imborrable en su país. Este domingo visitará Cartagena.

El exfutbolista marfileño Didier Drogba es un reconocido líder social en su país. Su foco es la juventud. / AFP

El día que el ariete africano Didier Drogba se retiró de la selección de fútbol de Costa de Marfil no sólo se acabó una excelente carrera deportiva, sino que se selló el capítulo de un increíble cuento de hadas. Él, como jugador clave del equipo, además de llevar a su país por primera vez a una Copa del Mundo, lo condujo al final de una guerra.

Costa de Marfil, que se había independizado de Francia en 1960, de la mano de Felix Houphouet Boigny, no logró formar una nación estable luego de su emancipación. Los conflictos étnicos y religiosos han sido los mayores problemas desde sus inicios. Las ideas precarias asentadas en el nacimiento de la nación agravaron el conflicto en las últimas décadas y abrieron la posibilidad de una guerra.

Fruto de esto, a finales de siglo hubo tensiones entre el pueblo y el Gobierno, básicamente porque las reformas nacionales firmadas por las poblaciones cristianas del sur redujeron los derechos de los musulmanes del norte.

Luego de cambios de gobierno e intentos de golpes de Estado, la guerra finalmente detonó el 19 de septiembre de 2002, tras una ola de asesinatos cometidos por los grupos rebeldes situados en Bouaké y Korhogo, y se extendió hasta 2007, meses después de la intervención de Drogba.

Costa de Marfil jamás se había clasificado a una Copa Mundo, pero en 2006, con una generación dorada de jugadores como Drogba y Cyril Domoraud, pudo conseguir un tiquete a la cita mundialista. El 8 de octubre de 2005, tras disputar el último encuentro de la fase clasificatoria, contra Sudán, y confirmar su boleto al Mundial de Alemania 2006, los jugadores del equipo estaban situados frente a una cámara de la televisión nacional, y fue el capitán Domoraud el que le pasó el micrófono a Drogba para que dijera unas palabras.

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“Ciudadanos de Costa de Marfil, del norte, sur, este y oeste, les pedimos de rodillas que se perdonen los unos a los otros. Perdónense. Un país en África con tantas riquezas no puede caer en guerra. Por favor, dejen sus armas y organicen elecciones libres”, pidió el delantero marfileño.

El mensaje de Drogba atravesó todas las barreras, como si se tratara de uno de sus remates a puerta. Los marfileños, pendientes de la transmisión y en medio del éxtasis que produjo la clasificación, entendieron sus palabras. No valía la pena la guerra. A la semana siguiente convocaron elecciones populares.

El conflicto interno de Costa de Marfil, producto de una larga historia de malentendidos entre etnias y de decisiones políticas mal tomadas, no pudo hacer nada frente a la reunión pacífica de un partido de fútbol. Luego de su participación en el Mundial y de ser nombrado jugador del año en el país, Drogba viajó a Bouaké, ciudad ocupada por los rebeldes del norte, para solicitar la unidad del pueblo. Justo en ese lugar, en 2007, solicitó jugar un partido amistoso. El himno sonó, entonado por el presidente y los rebeldes. “Ver a los bandos juntos cantando al unísono el himno de mi país fue muy especial. Sentí que Costa de Marfil volvió a nacer”, apuntó el delantero.

A partir de ahí, Drogba continuó dedicando su vida a la ayuda de su país, no sólo con el impulso de varias campañas de reconciliación, sino también con grandes donaciones para luchar contra los índices de pobreza en la región. El futbolista, que nació en Abidján en 1978, en el seno de una familia muy pobre, migró junto con sus padres a Francia cuando era un niño, para buscar un mejor futuro.

“No olvido mis orígenes”, señala el deportista. “He tenido oportunidades y siempre pienso en quienes no las tienen. Todos debemos contribuir en la lucha contra la pobreza”.

En 2007, luego de un mayor reconocimiento público, Drogba abrió su propia fundación, que tiene la misión de promover el acceso a la educación y la salud en África. Por sus actividades sociales, el futbolista fue nombrado embajador de buena voluntad por la ONU ese mismo año.

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Pese a que el conflicto en su país tuvo un leve resurgimiento en 2011, el rey elefante, como se conoce al jugador por sus orígenes marfileños y capacidad de liderazgo, no ha abandonado sus intenciones de reconstrucción social.

Drogba, quien enfrentó a la selección de Colombia en la fase de grupos del pasado Mundial, llega mañana de visita para motivar a los jóvenes de las regiones del país en conflicto a seguir el camino de la paz y la reconciliación a través de charlas motivacionales.

“La experiencia me ha enseñado que puedo usar mi voz para generar cambios y que puedo ser un ejemplo para los demás. Me tomo muy en serio mi papel de embajador y espero que me brinde oportunidades para hablar sobre los problemas que afectan a mi país y mi continente”, anotó el astro marfileño.