El proyecto no podrá ser presentado más este año

El aborto seguirá siendo clandestino en Argentina

La decisión del Senado de archivar la ley que permitía la interrupción voluntaria del embarazo significa que estos procedimientos continuarán por fuera del sistema de salud. El Gobierno dijo que evaluará la posibilidad de despenalizarlo.

Tres mujeres a favor de la ley del aborto legal se lamentan ante la decisión del Senado. / AFP

A las 2.45 de la madrugada, después de 16 horas de exposición, la pantalla con el “poroteo” terminó sentenciando la Ley del Aborto seguro, legal y gratuito. Ganó el rechazo, un resultado cantado, en el medio de una gran polémica. La media sanción de la Cámara de Diputados y el debate que se generó en la sociedad no alcanzó para volcar la balanza a favor de la promulgación en el Senado. Por siete votos (38 a 31), el proyecto no prosperó. Y bajo un diluvio bíblico, que comenzó a la tarde, el grupo de los “Pro-Vida”, identificados con pañuelos celestes celebró sonoramente. Los abortistas, que coparon la Plaza de los Dos Congresos con el verde como color de referencia, terminaron decepcionados. Grupos extremistas del feminismo lanzaron mensajes violentos en las redes sociales bajo el hashtag #RompanTodo y hubo incidentes menores, en la desconcentración con ocho detenidos: siete hombres y una mujer, que se enfrentaron a la Policía. A pesar de todo, el paradigma cambió. El tema quedó instalado en la opinión pública. A tal punto que el Gobierno está evaluando modificar el Código Penal y eximir de prisión a las mujeres que practiquen el aborto clandestino.

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“Por lo que veo, doy por levantada la sesión”, dijo Gabriela Michetti, vicepresidenta de la Nación a cargo de la Presidencia del Senado. No apagó el micrófono y se escuchó, claramente, una expresión de felicidad. “¡Vamos todavía, vamos!”, disparó, creyendo que nadie la escucharía. La mandataria que secunda a Mauricio Macri se había declarado a favor del rechazo. Por la tarde, del mismo modo que se filtró su festejo en el final de la sesión, había insultado a Luis Naidenoff. “Es un pelotudo, que no rompa las pelotas”, bramó la vicepresidenta. El legislador de la UCR (Unión Cívica Radical), que pertenece al mismo partido que Michetti, le había cuestionado el manejo discrecional del tiempo para cada expositor. Naidenoff estaba a favor de la ley. La tensión que se generó con su compañera fue un claro ejemplo de la grieta que produjo el tema en los propios partidos políticos. Sí, aunque en otras cuestiones esenciales como la economía, la seguridad y la educación no se ponen de acuerdo, a favor o en contra de la despenalización hubo miradas coincidentes en diputados y senadores de distinto color político.

Hubo discursos que dieron vergüenza ajena. El peronista Rodolfo Urtubey aseguró, casi sin ruborizarse: “Hay algunos casos donde la violación no tiene esa visión clásica de la violencia sobre la mujer. A veces, la violación es un acto no voluntario con una persona que tiene inferioridad absoluta de poder frente al abusador. Por ejemplo, en el abuso intrafamiliar, donde no se puede hablar de violación, pero tampoco se puede hablar de consentimiento, sino de una subordinación, de una sujeción”. El bonaerense fue reprochado duramente.

Cristina del Carmen López Valderde, senadora peronista de San Juan, afirmó que no votó a favor de la ley para la interrupción voluntaria del embarazo porque no pudo “leer con profundidad el proyecto”. La cuyana explicó: “No estoy dispuesta a ser tan ligera desde el punto de vista de la responsabilidad que me compete". ¿Acaso tenía algo más importante qué hacer ante semejante decisión?, se preguntaban varios de los argentinos pendientes de la jornada.

Otro de los exponentes que generó escozor fue Alfredo De Angeli, senador de Cambiemos. “Cuando uno se entera de que una mujer está embarazada, se va con alegría a visitarla. Se le regala una planta para que esa planta vaya creciendo y ella vea la imagen de su hijo. Esas son las cosas que no podemos perdernosotros. Creo en las dos vidas. Voy a votar en contra de esta ley”, argumentó. La Iglesia jugó un partido fuerte.

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En el medio de palabras y palabras que se escucharon en la Cámara Alta, el presidente Mauricio Macri se expresó en Facebook. “No importa cuál sea el resultado, hoy ganó la democracia”, consignó el mandamás argentino, que no tomó partido pero permitió que se debatiera el tema, una deuda durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, quien llegó custodiada, se sentó en su banca y después de las doce de la noche votó a favor de la despenalización.

El proyecto que tuvo media sanción en Diputados proponía la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación y su atención en todas las instituciones públicas y privadas de salud, dentro del Programa Médico Obligatorio, como una prestación básica. Algunos senadores, con núcleo duro en Córdoba, pidieron cambios. Objeción de conciencia institucional y bajar el plazo a 12 semanas, pero no se llegó a discutir. Con la legislación actual, la inimputabilidad solo corre en el caso de una violación o riesgo de muerte de la mujer. El Gobierno podría incluir en la reforma del Código Penal la exención de prisión para la mujer que recurra al aborto. Pero no está de acuerdo con hacerse cargo de los costos.

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Macri habló de extremar los cuidados e impulsar una política de educación sexual. En tanto, el diputado Daniel Lipovetzki, de Cambiemos, pidió una consulta popular vinculante, prevista en la Constitución, para que la población defina por sí o no a la ley, que tuvo media sanción en la Cámara Baja. Sería el 11 de noviembre. Tal vez sea un atajo para evitar que el aborto sea una promesa de campaña para 2019 en un país que atraviesa tiempos duros en materia económica y política de seguridad y educativa.