Donald Trump y la incoherencia de su política internacional

De Obama a Trump, la política internacional de Estados Unidos ha sido ambivalente y poco consecuente. Obama creo expectativas muy altas que, a la larga, terminaron en desilución. Con Trump, las cosas no han cambiado mucho,

AFP

Hubo un tiempo en que la gente cuestionaba el acercamiento de Estados Unidos a Oriente Medio. Preguntaban si el entonces presidente Barack Obama tenía una buena estrategia o no, especialmente porque él mostraba un comportamiento vacilante en la política exterior.

Mientras usaba una retórica que apoyaba la democratización, él falló al no apoyar lo suficiente ningún proceso democrático. Él declaró el uso de las armas químicas como una línea roja que no se podía cruzar en la guerra en Siria, pero ignoró fácilmente cuando el régimen de Assad la cruzó. Él permitió a los rusos intervenir en Siria, a pesar de ser crítico con la invasión rusa en Crimea. Igualmente, en la mayoría de crisis internacionales que se desarrollaron durante su mandato, Obama hizo lo contrario a lo que predicaba. Debido a esas posturas ambivalentes, algunos decían que Obama no tenía una política internacional, ni una estrategia de seguridad nacional.

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Ambigüedad: la herramienta de manejo

Después de todo, esto empieza a hacerse claro. Su estrategia de retracción estableció la no participación en los asuntos mundiales como un objetivo político. 

Por esa razón, Obama trabajó deliberadamente en incrementar la ambigüedad. Él produjo expectativas que nunca iban a ser satisfechas, pero siempre las mantuvo vivas.

Líderes alrededor del mundo esperaban que Obama, de una forma u otra, reaccionara en contra de los agresores del orden internacional como Vladimir Putin, o en conflictos como el de Siria. Sin embargo, Obama fue consciente y consistentemente vacilante. Eso era parte de su estrategia y él cubrió esta estrategia haciendo parecer que no existía ninguna.

Ahora él se fue, pero la actitud vacilante de la política exterior de EEUU continua. ¿Debería ser vista como un legado de Obama seguido por el Estado estadounidense incluso después del final de su mandato? ¿Está todavía viva la ambigüedad consciente de la estrategia de Obama? 

La era Trump no promete nada diferente

Durante su campaña Trump se dedicó a hacer oposición contra la política de Obama y, de hecho, se esperaba que actuara diferente a su antecesor. Sin embargo, un año después de posesionarse, el enfoque de EEUU hacia Oriente Medio no ha cambiado significativamente, no se espera un cambio importante a corto plazo y a la gente todavía le resulta difícil describir la estrategia estadounidense en esa región en términos definitivos.

Trump firmó un acuerdo exorbitante de venta de armas con Arabia Saudita. Este acto puede ser interpretado como un permiso, y un apoyo activo, a las sanciones de Arabia Saudita contra Catar. De hecho, por esa época Trump dijo en uno de sus tuits que durante su visita a Arabia Saudita estuvo convencido de que Catar estaba detrás de la mayoría de los “grupos terroristas”. Sin embargo, dos días después el Secretario de Estado, Rex Tillerson, declaró que EEUU no apoyaba directamente las sanciones en contra de Catar. Días después, Catar y EEUU firmaron otro acuerdo de armas. En ese momento se hizo claro que EEUU no estaba de parte de ningún bando en esa crisis. Una forma de política de no participación, con la ayuda de la ambigüedad, se estaba empleando una vez más.

Apoyo de EEUU a las ramificaciones del PKK

Otro ejemplo de esta posición es que EEUU apoya al Partido de la Unión Democrática (PYD). Desde la administración Obama, Washington le ha proporcionado armas pesadas, legitimidad política y apoyo aéreo a esta rama del PKK en el norte de Siria.

A pesar de las repetidas denuncias de Turquía sobre usar un grupo terrorista en contra de otro, el apoyo de EEUU a PKK/PYD se ha incrementado bajo la administración de Trump. Sin embargo, EEUU sigue usando palabras tranquilizadoras para hablar sobre la integridad territorial de Siria.

Aunque no critica abiertamente las negociaciones, esto demostraría que EEUU no se siente cómodo con el proceso de paz que se lleva a cabo en Astana ya que estos han dado mucha importancia a Rusia, Turquía e Irán, aunque lo que realmente piensa, nunca será completamente descubierto.

El Gobierno de EEUU en la garganta de la inercia

Un ejemplo más reciente de la vacilación y la ambigüedad estadounidense se puede encontrar en el norte de Irak. Cuando la administración de Masoud Barzani anunció su decisión de hacer un referendo proindependista, la primera reacción de EEUU fue no aceptarlo. A través de repetidas declaraciones, quedó claro que EEUU estaba de hecho a favor de un Estado kurdo independiente en el norte de Irak, pero que eran escépticos acerca de cuándo debía suceder.

Pareciera que el foco de EEUU es la lucha contra Daesh, específicamente en Al Raqa, y cualquier acción detrás de esto es considerado como una desviación.

Este referendo ilegítimo, y las consecuencias que puede tener, fácilmente podrían desencadenar una nueva ola de inestabilidad regional, que a su vez podría liberar muchas crisis inesperadas.

La intervención iraní y turca, en el norte de Irak, sin duda significaría otro campo de controversia, lo que requeriría una mayor participación de EEUU. Teniendo en cuenta la inercia de ese Gobierno, y su renuencia a tal participación, es obvio por qué Washington pidió el aplazamiento del referendo.

Ahora, muchos observadores encontraron la posición de EEUU mucho más suave de lo que esperaban. Si EEUU quiere un Irak estable e integrado, y cree que no es el tiempo adecuado para un referendo independentista, debió poner alguna presión sobre Barzani. De hecho, de acuerdo a los observadores, Barzani no se atrevería a actuar con tanta audacia sin la aprobación tácita de EEUU. Por lo tanto, se puede argumentar que ese Gobierno apoya tácitamente a Barzani.

Esta explicación tiene algunos méritos. Por supuesto, a Barzani le interesa la aprobación estadounidense y EEUU podría presionar más si realmente se preocupara por la estabilidad de Irak. Por lo tanto, se puede creer que EEUU tienen un pie en ambos campos y así parece convincente.

Reglas cacofónicas

Sin embargo, esta creencia pasa por alto el vacío de poder actual en el Gobierno de EEUU y supone que esa nación habla con una sola voz. Los recientes acontecimientos en EEUU, sin embargo, nos dicen lo contrario y es difícil creer que haya un plan astuto detrás. De hecho, la mayoría de los pasos que está tomando el Gobierno de Trump son menos astutos, y menos diseñados, comparados a los de la administración Obama. En su lugar, la mayoría de la política exterior estadounidense y las prioridades de seguridad nacional son moldeadas más por varias organizaciones burocráticas, que por la propia administración política y hay un enorme vacío de poder.

Hasta ahora, Trump no ha logrado construir un Gobierno operativo. Debido a la ausencia de un presidente y un Gobierno fuerte y resuelto, organizaciones burocráticas como el Pentágono y el Mando Central de los Estados Unidos están desarrollando sus propios enfoques y tratando de influir en las decisiones políticas. Por lo tanto, una cacofonía está dictando la naturaleza del enfoque norteamericano y es un resultado natural: la ausencia de un liderazgo político fuerte es la razón de la ausencia de una estrategia coherente.

Acciones estadounidenses en conflicto

El ejemplo más reciente de la política exterior estadounidense en Oriente Medio demuestra que estas no son estrategias diseñadas sino simplemente historias de fracasos.

Solo dos días atrás, el Pentágono declaró su apoyo a la operación militar de Turquía en Idlib y su apoyo a los diálogos de Astana. Mientras tanto, este fin de semana EEUU anunció que suspendería temporalmente la emisión de visados a Turquía y eso era ciertamente inesperado.

De hecho, hay muchas más controversias entre Turquía y EEUU que conciernen a FETO y al intento de golpe de Estado de julio 15 de 2016. A pesar de las repetidas demandas turcas, EEUU no ha tomado pasos para investigar el fallido golpe y el líder de la organización vive en Pensilvania y no hay indicios de que esté siendo investigado. Además, desde el intento de golpe, la mayor parte de los ciudadanos turcos creen que EEUU tuvo que ver con el golpe y que incluso lo apoyaba activamente.

En lugar de proveer argumentos convincentes en contra de ese rumor, la misión americana en Turquía ha seguido aumentando la tensión con la personalidad de un polémico embajador que está a punto de irse y su gestión será recordada como una de las más problemáticas en la historia de las relaciones entre EEUU y Turquía. El Embajador John Bass no hizo nada para aliviar los problemas y personalmente actuó como un catalizador en la mayoría de los casos con sus declaraciones polémicas.

Ahora mismo, y debido a que varios oficiales de la misión estadounidense fueron arrestados en Turquía por sus posibles nexos con FETO y el intento de golpe de Estado, la Embajada de EEUU está reaccionando exageradamente. Es difícil creer que el Gobierno de EEUU esté detrás de la decisión temporal de suspender la emisión de visados y lo más probable es que la misión en Turquía tomó una decisión tan irresponsable para negar su sospechosa participación en el intento de golpe. Pero esto es muy audaz y excede por mucho los poderes de una misión.

En los próximos días, el liderazgo político probablemente tendrá que intervenir y cambiar la decisión. Pero aún así, este será otro ejemplo más de las inconsistencias de la política exterior estadounidense.

*Miembro del departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de Estambul. 

 

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