En 2012 comenzó la guerra en la República Centroafricana

El conflicto del que nadie se acuerda

No ha terminado el primer mes del año y ya hay una gran crisis: más de cien centroafricanos muertos, 60.000 desplazados y millones de damnificados.

Los menores de edad han sido las víctimas más comunes del conflicto centroafricano / AFP

Los sobrevivientes de los últimos cinco años de guerra en la República Centroafricana hablan de una verdadera carnicería: matanzas, violaciones y abusos generalizados a los niños.

Un país roto por la guerra civil que comenzó en los años 90 y que se recrudeció con un golpe de Estado ocurrido en marzo de 2013, que llevó al exilio al presidente François Bozizé.

La religión es el pecado de este país africano que ve cómo cada cierto tiempo sus calles quedan tapizadas con cadáveres, testigos de cruentos choques entre la comunidad cristiana (55 %) y la musulmana (36 %). Los primeros días de 2018, la historia se repitió, aunque más salvaje, en la región de Paoua, que hasta ahora había gozado de una situación de seguridad ligeramente mejor a la de otras zonas del país.

Los exrebeldes musulmanes Séléka, dirigidos por el general Mahamat Bahar del MPC (Movimiento Patriótico para Centroáfrica), y combatientes de la milicia cristiana Antibalaka y del movimiento Revolución y Justicia (RJ) han reducido pueblos enteros a cenizas, han ordenado ejecuciones, secuestros y ataques indiscriminados.

De acuerdo con organizaciones humanitarias, los muertos se cuentan por cientos, 60.000 personas huyen hacia los países vecinos y millones necesitan ayuda humanitaria urgente. “La de la República Centroafricana es una de las tragedias humanitarias más olvidadas del mundo”, resaltó el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, desde Bangui, donde realiza una visita de trabajo.

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La República Centroafricana vive sumida en una espiral de violencia desde diciembre de 2013, pero las cifras de desplazamiento son ahora más altas que nunca, con más de 630.000 desplazados internos y unos 545.000 refugiados. La situación es tan grave que organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras (MSF) han tenido que abandonar la zona. La República Centroafricana registra el número más alto de incidentes contra trabajadores humanitarios y de sanidad.

“Muchos (supervivientes) nos hablan de tiroteos perpetrados por personas a caballo contra cualquiera que se mueva, de muertos y heridos que quedaron atrás en el bosque”, explica Gwenola François, responsable de MSF en la zona.

La historia se repite

Asesinatos, violaciones, saqueos, mutilaciones y todo tipo de abusos y violencia son los crímenes cometidos por los sucesivos gobiernos de la República Centroafricana entre los años 2013 y 2015, según denunció Naciones Unidas en un informe publicado en mayo de 2017, en el que documentó 620 casos recopilados por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y la misión de la ONU en el país.

De acuerdo a lo difundido por funcionarios de Paoua, las cifras de 2018 ascienden ya a algo más de un centenar de muertos. “Desde el 2 de enero, integrantes de Séléka ocupan las localidades de Bétoko, Bédaya, Bémal, Bébora y Gadoulou”, explicó a Efe Lucien Mbaïgotto, diputado de la primera circunscripción de la ciudad de Paoua.

Dado el impacto para los civiles y los graves daños materiales, las fuentes califican de alarmante la situación humanitaria en la región de Ouham-Pendé, donde se encuentra Paoua. De acuerdo con el Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur), en los últimos días se ha registrado el “mayor movimiento de refugiados, que excede el número total registrado en 2017”.

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Peter Maurer, de la Cruz Roja, afirmó que “las necesidades humanitarias son enormes y la crisis no cuenta con la financiación suficiente, de tal forma que la Cruz Roja y otras organizaciones están sobrecargadas asegurando que los afectados tengan acceso a servicios básicos”.

Según el organismo, la población no sólo necesita agua, comida o refugio, sino también sentir seguridad en medio de un entorno inestable y en el que la violencia sexual aumenta de manera “desenfrenada”.

Los niños y las mujeres llevan la peor parte, pues son víctimas de las milicias y de soldados internacionales. Organizaciones humanitarias han documentado varios casos de abusos.

Las acusaciones salpicaban a soldados de la operación Sangaris, que fue lanzada en diciembre de 2013 para poner fin a los enfrentamientos entre milicias cristianas y musulmanas. En la operación, avalada por la ONU, participan 2.000 soldados franceses.

Pero la fiscalía de París archivó el caso diciendo que “las incoherencias materiales y los cambios en los testimonios no permitían establecer hechos sustanciados”.

La República Centroafricana es el peor país para ser niño: los reclutan a partir de los siete años y el 55 % de las niñas de entre 15 y 19 años están casadas. Informes de Amnistía Internacional hablan incluso de canibalismo.