EE. UU., un “despelote” que hay que arreglar

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Tratar de sanar un país polarizado y dividido, además de muy golpeado por la pandemia, son los desafíos más urgentes que deberá enfrentar el inquilino de la Casa Blanca los próximos cuatro años. Panorama de una nación que perdió el rumbo.

Estados Unidos se volcó a las urnas en esta jornada electoral. Se calcula que más de 150 millones de personas (un récord) votaron por el presidente Donald Trump o el candidato demócrata Joe Biden, en unas elecciones marcadas por la división, la crisis económica y los graves efectos de la pandemia de coronavirus.

Según datos de US Election Project, cerca de 100 millones de estadounidenses optaron por ir a las urnas por adelantado, lo que supone un 72,3 % del total de la gente que votó en 2016. De ellos, 35,7 millones lo hicieron en persona y más de 64 millones lo hicieron por correo, un dato que es definitivo para determinar al ganador de la contienda presidencial.

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Mientras que los votos en los recintos electorales son anunciados minutos después de que cierren las urnas, los que llegan por el servicio postal, no. En algunos estados claves como Pensilvania o Michigan pueden empezar a contarlos hasta el mismo día de las elecciones, lo que promete retrasar el anuncio de los resultados. ¿Qué país recibirá el ganador de la contienda electoral?

Rafael Piñeros, profesor de la Universidad Externado de Colombia, admite que “cuando los estados están divididos se debilita el país y entonces la democracia puede ser vulnerable. Uno de los principales peligros a futuro no es la retaliación política, sino la emulación política, es decir, que la pugnacidad ideológica continuará en muchos estados los próximos años”.

Adam Isacson, analista de Wola, una influyente organización en Washington que promueve los derechos humanos en América Latina, explica que el país está hecho un “despelote”. “Lo más importante es enfrentar la crisis sanitaria por la pandemia, ya viene el invierno y no hay ni infraestructuras ni pruebas suficientes para enfrentar el problema, la economía está en depresión, las desigualdades económicas son las más grandes en el último siglo, la desigualdad ahora se compara con la de varios países latinoamericanos, el racismo, la división, la polarización… El gobierno deberá apagar fuegos por todos lados”, agrega.

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Si bien el presidente Donald Trump no empezó ninguna guerra, sí llevó a Estados Unidos al filo del precipicio en varios frentes: política internacional, políticas sociales y democracia. Por eso el panorama de la nación más poderosa del planeta para los próximos años está llena de problemas por donde se le mire.

“Sea quien sea el presidente de EE. UU. tiene que bajar las tensiones dentro y fuera del país, y cortar con esa horrible tendencia de populismo político, que ha tenido efectos en todas partes del mundo; el gobierno no solo deberá mostrar un acercamiento no beligerante con sus propios socios, sino que deberá buscar nuevos caminos y dar un nuevo aire al desarrollo democrático incluyente. Estados Unidos deberá volver a trabajar con el resto del mundo, principalmente en el tema de la pandemia”, dice Ildiko Szegedy-Maszák, profesora investigadora de la Universidad Javeriana.

Piñeros agrega que “las relaciones transatlánticas están debilitadas, el presidente deberá recomponer las viejas alianzas con la OTAN, la Unión Europea y los líderes europeos para poder llegar a acuerdos en los próximos años. El fortalecimiento del G20 y el G7 son una prioridad, al igual que la reconstrucción social”.

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El Estados Unidos de hoy es un país profundamente dividido. Gimena Sánchez-Garzoli, quien ha investigado el tema del racismo en América durante más de 20 años, explica desde Washington que tratar de sanar un país polarizado y dividido políticamente será la tarea más urgente.

“Estos últimos seis meses ha habido protestas en todo el país y básicamente de dos maneras: una, contra la brutalidad policial y falta de justicia con la población afroamericana, y dos, manifestaciones en contra de las restricciones que se han impuesto por el coronavirus, mucha gente culpa a sus gobernantes, la mayoría demócratas, por poner estas restricciones que afectan su vida normal; el presidente deberá encontrar la manera de sanar estas divisiones y manejar el tema de personas armadas”, explica la experta.

Los desafíos también llegan a América Latina. Geoff Ramsey, director para Venezuela de The Washington Office on Latin America (Wola), asegura que un reto será responder a la cambiante crisis de Venezuela. “Quien gane tendrá que aceptar que la actual estrategia de ‘máxima presión’ no está funcionando y debería adoptar un nuevo plan de largo plazo. En lugar de generar falsas esperanzas sobre una solución mágica, Estados Unidos necesita apoyar esfuerzos para defender los reducidos espacios democráticos en el país y deberá ayudar a la oposición a ampliar su credibilidad y apoyo en varios sectores de la sociedad, incluido dentro del chavismo”.

La economía es quizás uno de los puntos más frágiles. “La recuperación económica de Estados Unidos es urgente y el panorama luce complejo. El presidente, sea quien sea, deberá subir los impuestos, se hace necesaria una reforma fiscal a partir de 2021”, comenta Piñeros.

“Estados Unidos está en un punto frágil. Estamos volviendo, desafortunadamente, a una era más temprana en nuestra democracia, una era menos marcada por la fuerza de nuestras instituciones”, afirma Rachel Kleinfeld, experta en democracia en el centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace.

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